Capítulo 5 — La decisión #3
Jey sonrió con un destello burlón en los ojos y, antes de dejarlas ir, lanzó un comentario que la hizo tensarse.
—Bien. Porque con ese cuerpo que tenés, ya me imagino un par de cosas en las que podrías ser útil. —Su tono era de broma, pero la intención estaba clara.
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GRUPO PRIVADO DE WHATSAPP – “SORPRESA PARA JEY”
Cami creó el grupo. Cami agregó a Rocío, Emma, Melina, Naty y Santi.
Cami: Ok, gente. Se viene el cumple de Jey y hay que hacer algo a lo grande. No podemos dejarlo pasar como si nada.
Santi: Totalmente. Con lo que nos rompe las bolas con el tema de los cumpleaños, tiene que ser algo épico.
Rocío: ¿Algo épico? Jajaja, para Jey eso significa desnudos y locura.
Emma: Literal. Pero si lo hacemos, tiene que ser algo que no se espere.
Melina: Pero tampoco algo demasiado exagerado, que lo terminemos metiendo en un problema.
Naty: Sí, sí, pero que tenga su picante. Jey no es de los que se conforman con cualquier cosa.
Cami: Exacto. A ver, tiren ideas.
Santi: Striptease en su honor.
Emma: Jajajajaja, pará, enfermo.
Rocío: Mirá que no suena tan mal, ¿eh? Alguna de nosotras podría hacerlo.
Melina: Ni en pedo.
Naty: JAJAJAJA, no me miren a mí tampoco.
Cami: Bueno, pero algo en esa línea no estaría mal. ¿Un juego con apuestas picantes?
Rocío: Tipo verdad o reto, pero nivel hardcore.
Emma: Uh, sí. Que cada reto sea algo bien caliente, sin opción de escape.
Santi: Ustedes juegan con fuego. Mirá que Jey no es de los que deja pasar esas oportunidades.
Cami: Justamente de eso se trata, ¿no? Que él termine sorprendido.
Melina: ¿Y si hacemos algo más demente? Algo que lo haga explotar de risa o de locura.
Naty: Un regalo que lo descoloque por completo.
Emma: ¿Algo físico o algo… vivo? Jajajajaja.
Santi: Jey va a querer una esclava sexual si seguimos con esta línea de conversación.
Cami: ¡JAJAJAJA! Bueno, lo descartamos… o no…
Rocío: Yo digo que le conseguimos una experiencia única. Algo que lo haga decir “estos sí me conocen”.
Emma: Ojo con eso. ¿Y si le regalamos una noche con alguien? Así, literal. Sin vueltas.
Melina: Pará, pará, tampoco nos vayamos al carajo.
Naty: Pero en parte… ¿por qué no? Algo que lo desafíe, que le haga pensar “mierda, qué buen regalo”.
Cami: Ok, ok, entonces le organizamos algo donde él sea el protagonista de una situación bien picante.
Rocío: Una escena digna de película para adultos.
Santi: ¿Qué carajo estamos armando? Jajajaja.
Emma: Algo que no olvide jamás. Algo que lo saque de su zona de confort, pero en el mejor sentido.
Cami: Bien, me gusta cómo suena esto. Hay que planear bien los detalles. ¿Quién se ofrece como “sacrificio”? Jajajajaja.
Melina: Yo me retiro de esta conversación.
Naty: Lo peor es que estamos hablando en serio.
Rocío: Eso es lo mejor, que estamos hablando en serio. Jey se va a morir cuando vea lo que le preparamos.
Emma: Bueno, dejemos que la idea madure. En unos días, vemos cómo armamos el plan definitivo.
Cami: Listo. Va a ser el mejor cumpleaños de su vida.
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Mica llegó temprano a la oficina de Jey, con su atuendo formal de secretaria: camisa blanca, falda negra y tacones moderados. Estaba nerviosa pero decidida a demostrar que podía encajar en ese mundo.
Jey la recibió con una mirada evaluadora, pero sin decir mucho al principio.
Se limitó a darle algunas indicaciones básicas sobre lo que necesitaba que hiciera.
Durante las primeras horas, todo fue relativamente normal.
Mica organizaba papeles, revisaba correos y atendía llamadas, pero con cada momento que pasaba, notaba que el ambiente tenía algo... distinto.
Todo cambió cuando Melina llegó a la oficina para traer unos papeles. Apenas entró, Jey la saludó con su típica actitud provocadora.
—Mirá quién llegó, la más formal de todas. ¿Cuándo te vas a poner algo que no parezca de monja, Mel? —soltó Jey con una sonrisa burlona.
Melina le rodó los ojos, acostumbrada a sus comentarios.
—Y vos cuándo vas a aprender a cerrar la boca, Jey. No te hagas el santo delante de Mica, porque bien que después... —dejó la frase en el aire, sonriendo con picardía.
Mica frunció el ceño, algo sorprendida por la forma en la que hablaban entre ellos. Jey notó su expresión y no pudo evitar reírse.
—¿Qué pasa, secretaria? ¿No estás acostumbrada a este nivel de confianza? Mirá que acá todo es así —dijo apoyándose en el escritorio y cruzándose de brazos.
—Es que... ustedes hablan demasiado... crudo —respondió ella, tratando de elegir sus palabras.
Melina se acercó y le dio una palmadita en el hombro.
—Tranquila, es solo entre nosotros. No es con todo el mundo. Es parte de la dinámica... y bueno, a Jey le gusta provocar, así que más te vale acostumbrarte.
Jey soltó una carcajada y la miró fijamente.
—Exacto. Pero vos tranquila, Mica. A vos no te voy a hablar como a las otras, todavía sos nueva. Pero... ya que estamos, ¿no te gustaría aflojar un poco el look? No sé, algo menos de "soy una oficinista de banco" y más de... "estoy lista para lo que venga" —dijo con una sonrisa ladeada.
Mica se ruborizó y bajó la mirada, sin saber si Jey hablaba en serio o solo la estaba midiendo. Melina rió y le dio un leve codazo.
—Ves, ya empezaste a ser parte. No le des importancia, solo es su forma de ser.
Mica respiró hondo y sonrió, entendiendo que tendría que acostumbrarse a ese mundo.
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(Jey está sentado en el sofá del departamento, con una cerveza en la mano. Santi llega, se deja caer a su lado y suspira hondo. Jey lo mira de reojo y levanta una ceja.)
JEY: Dale, largalo. Te conozco, tenés cara de boludo con quilombo en la cabeza.
SANTI: (bufa) Sos un forro, boludo.
JEY: Eso ya lo sabés, no te hagas el boludo vos ahora. ¿Qué pasa?
SANTI: (se pasa una mano por el pelo, duda un segundo) Me gusta una de las chicas.
JEY: (le da un trago a la birra) No me digas… Qué novedad. ¿Cuál?
SANTI: (murmura) Rocío.
JEY: (sonríe con sorna) ¡Noooo! Mirá vos, ¿eh? ¿Hace cuánto?
SANTI: No sé, boludo, desde hace un tiempo. Pero viste cómo es esto, no sé si encararla o qué carajo hacer.
JEY: ¿Y qué carajo te frena?
SANTI: El negocio. El estilo de vida. No sé si se coparía con algo más conmigo o si simplemente me ve como un pibe más del grupo. Y si la cago, después todo se pone raro.
JEY: (se ríe) Ay, qué tierno, ¿te da miedito arruinar la dinámica del grupo?
SANTI: Andate a la mierda.
JEY: (se encoge de hombros) Escuchame una cosa, ¿te gusta? Bueno, entonces andá y decíselo. Rocío no es una nena, si le cabe bien, si no, también. Pero dejá de hacerte la cabeza al pedo.
SANTI: No es tan fácil, boludo. No quiero que piense que la veo como una más…
JEY: ¿Y cómo la ves? Porque si la querés como novia pero después te la vas a estar moviendo con otras minas en la misma pieza, ahí sí tenés un problema.
SANTI: No, boludo, tampoco soy tan gil. O sea, no sé si me veo en plan formal, pero tampoco es solo una mina más para mí.
JEY: Entonces, ahí está la posta. Decíselo sin tanta vuelta. Rocío no es boluda, si le tirás un centro, te va a decir qué onda. Pero si te quedás ahí sentado tragándote los sentimientos como un boludo, se te va a ir el tren.
SANTI: (hace una mueca) ¿Y si la cago?
JEY: Y bueno, la cagaste. ¿Te pensás que sos el primero que mete la pata con una mina? Nadie se muere por un mal intento. Lo único que te puedo decir es que no la bajes con boludeces, sé directo. Si te gusta, decíselo. Si te manda a cagar, nos tomamos una birra y seguimos con la vida.
SANTI: (asiente, más convencido) Sos un pelotudo, pero tenés razón.
JEY: Obvio que tengo razón. Ahora andá y hacé algo en vez de venir a llorarme, que esto no es un consultorio sentimental.
SANTI: Andate a cagar. (Se levanta con una sonrisa.)
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(Rocío está sentada en el balcón del departamento, mirando el celular mientras fuma. La noche es tranquila, y se escuchan los ruidos lejanos de la ciudad. Santi aparece en la puerta y se apoya contra el marco, observándola unos segundos antes de hablar.)
SANTI: (con una sonrisa) ¿Te puedo robar un pucho?
ROCÍO: (sin mirarlo, extendiéndole el paquete) Si me prometés que no me vas a venir con boludeces, sí.
SANTI: (encendiendo el cigarro) Uh, ¿tan obvio soy?
ROCÍO: (lo mira con media sonrisa) Santi, te conozco. Algo raro tenés en la cabeza. Escupilo.
(Santi se sienta a su lado, juega un poco con el cigarro entre los dedos antes de largarlo.)
SANTI: Estuve pensando mucho… sobre vos.
(Rocío lo mira de reojo, pero no dice nada. Solo le da una calada al cigarro, dejando que siga.)
SANTI: No quiero darte vueltas, así que ahí va. Me gustás. Y no de joda, ni como una más del grupo. Me gustás posta.
(Rocío exhala el humo lentamente, como procesando lo que acaba de escuchar. Luego se ríe por lo bajo.)
ROCÍO: (arqueando una ceja) ¿Posta?
SANTI: Sí.
ROCÍO: Mirá vos. ¿Y qué esperás que haga con esa info?
(Santi la mira, intentando leerla. Ella no parece incómoda, pero tampoco totalmente sorprendida. Es más, parece… entretenida.)
SANTI: No sé… Digo, sí sé. Quería que lo sepas y ver qué onda.
ROCÍO: ¿Y qué onda conmigo, Santi? Porque este grupo no es muy normal que digamos.
SANTI: Lo sé. No quiero chamuyarte ni hacerme el romántico si después no es lo que esperás. Pero tampoco quiero que pienses que sos una más.
(Rocío lo observa en silencio, como analizándolo. Luego, sonríe con picardía.)
ROCÍO: O sea… querés estar conmigo, pero sin caretearla.
SANTI: Exacto.
ROCÍO: (asiente) Mmm… me gusta eso.
(Santi frunce el ceño, sorprendido.)
SANTI: ¿Te gusta?
ROCÍO: Sí, me gusta la sinceridad.
(Hace una pausa, apaga el cigarro en el cenicero y lo mira con más intensidad.)
ROCÍO: No me esperaba esto de vos, pero tampoco me parece una mala idea.
SANTI: (sonríe) ¿Eso significa que tengo chances?
ROCÍO: (se encoge de hombros) Significa que podemos ver qué onda. Pero ojo, Santi. Si me venís con boludeces, te rajo a la mierda.
(Santi se ríe, aliviado. Luego, sin pensarlo mucho, se inclina y le da un beso rápido. Rocío lo deja, pero cuando él se separa, lo agarra del cuello de la remera y lo trae de vuelta, besándolo con más intensidad.)