Kowloon Bay (Thriller del FBI de Abby Kane 6) CAPÍTULO TREINTA Y OCHO
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CAPÍTULO TREINTA Y OCHO

Leslie y yo quedamos en que ella vendría al hotel a las ocho de la mañana siguiente e iríamos juntas al apartamento de Liu. No me quedaría más remedio que llevar a Ryan y Lucy. Solo esperaba que este lío no fuera a peor.

En cuanto Leslie se fue, miré la hora. San Francisco iba dieciséis horas por detrás, así que allí serían las siete de la mañana.

Cogí mi teléfono móvil y marqué el número de Reilly en la oficina.

Sonó más tiempo de lo habitual, y empecé a pensar que quizás aún no había llegado.

Justo cuando estaba a punto de colgar y probar en su móvil, contestó.

—Reilly al habla.

Sonaba algo agitado al contestar.

—Hola, soy Abby. ¿Te pillo en mal momento?

—No, oí sonar el teléfono desde el pasillo y algo me impulsó a correr a mi despacho a contestar. ¿Por qué llamas, Abby? Se supone que estás de vacaciones.

Puse a Reilly al día lo más rápido y conciso que pude. Escuchó en silencio, salvo por algún que otro murmullo de asentimiento.

—Vaya, Abby. Ni siquiera sé por dónde empezar. Todo suena un poco descabellado.

—Ojalá fuera así.

—Bueno, en primer lugar, lamento mucho oír esto. Sé que investigar el asesinato de tu marido te dejó muy tocada. Esto debe… espera, ¿estás bien? ¿Necesitas tomarte un descanso? Quiero decir, aparte de lo que ya tenías planeado.

—Estoy bien. Te agradezco la preocupación, pero lo que de verdad necesito es ayuda para identificar este cuerpo.

—Mira, Abby. No soy de los que se andan con rodeos.

No tenemos jurisdicción allí. Lo sabes. No puedo asignar oficialmente personal a colaborar con la Policía de Hong Kong a menos que ellos soliciten formalmente nuestra ayuda.

E incluso entonces sería difícil de justificar porque no hay estadounidenses implicados. Al menos eso parece.

—Pensé que habría alguna forma de implicar al FBI, ya que conseguiste autorización para que colaborara con la Policía Real Tailandesa en una investigación anterior.

—Esa situación era diferente. Era nuestra investigación desde el principio. Les informamos de que sus ciudadanos estaban en peligro y ofrecimos nuestra ayuda.

—Ya veo.

Bueno, pues ahí quedaba eso.

—Lo siento, Abby. Sé que no es la respuesta que querías, pero hay un protocolo que debo seguir. No veo ninguna razón que justifique nuestra intervención.

—Valía la pena preguntar.

—Siempre vale la pena. Pero quiero asegurarme de que te queda claro. No voy a enterarme más tarde de que fuiste a mis espaldas y pediste un favor a tus amigos de forense, ¿verdad? Si me enterara de algo así, sería claramente un caso de insubordinación. ¿Entendido?

—Absolutamente.

—Vale, entonces ¿queda claro que no voy a oír nada más de esto?

—Clarísimo. No oirás ni una palabra al respecto.

Y no tendría que hacerlo, porque Reilly acababa de indicarme exactamente qué hacer y cómo mantenerlo en secreto para poder negarlo todo llegado el caso.

Nada más colgar, llamé a otra agente de mi confianza, Tracy House.

Me había mencionado en el pasado que tenía una relación estrecha con el equipo forense.

—Abby, ¿qué tal Hong Kong? —dijo con voz animada.

—Ni te cuento.

Por segunda vez en apenas unos minutos, repasé los detalles del caso de la momia y la posible implicación de Peng.

—Dios mío, Abby. Esto es… ni siquiera sé qué decir.

—Estoy bien. Todos aquí estamos bien.

—¿Ryan y Lucy…?

—No tienen ni idea de lo que está pasando —dije—. Pero Tracy, necesito tu ayuda para identificar los restos.

La puse al corriente de mi conversación con Reilly.

—Sí, por supuesto. Tengo una buena relación con un agente de forense.

Estoy segura de que estaría dispuesto a ayudar extraoficialmente.

Y lo mantendrá en secreto. No puedo prometerte que identifique el cuerpo, pero al menos puede empezar hablando con el médico forense para ver qué tipo de ayuda puede ofrecer.

Como mínimo, podemos pasar el ADN por el CODIS y ver si hay coincidencias.

—Gracias. Eso es exactamente lo que necesitaba oír.