Capítulo 4 — El crecimiento #9
—Está bien. ¿Cómo empezamos?
Jey tomó la cámara y ajustó el enfoque.
—Algo simple. Mirá a la cámara como si estuvieras hablándole a alguien de confianza. Nada forzado, nada exagerado. Solo vos.
Lorena asintió y lo intentó. Pero apenas la grabación comenzó, su mirada se endureció y su expresión se volvió más rígida.
Jey pausó la filmación y sonrió con paciencia.
—Demasiado serio. Parece que vas a dar un discurso político.
Lorena rió con suavidad y relajó los hombros.
—Bueno, no quiero que parezca que no sé lo que hago.
—Y no lo parece —aseguró Jey—. Pero este contenido se trata de conexión. No estás vendiendo un producto, te estás vendiendo a vos misma como experiencia.
Ella lo miró con una mezcla de intriga y nervios.
—¿Y cómo se supone que haga eso?
Jey pensó por un momento y luego sonrió con cierta picardía.
—Vamos a hacer un ejercicio. Imaginá que estás en una cita. ¿Cómo te comportás?
Lorena frunció el ceño y ladeó la cabeza.
—Depende de la cita.
—Ok, imaginá que es alguien que realmente te interesa. ¿Cómo sería?
Lorena sonrió con algo más de confianza.
—Supongo que relajada, un poco provocadora si la situación lo amerita… pero sin exagerar.
Jey asintió.
—Eso es lo que quiero ver en cámara. No que finjas, sino que muestres esa parte de vos.
Lorena se quedó en silencio unos segundos, pensando. Luego respiró hondo y se acomodó en el set.
—Está bien. Vamos de nuevo.
Jey retomó la grabación. Esta vez, su mirada era más natural, su sonrisa más genuina.
—Eso está mejor —murmuró Jey, ajustando el encuadre—. Ahora decime… ¿qué es lo que más te divierte de esta nueva etapa?
Lorena levantó una ceja, como si la pregunta la tomara por sorpresa.
—Mmm… supongo que sentirme distinta. Hace años que no hago algo solo por mí.
—Eso es interesante —dijo Jey, sin dejar de grabar—. ¿Y cuándo fue la última vez que hiciste algo fuera de tu zona de confort?
Lorena sonrió con algo de nostalgia.
—Honestamente… probablemente cuando tuve a mis hijos. Ahí mi vida cambió por completo.
Jey asintió, manteniendo la conversación fluida.
—Y ahora está cambiando otra vez.
—Sí —admitió ella—, pero esta vez, porque yo lo decidí.
La seguridad en su voz hizo que Jey sonriera levemente.
—Esa es la actitud que quiero que tengas en este video. Seguridad en vos misma.
Lorena sostuvo la mirada a la cámara y asintió. Esta vez, no había tensión en su postura.
—Listo —dijo Jey—. Ahora sí, tenemos el material que necesitamos.
Lorena soltó el aire que ni siquiera había notado que estaba conteniendo y sonrió.
—Fue más fácil de lo que pensé.
Jey apagó la cámara y le guiñó un ojo.
—Te lo dije. Solo necesitabas un empujón.
Lorena rió y negó con la cabeza.
—Sos bueno en esto, ¿eh?
Jey se encogió de hombros con una sonrisa divertida.
—Para eso me pagan.
Ella tomó una botella de agua y bebió un sorbo, todavía con una leve sonrisa en los labios.
—Bueno, entonces… ¿cuándo hacemos el próximo?
Jey sonrió con satisfacción.
—Cuando vos estés lista.
Lorena lo miró con determinación y asintió.
—Entonces, muy pronto.
• • •
Jey apoyó los codos sobre la mesa y entrelazó los dedos, observando a Melina con una sonrisa calculada. Estaban en la oficina, el ambiente relajado, pero cargado de intención.
—Quiero hacerte una propuesta —dijo, inclinándose un poco hacia adelante—. Quiero ofrecerle a las modelos anónimas una oportunidad de dejar de serlo. Si deciden mostrarse, les pagaremos un diez por ciento más por su contenido.
Melina levantó una ceja, evaluando la idea en su cabeza.
—Interesante. ¿Solo el aumento o hay algo más? Porque algunas podrían seguir prefiriendo el anonimato, incluso por más dinero.
Jey asintió, esperando esa reacción.
—También les daremos acceso exclusivo a la nueva propiedad —continuó—.
Un espacio profesional para que graben contenido premium, con sets diseñados para diferentes estilos y temáticas.
Y, además, la posibilidad de producir material en colaboración con otras modelos que también den la cara.
Eso les abriría muchas más oportunidades.
Melina tamborileó los dedos sobre la mesa.
—Suena bien, pero la clave está en cómo se los presentamos. Muchas pueden sentirse expuestas o pensar que no vale la pena el riesgo. ¿Cómo vas a vendérselo para que acepten?
Jey se acomodó en su asiento y sonrió con confianza.
—Voy a presentarles esto como una evolución natural. Algo exclusivo. No una obligación, sino una oportunidad para las que quieran llevar su imagen a otro nivel. Les mostraré ejemplos de otras que han dado el paso y cómo eso mejoró su posicionamiento, sus ingresos y su impacto en redes.
Melina asintió, pensativa, pero luego entrecerró los ojos con una ligera sonrisa.
—Tengo un par de ideas más que podrían hacer esto aún más atractivo —dijo, cruzando los brazos—.
¿Qué te parece si creamos una “experiencia premium” en la nueva propiedad?
Un servicio donde las modelos puedan recibir asesoramiento de imagen, estilismo y hasta coaching para manejar su exposición.
Algo que las haga sentir seguras en esta transición.
Jey la miró con interés. No era mala idea en absoluto. De hecho, le gustaba.
—Me gusta eso —asintió—. Si vamos a ofrecerles más dinero, mejor que también sientan que las estamos ayudando a profesionalizarse. ¿Y la otra idea?
Melina sonrió, sabiendo que había captado su atención.
—Un evento exclusivo para ellas. Algo en la nueva propiedad, con fotógrafos, productores, equipo de filmación de alta calidad. Un día donde puedan generar contenido premium sin costo, con todo preparado para que brillen. Así, las que duden tendrán la oportunidad de probar sin sentirse presionadas.
Jey apoyó una mano sobre la mesa y asintió con decisión.
—Eso es. Vamos a hacer ese evento. Lo vamos a vender como un pase VIP al siguiente nivel. Y lo mejor es que una vez que lo prueben, muchas van a querer más.
• • •
Lore está sentada en el sofá con sus dos hijos adolescentes, MATÍAS (16) y TOMÁS (14). Ambos la miran con expectación, cruzados de brazos.
LORE (chupando aire) Bueno... Quería hablar con ustedes sobre mi nuevo trabajo.
MATÍAS (sin rodeos) ¿De qué es?
LORE (dubitativa) Soy modelo.
TOMÁS (escéptico) ¿Modelo? ¿De qué? ¿Ropa? ¿Catálogos?
LORE (no muy convincente) Algo así...
MATÍAS (alzando una ceja) Algo así, ¿cómo? Mamá, no somos idiotas.
TOMÁS (sarcástico) Sí, no pareces la típica modelo de revistas.
LORE (suspira) Es un tipo de modelaje más... exclusivo. Se trabaja con el anonimato...
MATÍAS (cortándola) ¿Qué clase de fotos haces?
LORE (con cautela) Son fotos artísticas...
TOMÁS (frunciendo el ceño) ¿Artísticas o de esas que los tipos pagan para... ya sabes?
Lore se remueve incómoda.
LORE (chasquea la lengua) Chicos, no es lo que están pensando.
MATÍAS (más serio) ¿Entonces explícanos bien, porque suena a que sí es lo que estamos pensando.
LORE (respira hondo) Está bien... Voy a ser completamente sincera. Trabajo modelando en una plataforma privada. Son fotos y videos sensuales, pero no pornografía. Todo es profesional y sin contacto con nadie.
Se hace un silencio. Los chicos se miran entre sí, procesando.
TOMÁS (duro) O sea que te sacás fotos en ropa interior o menos para que tipos las compren.
MATÍAS (asintiendo) Básicamente, te prostituís por internet.
LORE (herida, pero firme) No. No es prostitución. No hay sexo, no hay encuentros. Es solo contenido visual. No hay diferencia con una modelo de lencería.
TOMÁS (con rabia) ¡Pero esas modelos están en revistas normales, no en sitios donde los tipos van a pajearse!
MATÍAS (agrega, con desprecio) Pensé que tenías dignidad.
LORE (con voz firme) ¡Escúchenme bien! Lo estoy haciendo porque es lo único que me permitirá pagar las deudas y que no terminemos en la calle. Su padre nos dejó con problemas y alguien tiene que solucionarlo.
MATÍAS (gruñendo) Podrías haber buscado otro trabajo...
LORE (irónica) ¿Ah, sí? ¿Cuál? ¿Uno donde me paguen lo suficiente para mantenerlos, pagar el alquiler y las cuentas? Porque en ningún lado pagan eso a una mujer de mi edad sin estudios universitarios.
Los chicos se quedan en silencio.
LORE (más suave) Lo hice por nosotros. Porque prefiero que tengamos un techo, que ustedes puedan seguir estudiando y que no nos hundamos más en deudas. No lo hago porque quiero, sino porque lo necesito.
Los chicos la miran, aún molestos, pero comienzan a procesar la información.
MATÍAS (más calmado) No me gusta...
LORE (sincera) Lo entiendo. A mí tampoco me gusta tener que hacerlo, pero a veces hay que hacer cosas difíciles por la familia.
TOMÁS (susurrando) No quiero que la gente en la escuela se entere.
LORE (con dulzura) Nadie lo hará. Es un trabajo discreto. No uso mi nombre real,
Los chicos suspiran. Aún están enojados, pero ya no la miran con tanto desprecio.
MATÍAS (murmura) Espero que no te jodan.
LORE (sonríe levemente) Yo también.
TOMÁS (con voz cansada) Bueno... ya está. Pero no quiero saber más nada.
LORE (susurrando) Gracias.
• • •
Jey se encontraba en la nueva propiedad, observando cada rincón renovado con satisfacción.
La piscina, el área de descanso y la iluminación cuidadosamente diseñada daban el ambiente perfecto para lo que tenía en mente.
Se sentó con Melina y Santi en la sala principal para definir los últimos detalles.
—Quiero que esta fiesta sea algo especial —dijo Jey, apoyando los codos sobre la mesa—. No solo diversión, sino también una oportunidad para hacer crecer todo esto.
—¿Cómo lo ves? —preguntó Melina, cruzando las piernas y tomando su copa de vino.
—Voy a presentar la propuesta que hablamos —explicó Jey—. Que las modelos anónimas tengan la opción de dejar de serlo, con un 10% más de pago y otros beneficios. Pero no quiero que se sienta como una obligación, sino como una oportunidad atractiva para ellas.
—¿Y cómo lo hacemos sin que suene a presión? —preguntó Santi, rascándose la barba—. Si lo presentamos mal, puede que se cierren en banda.