Capítulo 3 #2
De pronto, sus miradas se encontraron. Becca no la apartó. Quería dejarle claro que no la intimidaba, y cuando él alzó su copa vacía a modo de brindis, apretó los labios.
Estaba feliz por su causa y eso lo ponía de mal humor.
Él rompió el contacto y Becca deseó que fuera bien visto que ella también bebiera de una copa. No era que prestara atención a las normas sociales, pero como Hattie la atrapara bebiendo, no habría quien la librara de un sermón toda la noche, pues, si algo tenía Hattie, era el don de no callarse.
Consideraba si valía o no la pena el riesgo cuando el destino tomó la decisión por ella.
—¿No deberías estar bailando?
La voz de su cuñada la sobresaltó. A veces, tenía por costumbre aparecer tras de ella como una aparición. Y desde que Rosemary se había casado, Becca era el único centro de atención.
—No le prometí este baile a nadie —se justificó—. Tampoco nadie me lo pidió.
No era del todo cierto. Becca se había asegurado de estar escondida durante el principio de la fiesta, procurando que los caballeros que la localizaran no fueran demasiados. No solo porque no le gustaba tratar con gente, sino porque la danza no era su don más afianzado.
—No te he visto bailar hoy —la acusó—. De hecho, llevo mucho rato buscándote.
—El calor me sofocó. Estaba en el tocador refrescándome un poco.
Hattie la miró con recelo. La conocía lo suficiente para saber que le mentía, pero era demasiado buena persona para reprochárselo. Prefería intentar entenderla y buscar la manera de encaminarla hacia lo que ella creía el mejor destino para una mujer: el matrimonio.
—¿No hay ningún caballero que te llame la atención?
Su voz estaba llena de esperanza y Becca a veces se sentía mal por decepcionarla. No era que repudiara el matrimonio. Sabía que el amor existía, y que había personas que podían ser muy felices en pareja, como su cuñada, pero no sentía que ella pudiera ser de esas.
Principalmente porque no era la mujer que los caballeros buscaban.
Su hermana Rosemary era linda, atenta, social y fue bendecida con todos los dones que un caballero apreciaría.
Ella era más tosca, sincera, y la obediencia no era su mejor virtud. Era consciente de que no eran atributos que los caballeros apreciasen, pero tenía la firme convicción de no fingir para encajar.
¿Para qué? Fingir algo que no se era resultaba desgastante y Becca no creía que valiese la pena.
El problema era que no todos lo entendían.
Observó a Hattie, buscando la manera de decírselo sin que sonase egoísta.
De pronto, se le ocurrió que no tenía que hacerlo. Si lord Middleton la iba a cortejar, podría funcionar para apaciguar a Hattie un tiempo, y, como al final no sucedería nada, podía alegar que tenía el corazón roto.
Becca sonrió, esperando que la curvatura de sus labios pareciera de emoción y no de malicia.
—Bueno… —guardó silencio unos minutos para aportarle dramatismo al momento. Funcionó. Tenía toda la atención de Hattie—, es posible que lord Middleton haya llamado un poco mi atención.
No era una mentira, vaya que había llamado su atención, aunque no de buena manera. Buscó con la mirada al caballero, pero no lo ubicó. Debía estar preparándose para su baile con Helen.
Necesitaba conversar con él sobre la manera en que procederían, pero era muy arriesgado un encuentro a solas. Tendría que mandarle una nota.
Hattie compuso una expresión pensativa.
—No sé si a tu hermano le agrade —dijo, pero luego hizo un gesto de desenfado con la mano—. Pero es un problema que resolveremos después.
Hattie parecía tan entusiasmada que Becca se sintió mal por ilusionarla en vano. Entendía a su cuñada, por supuesto que sí, solo le gustaría que ella también entendiese a Becca.
—Podemos acercarnos para que te invite a bailar.
—Quizás en otra oportunidad.
Becca no se sentía con los ánimos de volver a tratar ese día con lord Middleton, así que bajó la mirada, esperando dar la impresión de timidez.
—Creo que ya tiene las piezas comprometidas.
Al menos la última la tenía comprometida.
La vida le tuvo un poco de piedad y en ese momento vieron a lord Middleton sacar a bailar a una joven cuyo nombre no recordaba, lo que pareció convencer a Hattie de no insistir, al menos por ese día.
—Tal vez para la fiesta del sábado…
—Es probable.
Para ese día, deberían empezar a poner en marcha su plan.
—Hattie, ¿no es tu prima? La saludé hace rato, preguntó por ti.
El comentario sirvió para distraer a su cuñada, quien ubicó con la mirada a la duquesa de Abercom y se dispuso a ir a saludar.
Eso le permitió a Becca volver a esconderse con tranquilidad.
Mientras volvía a considerar si tomar o no una copa, otra voz llegó a interrumpir su paz. Una voz muy odiosa.
—¿Te sientes sola sin tu hermana?
Helen.
Becca hizo amago de toda su fuerza de voluntad para no hacer una mueca.
La enemistad que tenía con Helen se remontaba hacía unos cinco años. Habían ido juntas a la misma escuela de señoritas y, desde entonces, no la toleraba.
En general, a Becca le desagradaban muchas jóvenes de clase alta, esas que creían tener el mundo en sus manos por poseer cierta belleza o estatus, pero si le preguntaban por una cuenta simple, no lograban reunir el cerebro para sacarla.
No obstante, no odiaba a ninguna. Era consciente de que así las habían educado, porque así era que el mundo las necesitaba.
Helen, sin embargo, era un caso aparte. Porque no solo era tonta e insoportable, era mala.
Becca podía verlo en su mirada, en su forma actual. Y supo, desde el inicio, que no podía dejar que la pisoteara, aunque eso significase ponerse a su mismo nivel.
—Me gusta la soledad —respondió Becca sin mirarla—, ¿y tú? ¿Ningún caballero quiere invitarte a bailar?
La miró de reojo solo para observar su sonrisa temblar. Debió haber sabido que irse a hablar con Becca era arriesgarse a que le devolvieran sus comentarios crueles.
Pero la gemela sabía cuál había sido su motivación principal.
—Lord Middleton me ha prometido la última pieza —se pavoneó.
Becca no necesitaba ver su cara para saber que estaba sonriendo con orgullo.
Las ganas de borrarle esa sonrisa diciéndole la verdad se impusieron como un mal consejero, pero la promesa de una venganza más satisfactoria le devolvió la razón.
—¿Alguien se ha olvidado de notificarle que no tienes un penique que ofrecer? —se burló.
Helen apretó los labios.
—Lo sabe y me acepta.
—Me parece que no deberías ilusionarte mucho al respecto.
Helen quería sacarle los ojos y Rebecca disfrutó de su coraje. Había personas a las que no les gustaba recibir lo que daban.
—¿Cómo está tu hermana? —preguntó con malicia.
Si esperaba que eso la alterara, se iba a quedar deseándolo. Helen sabía que era la mejor arma que tenía contra Rebecca, por ende, esta estaba preparada para que la usara.
—Te manda sus agradecimientos. Parece que ella y tu primo congeniaron bastante bien.
No era la respuesta que Helen esperaba y eso le causó una pequeña satisfacción. Debía ser triste, supuso, hacer tantos esfuerzos por arruinarle la vida a alguien, pagar las consecuencias y saber que ni siquiera había funcionado.
—Si me disculpas, lord Middleton me debe estar buscando.
—Disfruta de tu baile, Helen.
«Mientras dure la ilusión», pensó con malicia.
Y nunca se había sentido tan ansiosa porque se llevara a cabo una venganza.