La apuesta arriesgada del conde Capítulo 7 #3
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Capítulo 7 #3

Becca era consciente de que estaba huyendo como una cobarde, pero el beso le había robado la capacidad de pensar con claridad, y sentía la urgente necesidad de recuperarla.

—Iré primero. Después debatiremos el resto de pasos a seguir.

No esperó respuesta. Se marchó con una velocidad vergonzosa, pero no le importó.

Necesitaba un trago.

Patrick la observó irse con un esbozo de sonrisa tensándole el rostro.

Le había gustado. Ella no lo admitiría, pero él se había dado cuenta.

Podría considerar, sin duda, una victoria. Con paciencia, podría llegar a persuadirla de que un matrimonio entre ambos sería un acuerdo beneficioso en muchos sentidos.

Patrick se imaginaba resolviendo gran parte de sus problemas casándose con ella, y no solo en el aspecto económico, sino en muchos otros.

Desde hacía un tiempo, se sentía… vacío.

Los meses después de dejar el juego fueron difíciles.

Adaptarse, pagar deudas, centrarse en las responsabilidades lo había mantenido ocupado.

Pero una vez se acostumbró, la vida se volvió…

aburrida. Se dio cuenta de que no tenía verdaderos amigos con los que conversar, personas en que confiar.

Pasaba varias noches en su apartamento de Albany viendo el techo, y preguntándose si así era simplemente la vida o podía haber algo más.

Pero Becca… ella era una chispa que encendía su ingenio, lo obligaba a pensar, a replicar.

Se divertía con ella. Consideraba que podrían pasar buenos momentos juntos…

Si tan solo se dejara conquistar.

«Ten paciencia», se dijo a sí mismo.

Todo lo bueno se conseguía con paciencia.

—Estás sonriendo como un idiota.

La voz que lo sacó de su ensoñación estaba a sus espaldas, y Patrick ni siquiera tuvo que girarse para reconocerla.

—¿Qué hace aquí? —preguntó, fastidiado.

El duque de Gritsmore esbozó la mueca más parecida que tenía a una sonrisa.

No llevaba disfraz, hubiese sido extraño que lo hiciese, pero su ropa negra lo ayudaba a camuflarse entre las sombras.

Antes de volverse a casar, el duque siempre vestía de negro.

Decían las lenguas inquisidoras que estaba en un luto eterno por su mujer muerta, pero Patrick empezaba a sospechar que solo le gustaba el color porque era consciente de que lo hacía aún más intimidante.

Como respuesta, apagó el cigarro que había estado fumando y lo tiró al suelo.

—He salido a fumar.

—¿Y desde cuando está cotilleando?

—No cotilleo. Tengo gente que lo hace por mí —respondió con inferencia—. Ustedes no estaban siendo discretos, ni pusieron mucho empeño en su escondite. Tienes suerte de que lady Rebecca lleve un buen disfraz.

Patrick no se sorprendió de que la hubiera reconocido. Para desgracia de todos, pocas cosas se le escapaban al duque. Le asombraba era que considerase el tema digno de una conversación con él.

—¿Me va a dar un sermón sobre buenas conductas y moral? —preguntó con sarcasmo.

Él lo miró como si hubiera dicho algo ridículo, cosa que probablemente era cierta. Gritsmore ni siquiera debía de saber qué significaban esas palabras.

—Te puedo dar un consejo de cómo conseguirla, si es lo que deseas.

—No, gracias. Dudo de la eficacia de sus planes.

—Puedes dudar de la moralidad de mis planes, pero nunca de su eficacia —dijo sin inmutarse—. Te aseguro que si hubiese decidido interrumpir su beso y hacer el papel de un aristócrata ofendido, ella sería tuya dentro de unos días.

Patrick apretó los labios. Gritsmore era la clase de hombre que tomaba lo que quería sin ni siquiera preguntar.

A veces, se cuestionaba si el duque no habría hecho lo mismo con su madre.

Si no la habría chantajeado de alguna manera, si no la habría presionado a quedarse con él.

Aunque Ivory no tenía un carácter manso, sentía gran debilidad por sus hijos, y haría lo que fuese para evitarles problemas.

Nunca se lo había preguntado porque tenía miedo de la respuesta, y se consolaba con la idea de que su progenitora no parecía infeliz a su lado, al contrario. Pero le era difícil asociar a ese hombre con un carácter tan impositivo como alguien que pudiera ser amado.

—Considero que tengo suficientes capacidades para que una dama acepte ser mi esposa, sin necesidad de forzar un matrimonio entre ambos —dijo con resquemor.

El duque sonrió, una sonrisa macabra, cruel.

—Sé que te gusta pensar que forcé a tu madre a estar conmigo, se te hace más creíble.

Pero me gustaría que intentases obligarla a hacer algo que no quiere y me contases cómo te va.

—Empezó a caminar hacia la entrada del salón—.

Tu madre siempre supo lo que quería, pero hay ciertas mujeres con las que es mejor actuar y después ver cómo lidias con su mal humor.

Me da la impresión de que esta es una de ellas. Buena suerte.

Se marchó tan repentinamente como llegó.

Patrick negó con la cabeza.

Él no tenía necesidad de llegar a esos extremos, y no lo haría. Si Becca lo rechazaba, lo aceptaría como un caballero. En la vida no se podía tener todo lo que se quisiese.

Pero mientras se desarrollaba todo, no perdería la esperanza de conseguirlo.