Kowloon Bay (Thriller del FBI de Abby Kane 6) CAPÍTULO TREINTA Y NUEVE
53%

CAPÍTULO TREINTA Y NUEVE

A la mañana siguiente, Lucy me despertó a las seis, lo que no estaba tan mal.

Tenía la alarma programada para las seis y cuarto, y luego pensaba darle dos veces al botón de repetición para dormir veinte minutos más.

Nada más abrir los ojos, recordé la conversación de anoche con Leslie.

Una vez que esos pensamientos volvieron a mi cabeza, no había forma de volver a dormirme.

Ryan no dejaba de cerrar los ojos, incluso después de que le arranqué las mantas y abrí de par en par las cortinas opacas.

—Lucy, cámbiate el pijama y lávate los dientes.

Me volví hacia Ryan. Se había quedado dormido otra vez. Me metí el dedo en la boca, lo mojé bien y se lo metí en la oreja.

—Arrgghh, Abby —gimió, apartándome la mano de un manotazo.

—Te lo advertí.

—No, no lo hiciste. Dijiste: «No me hagas pedirte que te levantes una vez más». No dijiste nada de meterme el dedo mojado en la oreja.

—Vive y aprende, hijo mío. Vive y aprende.

Ryan no tenía ni idea de lo fácil que lo tenía conmigo.

No sobreviviría ni un día con mi padre, el alto irlandés que creía en madrugar y trabajar a destajo.

Cuando quería que me levantara de la cama, lo pedía una vez.

Aprendí pronto que ese hombre nunca pedía nada dos veces.

«Cuando las palabras fallan, la acción física triunfa».

Esa era su filosofía. No estaba de acuerdo, pero aprendí a vivir con ello.

Como resultado, crecí siendo extremadamente eficiente.

Mientras Ryan y Lucy se preparaban, yo hice lo mismo.

Les pregunté a los dos si tenían hambre.

Dos noes. Miré la hora en el móvil; eran las siete menos cuarto.

Leslie llegaría a las ocho. El servicio de habitaciones tardaba unos cuarenta y cinco minutos por la mañana, según nuestra experiencia.

Compraremos algo de camino a casa de Po Po.

Leslie llamó a la puerta de nuestra habitación un poco antes de la hora, pero ya estábamos prácticamente listos.

—Hola a todos —dijo al entrar con una caja en las manos—. ¿Alguien tiene hambre?

Ryan y Lucy levantaron los brazos de golpe mientras gritaban al unísono: —¡Yo! —No tenían hambre cuando les pregunté yo, pero de repente, cuando preguntaba la tía Leslie, era como si los hubiera estado matando de hambre. Los niños casi tiran a Leslie al suelo intentando llegar a la caja.

—Vaya, Abby. ¿No das de comer a tus hijos? —preguntó.

—Para eso te tengo a ti —dije, asomándome a la caja y viendo una mezcla de lo mai chi, bolas de arroz glutinoso espolvoreadas con coco seco y con distintos rellenos dulces.

—Son de la pastelería Shen. Mis favoritos.

Ni yo ni mis hijos respondimos mientras nos metíamos los dulces en la boca. Puede que no sean hijos míos de sangre, pero comen igual que yo. Después de saciarnos, salimos.

—¿Qué les dijiste a los niños? —preguntó Leslie mientras caminábamos hacia el ascensor—. Parecen muy emocionados de acompañarnos.

—Les dije que vamos a pasar el rato con la tía Leslie y que ella paga todo, incluso los recuerdos —dije con una gran sonrisa.

Se rio. —Por eso te quiero.

Luchamos contra el tráfico matutino y llegamos al apartamento de Liu unos cuarenta minutos después.

Menos mal que Leslie había traído la caja de pasteles, porque si no el hambre se habría sumado a la lista de cosas contra las que luchar.

Llamé a la endeble puerta de madera y esperé un momento antes de volver a llamar.

—¿Sabían que veníamos? —preguntó Leslie. Se acercó a la pequeña ventana e intentó mirar dentro, pero la cortina estaba bien echada.

—No, simplemente pensé que llegaríamos lo bastante temprano, antes de que salieran. —Saqué el móvil y marqué el número de Liu. Oímos su teléfono sonar dentro del apartamento.

—¿Po Po viene con nosotros hoy? —preguntó Lucy.

—No, solo necesitábamos hablar con ella un momento —dije mientras colgaba y guardaba el teléfono.

Tiré de la puerta. Había mucha holgura entre ella y el marco. —No parece que tenga cerrojo. —Busqué en el bolso, saqué una tarjeta del aparcamiento y la deslicé en la rendija. La moví un poco—. Vaya, la puerta está abierta.

—Madre mía —soltó Ryan—. Abby acaba de forzar la entrada de un apartamento. Tía Leslie, ¿vas a sacar el arma?

— ¿Qué? —preguntamos Leslie y yo al mismo tiempo.

Ryan se puso en posición de ataque y lanzó dos puñetazos rápidos seguidos. —Yo voy delante.

—Tranquilízate, Bruce Lee. —Lo agarré del cuello de la camisa y tiré de él hacia atrás.

Entré primero. Las luces estaban apagadas y la habitación estaba a oscuras, salvo por la luz que entraba por la puerta. Encendí una lámpara cercana y Leslie abrió la cortina.

—Su bolsa sigue aquí —dije señalando el equipaje de mano marrón junto al pequeño sofá—. Habrán madrugado.

—¿Alguna idea de adónde pueden haber ido? —preguntó Leslie.

Me encogí de hombros. —Quizá a desayunar.

—¿Liu o Po Po tienen móvil?

—De Liu no estoy segura, pero Po Po nunca quiso uno. Aunque sí tiene mi número —dije mientras me acercaba a la cocina—. La tetera todavía está caliente. Nos las hemos perdido por poco.

Leslie frunció el ceño. —Es importante que hable con ella cuanto antes.

—No eres la única —dije por lo bajo al pasar. Saqué un bolígrafo del bolso y dejé una nota en la mesa de la cocina para que Po Po me llamara.

Salimos del apartamento y los niños se metieron en la parte de atrás del todoterreno mientras Leslie y yo nos quedábamos fuera para seguir hablando.

—¿Qué vas a hacer ahora? —pregunté.

—Emitiré una alerta para localizarlas.

Asentí.

—Si llama, le diré que no se mueva de donde está.

—¿Cómo lo llevas?

Me encogí de hombros.

—Intento mantenerme positiva y pensar que todo esto es un gran malentendido, pero es difícil después de lo que hemos descubierto. No puedo evitar pensar en lo peor: que Peng y Po Po estén metidos de verdad en este lío.

—Ya hemos hablado de esto. Tienes que quitarte esa idea de la cabeza.

—Ya, pero es difícil no tener respuestas a tantas preguntas.

—Las dos necesitamos respuestas.

—Solo espero que no empeore. No quiero estropearles el viaje a los niños. Se lo están pasando genial.

—No tienen ni idea de lo que ha pasado, ¿verdad?

—No. Y prefiero que siga así. ¿Necesitas que haga algo?

—Sí. Ve a pasártelo bien con Ryan y Lucy. Haz lo que tenías planeado, y si hay novedades, te aviso.