La Agencia del Pecado Capítulo 3 — La expansión #4
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Capítulo 3 — La expansión #4

—Ok. Si esto ya es un hecho, quiero poner condiciones.

Jey levantó una ceja.

—Te escucho.

Martín y Lautaro intercambiaron miradas.

Luego, Martín habló primero.

—No quiero que haga nada con lencería roja.

Lautaro lo miró de reojo, pero asintió.

—Yo tampoco. Ni eso ni poses de espaldas con las manos en las caderas.

Jey tomó nota mentalmente.

—Bien. ¿Algo más?

Martín se inclinó hacia adelante.

—Sí. Queremos que Rocío sea anónima.

Jey lo miró con curiosidad.

—Pensé que ella había decidido hacerlo con la cara descubierta.

—Sí, pero vos podés convencerla de que no.

Jey observó a ambos con atención.

Lautaro agregó:

—Sabemos que ella confía en vos. Si le explicás bien, te va a escuchar.

Martín asintió.

—No queremos que todo el pueblo la reconozca en algún momento. Es suficiente con que esté en esto.

Jey los miró en silencio por unos segundos.

Entendía sus razones.

Y, aunque era raro que ellos le pidieran algo, en esta ocasión…

Podía hacerlo.

Finalmente, asintió.

—Está bien. Voy a hablar con ella.

Lautaro y Martín soltaron el aire, como si hubieran contenido la respiración.

Jey sonrió levemente.

—Pero no prometo nada.

Martín lo miró con seriedad.

—Hacé lo que puedas.

• • •

El estudio estaba en silencio absoluto.

Jey revisaba los equipos, ajustando la iluminación mientras Rocío se preparaba para su primera sesión.

Ella estaba lista.

Pero antes de empezar, Jey tenía que hablar con ella.

Sin rodeos.

Se apoyó en la mesa y la miró fijo.

—Antes de empezar, tenemos que discutir algo.

Rocío se acomodó los tirantes de su lencería y levantó una ceja.

—¿Qué?

—Quiero que empieces como anónima.

Rocío soltó una risa seca.

—No.

Jey no se movió.

—Escuchame.

—No hace falta. Ya decidí.

Jey se acercó un paso más.

—Rocío, esto no es solo sobre vos.

Ella cruzó los brazos.

—¿Ah, no? ¿Y sobre quién más es?

Jey la miró fijo.

—Martín.

Rocío exhaló con frustración.

—No me digas que estás acá defendiéndolo.

—No lo estoy defendiendo. Estoy siendo realista.

Rocío resopló, molesta.

—A ver, iluminame.

Jey bajó la voz, pero su tono fue crudo y directo.

—Sabés bien qué tipo de contenido se vende acá. Exclusivo. Privado. Contenido por el que la gente paga bien porque les da algo que no pueden tener en otro lado.

Rocío asintió con obviedad.

—Sí. ¿Y?

Jey se cruzó de brazos.

—Imaginate esto. Un día estás en el pueblo, caminando normal. Y ves a un tipo que sabés que ha pagado por tu contenido. Que te ha visto en formas que ningún extraño debería verte.

Rocío lo miró sin inmutarse.

—¿Y qué?

Jey se inclinó un poco más hacia ella.

—¿Te da igual que todos los que paguen sepan exactamente quién sos?

Rocío lo desafió con la mirada.

—Sí.

Jey apretó los dientes.

No era el enfoque correcto.

Respiró hondo y cambió de estrategia.

—Ok. Pensá en Martín.

Rocío puso los ojos en blanco.

—Otra vez con Martín…

Jey no se dejó intimidar.

—Él ya está haciendo un esfuerzo con esto. Pero si al menos lo hacés con máscara, va a ser más llevadero.

Rocío lo miró fijamente.

—¿Más llevadero para quién?

—Para él. Para mí.

Silencio.

Por primera vez en toda la conversación, Rocío se quedó callada.

Jey no desvió la mirada.

—Para mí tampoco es fácil saber que cualquiera va a poder verte así.

Rocío entrecerró los ojos.

—¿Así cómo?

—Así —Jey hizo un gesto señalando su vestimenta—. Con todo expuesto. Y sabiendo exactamente quién sos.

Rocío lo observó en silencio por unos segundos.

Luego sonrió con burla.

—¿Qué pasa, Jey? ¿Te da morbo verme así?

Jey no reaccionó a la provocación.

—No. Me incomoda.

Ella inclinó la cabeza con curiosidad.

—¿Por qué?

—Porque sé lo que significa.

Rocío lo analizó un segundo más.

Parecía que iba a ceder…

Pero no lo hizo.

—Voy a seguir sin máscara.

Jey cerró los ojos por un segundo y exhaló con resignación.

—¿Estás segura?

Rocío sonrió.

—Segurísima.

Jey se pasó la lengua por los dientes.

—Bien. Entonces no me hables si un día te cruzás con alguien que te reconoce en la calle.

—No lo haré.

Jey suspiró. Había intentado.

Pero ella ya había tomado su decisión.

—Está bien —dijo finalmente—. Empezamos.

________________________________________

Jey tomó la cámara y le dio indicaciones claras.

Ella iba a empezar fuerte.

Ninguna modelo había arrancado tan arriba en la primera sesión.

Pero ella lo quería así.

—Mostrame seguridad —dijo Jey mientras encuadraba la toma—. Estás acá porque querés estar.

Rocío lo miró fijamente a la lente y sonrió con confianza.

—Exactamente.

Click.

La sesión había comenzado.

• • •

Jey estaba sentado en el sofá del departamento, con el celular en la mano, revisando mensajes cuando Martín entró.

—¿Y? ¿Pudiste convencerla?

Jey levantó la vista, con su expresión habitual, esa que no dejaba ver si estaba satisfecho o frustrado.

—No.

Martín frunció el ceño y se cruzó de brazos.

—¿Ni un poco?

Jey dejó el celular sobre la mesa y se acomodó en el sillón.

—Hablamos. Le expliqué todo, lo razoné. Pero ella ya tenía la decisión tomada antes de entrar.

Martín resopló, pasándose una mano por la cara.

—Mierda...

Jey lo observó con calma.

—Te lo dije antes. Esto no es algo que puedas controlar. Si esperaba que dudara o que buscara una excusa para echarse atrás, estaba equivocado.

Martín apretó la mandíbula.

—¿Cómo fue la sesión?

Jey sonrió levemente.

—¿Querés saber en serio?

Martín dudó por un segundo, pero asintió.

—Decímelo.

Jey se inclinó hacia adelante, apoyando los codos en las rodillas.

—No empezó suave. No pidió ir de a poco. Se metió de lleno. Sabía exactamente qué estaba haciendo y cómo quería hacerlo. No había nervios ni titubeos.

Martín se tensó, pero no dijo nada.

—La ropa que eligió… bien pensada. No fue casual. Eligió algo llamativo, algo que resaltara.

Martín cerró los ojos un segundo.

—Ya entendí.

Jey continuó sin detenerse.

—El tono de la sesión fue directo. Ella misma buscó que fuera así. No necesitó indicaciones para soltarse, porque nunca estuvo tensa. Posó como si lo hubiera hecho mil veces antes. Como si supiera el impacto que tenía.

Martín golpeó la mesa con los nudillos.

—Jey...

—No me mirés así —dijo Jey con calma—. Vos querías saber. Te lo estoy diciendo sin vueltas, porque es mejor que entiendas de qué se trata esto en vez de hacerte una idea equivocada.

Martín pasó una mano por su cara, exhalando pesadamente.

—¿Algo más?

Jey lo observó con atención antes de responder.

—Sí. Durante la sesión, me preguntó algo que no me esperaba.

Martín lo miró con desconfianza.

—¿Qué cosa?

—Me preguntó por qué nunca se me ve con nadie. Si estoy rodeado de chicas así todo el tiempo, ¿por qué no me ven con alguna?

Martín se tensó.

—¿Y qué le dijiste?

Jey sonrió de lado.

—Le expliqué que esto es un negocio. Que no soy un idiota que pierde el control por lo que ve frente a la cámara. Que si fuera un baboso, no estaría donde estoy ahora.

Martín negó con la cabeza.

—No puedo creer que estemos teniendo esta conversación.

Jey se encogió de hombros.

—Yo tampoco. Pero acá estamos.

Martín se levantó de golpe, claramente fastidiado.

—Necesito aire.

Jey lo vio caminar hacia la puerta sin decir nada. Antes de salir, Martín se giró y lo miró.

—Si pasa algo raro con ella, me lo decís. No me dejes enterarme por otro lado.

Jey sostuvo la mirada.

—Siempre te digo la verdad.

Martín asintió con desgana y salió.

Jey suspiró y tomó su celular otra vez. Sabía que esto no iba a ser fácil para él.

Pero en este negocio, nada lo era.

• • •

El estudio tenía una iluminación suave y controlada. Jey ajustaba la cámara, revisando los ángulos mientras Emma terminaba de acomodarse frente al fondo blanco.

—¿Lista? —preguntó sin apartar la vista del visor.

Emma se estiró perezosamente, haciendo que la lencería negra se ajustara mejor a su figura.

—Obvio. No soy tímida, Jey.

Jey sonrió de lado.

—Ya me di cuenta.

Click. Primera foto.

Emma mantuvo una pose casual, con la mirada fija en la cámara.

—Che, y una pregunta… —dijo mientras cambiaba sutilmente su postura.

—Siempre tenés preguntas —comentó Jey, sin dejar de encuadrar la imagen.

—Y vos siempre tenés respuestas.

Jey soltó una leve risa.

—Depende de la pregunta.

—¿Cuánta guita tenés en total?

Jey bajó un poco la cámara y la miró directamente.

—Esa no te la voy a responder.

Emma sonrió burlona.

—¿Por qué no? Si ya sé que te va bien.

—Porque no es tu problema.

Emma hizo un puchero exagerado.

—Daaaale. Dame al menos un número aproximado.

Jey negó con la cabeza, pero sin perder la paciencia.

—No doy cifras exactas.

Emma inclinó la cabeza, estudiándolo con curiosidad.

—Eso significa que tenés mucho.

—Eso significa que no necesito contarlo.

Emma soltó una carcajada.

—Mirá qué modesto el empresario.

Jey levantó la cámara de nuevo.

—Menos charla, más poses.

Emma lo ignoró olímpicamente.

—¿Pero cómo lo hacés? Digo, ¿cómo es tener tanta plata y no volverse loco?

Jey enfocó la lente.

—No me vuelvo loco porque pienso a futuro.

—¿Eso significa que no te das ningún gustito?

Jey tomó otra foto, sin contestar de inmediato.

—Me doy gustos. Pero no soy boludo.

Emma se cruzó de brazos, aún en su pose provocativa.

—Si yo tuviera tu plata, ya estaría en el Caribe tomando tragos en una pileta.

Jey sonrió con burla.

—Por eso no la tenés.

Emma hizo una expresión falsa de ofensa.

—¡Ah, miralo! Forro y agrandado.

—Realista —corrigió Jey—. Si gastás antes de asegurar, te fundís.

Emma chocó la lengua contra los dientes.

—Mmm… creo que solo sos un amarrete.

Jey bajó la cámara otra vez y la miró con calma.

—Si fuera un amarrete, no estarías cobrando lo que cobrás.

Emma se quedó en silencio por un segundo.

—Tocada.

—Exacto.

Ella rió y se acomodó en una nueva pose, moviendo los hombros lentamente.

—Ok, empresario. Entonces… ¿cuándo nos vamos de vacaciones con toda esa plata?

Jey resopló con diversión.

—¿"Nos vamos"?

—Claro. Si tenés guita, invitate una escapada.

Jey levantó una ceja, mirándola a través de la cámara.

—Sos más atrevida de lo que pensaba.

Emma sonrió de lado, divertida.

—Bueno, mirá con quién trabajo. Estoy aprendiendo de los mejores.

Jey tomó otra foto.

—Ahora sí suena como un buen negocio.