24. La incorporación
Todo el mando operativo de Rioseta estaba ya reunido en la sala cuando Germán llegó a la entrada. El murmullo cesó en el instante en que apareció por la puerta.
—Señor García, por favor, pase. Le estábamos esperando con impaciencia.
—Disculpen estos minutos de retraso. He sufrido una pequeña confusión con los pasillos y he acabado en las cocinas.
—No se preocupe. Todos hemos pasado por algo similar. Al final, uno se acostumbra.
—Eso espero, general. Es la primera vez que me alojo en un túnel —replicó con sorna.
—Aquí tiene a nuestro equipo. Le haré una presentación breve…
El capitán Ruiz es mi asistente operativo, ya lo conoce.
De derecha a izquierda, tiene a Carmen, mi asistente personal; al coronel Ortega, jefe de Operaciones; a su lado, el jefe de Inteligencia, el coronel Valverde; el comandante Rodríguez, jefe de Comunicaciones; y, finalmente, el capitán Ibáñez, jefe de Armamento y Logística.
—Como ve, aquí todos somos jefes de algo. Usted va a serlo a partir de ahora de Ciberseguridad y Sistemas. ¿Qué le parece?
Germán respondió con una sonrisa irónica.
—Me parece un sueño cumplido, Isabel…
Los asistentes se tomaron con humor el comentario y respondieron cordialmente, dándole la mano al nuevo miembro del equipo.
—Bueno, ahora que ya nos conocemos todos, es el momento de ponerles al corriente de las últimas informaciones que nos han llegado de inteligencia. Coronel Valverde, proceda, por favor.
El jefe de inteligencia abrió su carpeta, sacó un pequeño guion escrito a mano y se dispuso a presentar en pantalla la información al resto del equipo.
—La reciente conexión con el mando central de Bruselas nos ha permitido contrastar datos y confirmar la información recabada, principalmente la obtenida esta misma mañana. Seré lo más concreto posible…
—Tenemos datos que indican el origen de la bomba que estalló en las cercanías de Trillo. Pertenece a un lote sustraído en un robo no confirmado oficialmente en unas instalaciones de Corea del Norte.
—¿Un lote, ha dicho?
—Afirmativo, señor García. Sería un total de cinco unidades tácticas robadas en la base militar de Sinpung-dong, en la provincia de Pyongyang del Norte, a unos 27 kilómetros de la frontera con China.
—¿Corea del Norte? ¿Cómo han podido trasladar eso desde allí hasta nuestro país? No puedo creer que nadie lo haya detectado.
—Esas bombas habrían sido trasladadas en contenedores preparados para no ser detectados en los controles aduaneros.
Se cree que entraron en España a través del puerto de Algeciras y, desde allí, fueron transportadas hasta algún lugar desconocido.
Lograron llevarlas hasta las inmediaciones de Trillo, donde una de ellas fue detonada, por lo que aún quedarían otras cuatro, cuya ubicación actual sería Madrid, si nos atenemos a la amenaza del enemigo.
Lo que está claro es que esas unidades existen.
—¿Estamos hablando de bombas de fisión?
—Sí, no son de hidrógeno, afortunadamente, por lo que todas ellas serían de una potencia media-baja, de unos veinte kilotones.
Aun así, cada una de ellas es capaz de destruir buena parte de una ciudad mediana y causar un número terrible de víctimas.
No quiero imaginar lo que pueden hacer cuatro de ellas explotando en la capital y sus alrededores.
Un murmullo de preocupación se escuchó entre los asistentes ante ese escenario.
—No nos entretengamos en las posibles consecuencias, caballeros —intervino la general—, ya sabemos cuáles son. Concentrémonos en la información para poder debatir después qué hacer. Por favor, coronel, continúe.
—Con relación a los efectivos que podrían estar actuando en nuestro país, no tenemos datos precisos todavía, aunque la información aportada por los servicios de inteligencia estima un número considerable, con una alta preparación y muy bien equipados.
—¿Qué tipo de efectivos? ¿De dónde han salido?
—Los analistas creen que se trataría de mercenarios a sueldo captados en grupos militares privados o en asociaciones paramilitares.
El enemigo estaría atrayendo a cada vez más adeptos, y no todos por dinero; también los habría por su ideología extremista o simplemente por el placer de participar en esta locura.
—Señor García, ¿qué opina sobre esto? Me gustaría conocer su valoración.
Germán dudó unos instantes antes de responder.
—Si le soy sincero, creo que debe tratarse de algo incluso más complejo de lo que había imaginado hasta ahora.
—¿A qué se refiere?
—Movilizar a semejante contingente requiere una enorme capacidad financiera y de organización.
Más allá de eso, la única forma que se me ocurre para que eso sea posible necesitaría, además, de unos canales de información y de influencia extraordinarios.
En términos económicos, estaríamos hablando de miles de millones de euros que tendrían que obtenerse en poco tiempo y canalizarse sin llamar la atención.
—¿Cree que una IA podría conseguir algo así?
—Que yo sepa, no existe inteligencia artificial capaz de hacer eso, al menos sin levantar sospechas en algún momento.
Aunque debo añadir que los límites tecnológicos que creía conocer hasta hace unos días se han superado varias veces desde que empezó todo esto.
¿Se han investigado los movimientos recientes de los mercados de criptomonedas?
El coronel Valverde esperó de Corbos su aprobación para responder a la pregunta de Germán.
La general asintió con la cabeza, como si ya hubiese estado esperando esa pregunta.
—Efectivamente, señor García. Hemos hecho un análisis exhaustivo de los movimientos en los mercados durante los últimos meses y hemos detectado un evidente periodo de fuerte especulación que podría estar relacionado con las tácticas de nuestro enemigo para obtener fondos,
aunque no podemos confirmarlo con certeza.
—En todo caso, sería necesario algo más. Tiene que haber gente muy importante involucrada en esto. No es posible que algo así haya pasado inadvertido durante tanto tiempo, a menos que exista gente muy importante infiltrada que se encargue de ocultarlo.
La general Corbos prestaba atención a los comentarios de Germán y se incorporó levemente para responderle.
—Estamos completamente seguros de ello, García.
Ya estamos haciendo nuestras investigaciones al respecto.
No solo pensamos que hay muchas personas involucradas, también estamos seguros de que ocupan posiciones de muy alto nivel, tanto en instituciones europeas como en las de otros países que siempre hemos considerado amigos y aliados.
Coronel Valverde, ¿qué más dicen esos informes?
—Nuestros satélites han confirmado movimientos continuados en los alrededores de la central de Trillo.
—¿Movimientos enemigos quiere decir?
—Con toda seguridad, mi general. La localidad de Trillo no presenta ninguna actividad; pensamos que los habitantes abandonaron el lugar después de la explosión o fueron capturados.
Por otro lado, hemos detectado vehículos de transporte en la zona y descargas de material en las últimas horas.
Inteligencia cree que están construyendo allí algún tipo de base o infraestructura.
Germán torció el gesto al escuchar esa información. Empezaba a imaginar lo que podría significar.
—Coronel, ¿podría ampliar esa fotografía de satélite que tiene en pantalla? Céntrela en la zona del helipuerto, por favor.
Al examinar la imagen con mayor detalle, pudo comprobar que se trataba probablemente del mismo helicóptero que vio trasladando un enorme contenedor el día que fue detenido cerca de Torija.
—Creo poder confirmar la información, coronel. Efectivamente, están construyendo una infraestructura allí, y también creo saber de qué se puede tratar.
—Continúe, por favor.
—Isabel, usted me habló de las conclusiones a las que había llegado tras recibir el informe de la INTCEN y de su certeza de que estábamos ante un enemigo no humano; una IA muy avanzada y probablemente fuera de control, actuando según sus propios planes estratégicos.
—Efectivamente, creo no tener ya dudas sobre ello.
—Pues debo decirles que estamos posiblemente ante la confirmación de todo eso, y que la imagen que pueden ver en la pantalla indica que Lucifer está preparando un salto definitivo en sus planes.
—¿A qué se refiere?
—Para que me entiendan, lo que creo que están instalando allí es su cerebro físico: un enorme sistema de computación neuronal que utilizará la planta nuclear para alimentarse y al que no podremos atacar sin afrontar un enorme riesgo.
Cuando ese sistema esté plenamente activo, podrá controlar prácticamente todo, no solo en España; tendrá acceso a todos los sistemas de seguridad globales.
Nos tendrá atrapados.
Tras escuchar las palabras de Germán, la mente estratega de Corbos se desplazó a otro escenario. Empezaba a entender el riesgo que eso suponía y no quiso callarlo en esa sala.
—Caballeros, no quiero que tomen lo que les voy a decir como una paranoia; ya saben que no soy de ese tipo de personas y lo que afirmo suele tener una base sólida.
Como ya les había indicado con anterioridad, creo evidente que hay gente muy poderosa involucrada en esta conspiración.
Si mis temores son ciertos y quienes están detrás de Lucifer son los que me imagino, deben saber ya lo mismo que sabemos nosotros, probablemente más.
Corbos hizo una breve pausa, antes de dirigir una mirada de preocupación hacia Germán.
—Si eso es así, tenemos que esperar la peor de las reacciones posibles por su parte para resolver una situación que les compromete gravemente —sentenció.
Los presentes en la sala se miraban entre sí, imaginando por dónde iban las palabras de la general, hasta que el capitán Ibáñez se atrevió a formular la pregunta que todos deseaban hacer:
—Mi general, ¿está insinuando que nuestros aliados decidirían destruir esa central como mal menor, incluso asumiendo el riesgo de sacrificar a millones de españoles?
—Los que querrían hacer eso no serían ni aliados ni amigos, capitán, sino unos corruptos asesinos —puntualizó Corbos—.
Esa basura moverá los hilos que sean necesarios para convencer a nuestros verdaderos aliados de que es la mejor solución.
Les meterán el miedo en el cuerpo, asegurando que, si no lo hacen, el desastre será global.
—Si eso es cierto, ¿cuánto tiempo cree que tenemos para encontrar la forma de evitarlo?
Corbos se dirigió a Germán y le cedió la palabra para que respondiera a Ortega.
—Verá, coronel, yo no soy analista militar ni tampoco político, soy un ingeniero de sistemas; pero, si estuviera en el lugar de los responsables de esto y fuese un despiadado cabrón sin escrúpulos, querría destruir cuanto antes cualquier prueba que pudiera comprometerme,
y no me importaría llevarme por delante a quien fuese.
Creo que Lucifer no tardará en tener lista su infraestructura.
Incluso es posible que en el contenedor que trasladaba el helicóptero que vi cerca de Torija viajara ya el propio sistema completamente listo para ser conectado y puesto en funcionamiento.
En cuyo caso, en estos momentos podríamos estar ante los últimos pasos del proceso.
—¿Quiere decir que podría empezar a actuar en cualquier momento?
—Lo que quiero decir es que puede que ya lo esté haciendo. Esto es algo que también deben saber las personas culpables de todo esto, y estoy seguro de que ya estarán trabajando en alguna barbaridad para tratar de evitarlo.
Corbos tomó la palabra.
—Tenemos que movernos en la hipótesis de que ese sistema ya está plenamente operativo.
Estoy convencida de que muy pronto comenzaremos a ver las primeras sugerencias sobre la necesidad de poner en marcha una solución final: la de que nuestros aliados se vean empujados a sacrificarnos para salvarse ellos.