La ambición de Lucifer 15. Scientia potentia est
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15. Scientia potentia est

El coronel Marcos había regresado a su despacho. Ordenó al soldado de la entrada que nadie lo molestara durante las siguientes dos horas. Cerró la puerta con llave, se sentó frente al dispositivo Hermes y, a continuación, inició el sistema.

En el centro de la pantalla apareció un emblema: un rombo dorado sobre fondo negro, con dos espadas toledanas cruzadas y un lema en la base:

«Scientia potentia est» —El conocimiento es poder—.

Debajo del conjunto se abría un espacio en blanco y una indicación: «Introduzca el código de seguridad Alfa».

El coronel escribió: Lima3NG y presionó suavemente con su dedo índice el lector óptico del teclado. Un sonido similar al de un módem resonó durante cinco segundos, antes de que una voz surgiera desde el otro lado:

—Aquí Control. Dígame Lima3NG, le escucho.

—Buenas noches, control. Conexión requerida con JEMIT. Prioridad uno.

—Buenas noches. Le paso.

Unos instantes después, una voz muy familiar para él surgió en el auricular:

—Javier. Esperaba tu llamada.

—No te iba a fallar.

—Nunca lo haces… He leído con atención tu informe, estoy muy interesada en la persona que tienes ahí y necesito que hablemos de ello.

—Contaba con ese interés. Te he llamado para eso. He estado cenando con él. Ahora sé más detalles que quería contarte. Me imagino que tú ya los habrás averiguado por tu cuenta, como haces siempre.

—Las mujeres somos curiosas por naturaleza y a mí no me gusta perder mi tiempo, ya lo sabes.

—Vaya que si lo sé… ¿Qué quieres hacer?

—Traerlo a Rioseta, ¿qué otra cosa voy a hacer? Es imperativo que esté con nosotros y vital para poder afrontar la situación que se nos viene encima.

—¿Tan determinante es?

—No sé qué habrá podido contarte en el interrogatorio; lo que puedo decirte es que he podido acceder a toda la información clasificada sobre él y te aseguro que es una de las pocas personas en este país con conocimientos suficientes para poder luchar contra lo que nos está atacando.

—Pues creo que va a poner algunos inconvenientes a esa cuestión, Isabel. Quiere marcharse mañana y seguir su camino hacia Barcelona, donde están su mujer e hijos.

—Eso no va a poder ser. Su clasificación de seguridad le obliga a ponerse bajo las órdenes del Mando, él lo sabe perfectamente. En realidad, no debería haberse marchado de Madrid sin autorización. Además… la situación es extremadamente peligrosa para él, y también para su propia familia.

—¿Qué quieres decir?

—Javier… el enemigo tiene acceso a toda la información. Tarde o temprano, considerará que es un activo peligroso para sus planes y lo primero que hará será buscar a su familia para localizarlo a él.

—Si le decimos esto a García, con más razón tratará de ir a protegerlos. En tal caso, no nos quedaría otra alternativa que retenerlo a la fuerza. ¿Es eso a lo que quieres llegar?

—Espero que entre en razones y que eso no llegue a ser necesario. Tendremos que hablar con él mañana y ponerle al corriente de la situación. Ha sido militar, quiero pensar que lo comprenderá.

—Estará en mi despacho a las nueve… He quedado con él a esa hora.

—Conectaré por Hermes y hablaremos con él. Durante la reunión os daré a ambos todos los detalles posibles.

—¿Es que hay alguna novedad que no sepa?

—Hay cosas que no te he dicho todavía. Cosas que sinceramente no sé cómo vamos a manejar. Germán García tendrá que conocerlas para entender por qué es tan importante que venga a Rioseta. Ya pensaremos cómo resolver lo de su familia.

—Me dejas más preocupado de lo que estaba, Isabel…

—Hay motivos para preocuparse; eso está claro… Ahora pasemos a otro asunto.

—Tú dirás.

—Seguimos muy limitados para comunicarnos con el mando general en Bruselas, pero creo que podremos encontrar una solución provisional.

—Esa es una buena noticia. ¿Cómo se va a hacer? El espectro radioeléctrico sigue bloqueado en la península.

—Vamos a intentar establecer un enlace seguro a través del túnel de Somport, a unos tres kilómetros de aquí, con cableado óptico blindado, para evitar el barrido de los sistemas de guerra electrónica.

—¿Y de dónde sacaréis tanto cable?

—El cable ya fue instalado en los ocho kilómetros de túnel hace tres años.

Llevaremos a la entrada una unidad Hermes que hemos instalado en el interior de un VAC Dragon blindado.

Lo utilizaremos como puente de conexión con nuestro satélite.

Los chicos del Cuerpo de Transmisiones trabajan en ello desde ayer.

—Esperemos que lo consigan. Necesitamos apoyo urgente.

—Sí, también espero yo que los de Bruselas nos den respuesta a ciertas cuestiones que no están claras sobre lo que nos está pasando.

—¿Te refieres a Lucifer?

—Sí, me refiero a Lucifer y a otros ángeles caídos que podrían estar actuando en la sombra y que me da la impresión de que se han colado en nuestro círculo de supuestas amistades.

—Sé precavido. En estos momentos no podemos confiar en casi nadie en el Mando Conjunto. No sabemos quién o quiénes son los topos.

—Sé muy bien a quién debo presionar. Lo que me preocupa es otra cosa…

—No sé por qué presiento que no me va a gustar…

—Tengo razones para pensar que no es una cuestión simplemente de topos. Siempre hemos sabido que hay traidores entre los altos cargos de la Alianza y de la Unión Europea. Y también que están muy bien pagados, tanto o más que lo están los que tenemos infiltrados nosotros en Rusia o China.

Esto es algo que ha pasado siempre, aunque creo que el tema va por otro lado. De momento solo es una intuición que no he podido confirmar, de ahí mi interés en hablar con ellos…

—Supongo que te refieres a lo que me dijiste ayer sobre la IA. Si te soy sincero, me sonó un poco especulativo. No me negarás que lo es…

—No niego nada, sigo pensando que hay ciertos sectores entre nuestros aliados que tratan de ocultar algo muy sensible para ellos y terriblemente desestabilizador para todos.

También, que necesitan eliminarlo lo antes posible, como sea, antes de que les estalle en la cara.

De todo esto que te he dicho, lo que más me preocupa es ese “como sea”.

—Cuando te pones críptica me inquietas bastante. No te preguntaré a qué te refieres exactamente porque no quiero pasar la noche en vela dándole vueltas. Espero que mañana me expliques qué es eso que tanto te preocupa.

—Te prometo que lo haré. Por hoy lo vamos a dejar. Vete a descansar, que lo vas a necesitar.

—A sus órdenes, mi general.

—No me vengas con tus chascarrillos ahora, que no está el horno para bollos. Ya sabes que no me gusta que hagas eso. Cuando estés hablando conmigo a solas, deja la jerga castrense para las reuniones con el comité de seguridad. Suenas ridículo.

—Mi general… Son tradiciones militares centenarias que no se deben perder ni entre amigos íntimos… —respondió con una risa traviesa.

—Anda y retírate ya a dormir, coronel…

—Buenas noches, Isabel.

—Buenas noches.