La ambición de Lucifer 50. El derrumbe
94%

50. El derrumbe

La voz de Corbos surgió nuevamente a través de Hermes.

—¿Con quién hablo?

—Soy Alex Puentes, director técnico de la central de Trillo. Me pidieron que estuviera atento a su llamada.

—Señor Puentes, necesito hablar con la persona que lo ha puesto ahí. Es urgente.

—No se encuentra aquí en este momento. Deme un minuto; iremos a por él.

El director pidió a uno de sus ayudantes que fuese a buscar a Germán.

—¿Están todos bien?

—No todos, mi general. Esa gente asesinó a cinco personas aquí.

—Lo lamento. Pagarán por ello, se lo aseguro.

En ese momento llegó a toda prisa Germán, acompañado por el operario.

—Isabel, dígame que tiene buenas noticias, por favor…

—Las tengo, García: el ataque ha sido cancelado hace unos minutos. ¡Lo han conseguido!

Germán trataba de contener su alegría al saber que habían alcanzado el objetivo, aunque aún quedaba mucho por hacer.

—¿Cómo están las cosas ahí? —añadió Corbos.

—No se lo va a creer. Parece que se han marchado. Villalobos y su equipo están peinando la zona para asegurarse. Todo indica que ya no están. Sufrieron muchas bajas; los tiradores hicieron un gran trabajo evitando que se acercaran al edificio, pero tenemos heridos, uno de ellos bastante grave.

—Tienen que regresar sin demora. Vayan a la base de Zaragoza; tardarán poco más de media hora en llegar. Allí estará todo preparado para atenderlos. Reposten y continúen hacia Rioseta. Informe al capitán de que un equipo de seguridad de la brIPAC se dirige a la central para relevarlos.

—Me encargo, general.

—Una cosa más, señor García…

—Dígame.

—Gracias.

—No me las dé a mí. Nos vemos en la base, Isabel. Corto.

La general no se había permitido un respiro para saborear el momento. El peligro estaba en un punto crítico y no iba a perder el tiempo.

—Ruiz, avise al mando operativo. Que acudan a la sala ahora mismo.

—Enseguida, mi general.

Corbos tomó su carpeta, se levantó casi de un salto y salió a toda prisa del despacho.

Recorrió el pasillo elevado que rodeaba la sala operativa.

Ni siquiera miró hacia los grandes monitores de la pared frontal, apagados durante muchos días por la interrupción de las comunicaciones, y que ahora habían vuelto a la vida, mostrando información constante.

Los teléfonos no dejaban de sonar en aquella gran sala de control. La actividad de los operarios era frenética: nervios, angustia, pero también esperanza.

Todos llegaron casi al unísono a la sala. Tomaron asiento y la general ya comenzaba a hablar enérgicamente nada más entrar por la puerta.

—Señores, esto no ha terminado. No podemos perder ni un minuto; ¡tenemos que entrar en Madrid ya!

—Lo haremos, mi general. Intentarán huir como ratas.

—Tengo serias dudas sobre eso, coronel Ortega.

—¿A qué dudas se refiere, mi general?

—Todo lo que está sucediendo tiene zonas oscuras que no me terminan de encajar. Ya habrá tiempo para analizarlo. Lo que debemos tener claro es que la prioridad ahora es localizar las bombas y garantizar en todo lo posible la seguridad de los civiles. ¿Qué opciones tenemos para actuar?

—Quiero suponer que las fuerzas desplegadas por el enemigo no serán tan estúpidas como para hacer estallar esas bombas estando aún dentro de Madrid. Esto nos debería dar un margen de maniobra que…

En ese instante, la voz de la asistente de Corbos sonó a través del interfono de la mesa, interrumpiendo las explicaciones del coronel.

—Carmen, ¿qué pasa?

—Mi general. Tiene una llamada urgente del teniente coronel Lambert. Se la paso.

Corbos hizo un gesto a Ortega, disculpándose, pero esa llamada podría ser por algo trascendente y no podía esperar.

—François, ¿qué tienes para mí?

—Novedades importantes. Interpol, en coordinación con el FBI, ha lanzado un operativo internacional. Se están realizando redadas simultáneas en Washington y en varios países europeos; también aquí, en Bruselas.

—¿Han sacado ya algo en claro?

—De momento hay cargos políticos, militares y financieros detenidos que están siendo interrogados, pero tomará tiempo sacar conclusiones. La trama parece que es mucho más amplia y compleja de lo que imaginábamos. He querido avanzarte esto, pero habrá más. En cuanto sepa, vuelvo a llamarte.

—Gracias por la información. Estamos en contacto.

Al finalizar aquella inesperada llamada, la general había dejado su mirada fija en la pantalla, meditando en silencio durante unos tensos segundos, consciente de que estaban llegando a un momento decisivo en el que no había espacio para el error.

Todos los presentes la observaban, aguardando su reacción, que llegó de forma inmediata.

—Coronel Ortega, que la brIPAC entre por el norte.

Quiero la Castellana asegurada y la zona de Nuevos Ministerios liberada cuanto antes.

Que los GEO, con apoyo de infantería ligera, peinen todo Madrid de este a oeste.

Vamos a por ellos y quiero que lo sepan.

Trataremos de forzarles a cometer un error.