La ambición de Lucifer 11. Fuerzas aliadas #2
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11. Fuerzas aliadas #2

—En realidad, nuestra ubicación inicial estaba a unos cincuenta kilómetros de aquí, cerca del enlace con Medinaceli. Era un enclave adecuado para vigilar la autovía hacia Zaragoza y Barcelona.

Marcos hizo una breve pausa, como si repasara mentalmente los movimientos de su unidad:

—Las cosas cambiaron poco después, cuando recibimos orden de adelantar nuestras posiciones en lo posible hacia la capital.

Inteligencia había detectado una serie de ciberataques en puntos clave, afectando la operatividad de centros de control y de transportes.

Resultaban demasiado sospechosos y se pensó que podían estar relacionados con el posible ataque a gran escala que inicialmente se descartó.

Al escucharlo, Germán comenzó a ver una relación con las incidencias que sufrió en su vuelo y lo que le contó el taxista.

El coronel quiso hacer un breve inciso.

—Perdone, no le he ofrecido nada. ¿Le apetece agua o algún refresco?

—No, gracias. Estoy bien. Por favor, continúe.

Marcos tomó la botella de agua que tenía sobre la mesa, llenó su vaso y bebió un largo trago. Parecía que el relato le secaba la garganta.

—Nos desplazamos por una carretera comarcal hasta la zona de Brihuega.

Nos quedamos provisionalmente allí esperando nuevas indicaciones.

La calma durante ese tiempo fue casi absoluta.

El centro de mando no reportaba ninguna novedad sobre acciones enemigas ni movimientos terroristas.

Al día siguiente, a las ocho de la mañana, recibimos un mensaje urgente y cifrado que informaba de una serie de explosiones en la Comunidad de Madrid, incluidas las bases aéreas de Torrejón de Ardoz, Getafe y Cuatro Vientos.

Muy poco después comenzaron a llegar otros comunicados que hablaban de nuevos ataques contra objetivos muy diversos, dentro y fuera de la ciudad: centros de mando, edificios oficiales y otros puntos estratégicos.

Germán lo escuchaba tenso, prestando toda su atención.

—Las comunicaciones y la operatividad se vieron muy afectadas.

El control aéreo quedó inutilizado, haciendo prácticamente imposible cualquier respuesta de nuestras fuerzas aéreas.

Poco después, perdimos totalmente el contacto con el mando y con el resto de las unidades desplegadas.

Desde ese momento ya no sabíamos qué estaba pasando.

Germán trataba de seguir la explicación con calma, sin conseguirlo. Una profunda inquietud le crecía por dentro.

—Nos pusimos en alerta máxima. El supuesto ataque a gran escala era ya una realidad incuestionable que nos desbordó por completo.

Se echó ligeramente hacia atrás, tenso, como si reviviera cada momento:

—Aún eran las diez cuando empezamos a oír lo que parecían explosiones en la zona de Guadalajara, a unos veinte kilómetros de nuestra posición.

Con el paso de las horas, hacia las dos de la tarde, los atacados fuimos nosotros. Un enjambre de drones nos sorprendió. Fue rápido, brutal e inesperado. Apenas duró unos minutos que se sintieron interminables.

Logramos derribar algunos de ellos. El precio fue alto: perdimos a dos hombres y hubo varios heridos. También quedó destruido un carro de combate y dos BMR‑600 resultaron gravemente dañados.

El coronel hizo otra pausa para humedecerse la garganta con el último sorbo de agua que quedaba en su vaso. Aún pesaba sobre él la trágica pérdida de soldados y la situación vivida.

—Nos habían localizado, así que decidimos movilizarnos —continuó el coronel—.

No contábamos con los medios adecuados para defendernos eficazmente ante un posible nuevo ataque de esas características, por lo que ordené replegarnos hacia una posición de seguridad. Finalmente, nos establecimos en Torija.

—¿Y el resto de nuestras fuerzas? ¿Es que no hubo ninguna movilización de efectivos para darles apoyo?

—Lo que puedo decirle es que el ataque enemigo consiguió dejar inoperativas las comunicaciones, saboteando nodos vitales y utilizando algún tipo de sistema de inhibición que aún nos impide mantener un contacto con el resto de nuestras fuerzas para cualquier reacción organizada,

además de dejar prácticamente anulada nuestra capacidad de coordinación y mando.

En términos tácticos, estamos prácticamente bloqueados aquí.

No sabemos qué pasa más allá de unos cuantos kilómetros y, con toda probabilidad, le pasa lo mismo al resto de unidades que fueron desplegadas.

Dicho de una forma sencilla, señor García: nos han inutilizado y no podemos hacer nada hasta que recuperemos algo de esa coordinación.

Afortunadamente nos queda algún recurso y estamos trabajando en ello, pero nos tomará tiempo.

Por el momento, solo podemos permanecer aquí, a la espera de recibir órdenes y poder actuar con seguridad.

Una duda cruzó la mente de Germán:

—Hay algo que no entiendo, coronel… ¿Cómo pudieron los atacantes conocer su posición exacta con tan poco margen de tiempo? ¿Cree que hubo una filtración?

El rostro de Marcos se endureció. Quedó pensativo, como si estuviera valorando si eran oportunas las palabras que estaba a punto de decir:

—Esa es otra de las razones por las que hay que asegurarse antes de actuar. Antes de ser atacados, nuestra posición y todo lo relacionado con la misión había sido cifrado y restringido a un círculo extremadamente reducido de mandos.

En los últimos meses me han llegado informes confidenciales de inteligencia que hablaban de una posible trama internacional que estaba actuando en áreas clave de la defensa europea, infiltrada en el poder político y en el militar de los países aliados.

El enemigo puede estar por todas partes, de ahí que decidiera interrogarle a usted personalmente.

Germán se inclinó ligeramente hacia adelante para comentar algo que guardaba para el final:

—Coronel, le agradezco sinceramente toda esta información. Ahora debo preguntarle sobre algo que extrañamente no ha mencionado y que vi con mis propios ojos viniendo hacia aquí.

Marcos no se inmutó ante el comentario. Su expresión permanecía serena, como si hubiera estado esperando esa pregunta todo el tiempo:

—Adelante. Haga su pregunta.

Germán no dudó:

—Esta mañana, hacia el sur, a unos treinta o cuarenta kilómetros de aquí, se produjo una explosión enorme. Por su intensidad y el resplandor que emitió, no parecía un ataque con armas convencionales. ¿Qué sabe al respecto?

El coronel guardó un instante de silencio, calibrando sus palabras antes de contestar.

—Señor García, lo que voy a contarle puede desafiar su lógica de ingeniero. O tal vez, precisamente por serlo, no le resulte tan sorprendente.