La apuesta arriesgada del conde Capítulo 2 #3
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Capítulo 2 #3

Sí, y Rebecca también entendía que él había perdido el juicio si le estaba proponiendo lo que sus palabras habían dado a entender.

—¿Me está pidiendo que lo deje cortejarme?

A Patrick le agradaba que fuera una joven lista.

—Sería beneficioso para ambos.

—Considerando que su otra opción es comprometerse con Helen, no creo que esté en posición de negociar.

Rebecca se estaba exasperando. Tenía que regresar pronto al salón si no quería meterse en problemas, pero el caballero parecía empeñado en complicarle la existencia.

«A lo mejor quiere que nos descubran», pensó, en alerta. Había muchos hombres que se valían de esa táctica cuando necesitaban la dote de una dama.

—Se equivoca, lady Rebecca, siempre puedo fingir ser ese pretendiente de las cartas, y un día decirle que, simplemente, cambié de opinión.

Sufrirá, sí, pero después de que se lo afirme, no va a creer que hubo ninguna intervención de su parte, por lo que creo que la venganza le causaría menos satisfacción.

Ella quería sacarle los ojos. Lo vio en la forma en que se inclinó hacia él y apretó los puños.

Patrick mantuvo la compostura. Sabía que no estaba actuando bien, pero no creía que la joven que tenía delante tuviera la moral para reprocharle que se aprovechara de una situación y la volteara a su favor.

Había hablado con ella solo diez minutos, y apostaría su alma a que ella haría lo mismo.

—¿Qué pasó con el cargo de conciencia que sentía por romperle el corazón? ¿O el temor al qué dirán? ¿Ha quedado opacado en pro de fastidiarme el plan?

—En pro de un bien mayor —corrigió él.

Ella puso los ojos en blanco. Era un gesto que se hubiera visto desagradable en otra dama, pero en ella resultaba extrañamente tierno, quizás porque concordaba con su carácter huraño.

Patrick esperaba poder cortejarla. Quizás a algunos les parecería una insensatez, pero él creía que podría ser una esposa entretenida.

Nunca se había adaptado bien a la monotonía, y aunque podría soportar casarse con una dama bien educada y sumisa, no sería tan divertida como alguien que lo retase moderadamente.

Su plan inicial era intentar que se diera y, si no podía con su fiel determinación a no casarse, esperaba que el plan sirviera para atraer a otras damas.

Lo más importante era conseguir cierta estabilidad. Ya había vivido muchos años en incertidumbre.

—Piénselo —continuó al ver que ella no hablaba—, para la señorita Morgan puede que resulte más horrible creer que le robó al pretendiente a que usted planeó todo desde el principio. Sería una venganza incluso… simbólica, ¿no lo cree?

Eso logró captar la atención de Becca. No podía negar que tenía un punto. Ella había arruinado a Rosemary para quedarse con su pretendiente, sería una venganza interesante que Becca le robara al hombre que, inicialmente, se había fijado en ella. Sería un buen plan, si no fuera por un detalle.

—Cuando nuestro compromiso no llegue a ningún lado, ella creerá que me dejó.

Y Becca se negaba sacrificar su orgullo de esa manera. Podía incluso imaginar su sonrisa de victoria.

—Puede decirle que usted me dejó.

—¿Y piensa que me creerá? —bufó.

—Es usted la hermana de un marqués, lady Rebecca. A lo mejor la señorita Morgan se diga para consolarse de que la abandoné, pero en el fondo, sabrá que usted podría dejarme si quisiera porque tiene más opciones que ella.

Becca cambió la forma en que lo estaba mirando. Podía ser un hombre inoportuno, pero no parecía tan idiota.

—Tiene una vena malvada, lord Middleton.

—¿Y eso le complace?

Ella respondió con una sonrisa.

—Acepto el trato, siempre y cuando se encargue de correr el rumor de que fui yo quien no continuó con el cortejo.

Él negó con la cabeza.

—Admitirlo arruinaría mi beneficio de lograr que las damas se interesen en mí.

Sin embargo, puedo confesarle personalmente a ella que usted no deseó continuar con el cortejo, y si ella no me cree, siempre podremos decirle la verdad.

La vergüenza le impedirá divulgarla, y para los demás, puede ser una opción o la otra.

Tendrán material de chisme por lo que queda de la temporada. ¿Tenemos un trato, lady Rebecca?

Él extendió la mano y Rebecca la observó.

Estaba a punto de involucrarse en una empresa arriesgada.

Dejar que lord Middleton la cortejara implicaría despertar las ilusiones de Hattie, y los recelos de su hermano.

No podía decirles la verdad porque tenía que revelar los términos de su acuerdo, por ende, debía buscar una manera de lidiar con ellos.

Sin embargo, la perspectiva de conseguir su venganza de la manera en que él le proponía la atraía demasiado.

Helen aprendería el significado de perder algo que quería, como le pasó a Rosemary.

Colocó la mano sobre la de él y dejó que le diera un casto beso.

Había algo en su mirada calculadora que le daba desconfianza, pero decidió hacer caso omiso de ello. Lo único que debía hacer era no fiarse por completo de él. Si conseguía estar alerta, todo podía salir muy bien.

O esperaba.