La apuesta arriesgada del conde Capítulo 4 #3
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Capítulo 4 #3

—Como dije, no hay personas completamente buenas. Todos tenemos una semilla egoísta, y me parece ridículo tener que aparentar siempre que no.

Patrick quiso sonreír, pero sentía que llevaba sonriendo como un idiota desde que habían empezado la conversación, y ni siquiera sabía por qué.

Quizás era esa excesiva sinceridad lo que le resultaba refrescante. Incluso su madre solía tener más tacto que esa mujer.

Y eso ya era decir mucho.

Quiso decir algo más, lo que fuera para seguir la conversación, cuando una sombra se plantó sobre ellos indicándole la presencia de extraños.

Helen había aparecido, y no estaba sola, sino que la acompañaba una señora regordeta y de mirada astuta: su madre.

—Señor Middleton —dijo la señora Morgan ignorando a Rebecca con deliberación—. Nos preguntábamos si no quería sentarse con nosotros. Ya va a comenzar el almuerzo.

—¿No han asignado puestos? —preguntó Becca fingiendo inocencia—. Porque, por ser un conde, tal vez esté usted cerca de mí y de mi familia, milord.

A Patrick nunca le había gustado estar en medio de conversaciones incómodas.

Sin embargo, supuso que tendría que acostumbrarse, puesto que era evidente que cuando ambas mujeres se juntaban se formaba una batalla campal, donde los pobres soldados que estuvieran alrededor tenían que tener cuidado de no morir.

—Creo que no, lady Rebecca. Ya le había prometido a la señorita Morgan que la acompañaría. Espero que no le importe que nuestro paseo termine aquí.

—Puedo perdonarlo siempre y cuando haya otros.

Sí, no era buena actriz. Su parpadeo era exagerado y su sonrisa seguía tensa. No obstante, sus réplicas eran tan buenas que era fácil pasar por alto esos detalles.

—Estaré encantado —respondió con cortesía, aunque sin demasiado entusiasmo.

Se felicitó a sí mismo diciendo que lo estaba haciendo muy bien.

Se despidió de Rebecca con un casto beso en la mano y le ofreció el brazo a la señorita Morgan, que lo tomó con una expresión de posesividad difícil de ignorar.

Apenas se alejaron lo suficiente para que Rebecca no las oyera, la señora Morgan comentó:

—Hay algunas damas difíciles de trato, ¿no cree milord?

—¿A qué se refiere? —preguntó con fingido desconcierto.

—A lady Rebecca, por supuesto —continuó la señora Morgan. Cada palabra contenía una buena dosis de veneno—. No es la más amigable de las hermanas Astor. Lamento que se haya visto en la obligación de tener que pasear con ella.

Patrick pensó que la capacidad que tenía Rebecca para deducir lo que pasaría era digna de una vidente.

—A mí me pareció una dama agradable.

El comentario tuvo el efecto deseado. Las damas guardaron silencio e intercambiaron una corta pero preocupante mirada.

—Es usted un caballero muy amable, lord Middleton.

Patrick no respondió porque sabía que ellas esperaban que lo hiciera. Dejaría que pensase lo que quisiese, aunque era consciente de que le esperaba un almuerzo muy largo.

Rebecca los observó alejarse con una satisfacción perversa recorriendo cada parte de su cuerpo.

Todo había ido mejor de lo que esperaba, y compartir un paseo con lord Middleton ni siquiera fue tan terrible como pensó.

Si no estuviera frente a tanta gente, estaría dando brinquitos de alegría.

—Tienes la cara que sueles poner cuando una travesura te sale bien. Algo extraño, considerando las circunstancias.

Becca se sobresaltó. Hattie estaba detrás de ella, pero no la había escuchado acercarse. La miraba con sospecha, y Becca sabía que tenía que actuar rápido porque su cuñada no era tonta.

—He hablado con lord Middleton un rato. Eso me ha puesto de buen humor.

—¿Y no te ha molestado que se haya ido con la señorita Morgan?

Su ceño se frunció aún más. La conocía lo suficiente para saber que su cerebro estaba intentando atar cabos, y que no tardaría en llegar a una conclusión.

—A él no le interesa ella. Solo ha aceptado acompañarlos por cortesía. ¿Por qué la cortejaría? Yo soy un mejor partido.

La arrogancia siempre había sido parte de la personalidad de Becca, por lo que Hattie relajó su expresión. La había convencido, al menos temporalmente. Con un poco de suerte, asumiría que Becca estaba feliz porque le estaba robando el interés romántico a Helen, lo cual era en gran parte verdad.

—¿Cómo ha estado el paseo? —preguntó su cuñada, recuperando parte de la emoción de esa mañana.

—Mejor de lo que esperaba.

No era mentira. Lord Middleton la había sorprendido gratamente.

Durante el tiempo que llevaba en sociedad, Becca había intentado varias veces entablar conversaciones interesantes con distintos caballeros, y no había recibido más que una mirada de extrañeza y un rápido cambio de tema.

Varias veces se preguntó si su desagrado se debía a que la consideraban muy tonta como para no entender de lo que estaba hablando, o si ellos mismos no tenían ninguna idea y les daba vergüenza parecer ignorantes, por lo que preferían hacerle sentir que ella era el problema.

Quizás sí lo era. Su rareza era algo que Becca había terminado aceptando.

—¿Hay esperanza de que todo salga bien? —preguntó Hattie con seriedad.

—Muchas, Hattie, muchas.