CAPÍTULO QUINCE
En la sede de la Policía de Hong Kong, Leslie había pasado la mayor parte de la mañana enfrascada en el papeleo cuando unos golpes en la puerta la distrajeron.
—¿Tienes un minuto? —preguntó Lee, asomado a medias en el umbral. Sostenía una pequeña caja de cartón con una gran mancha de aceite en uno de los lados y de la que salía un aroma delicioso.
—Sí, estoy intentando ponerme al día con estos informes. Parece que cada maldita cosa hay que documentarla para algún archivo que nadie consultará jamás.
—¿Crees que esto es mucho? Deberías ver la cantidad de documentación que tenemos que generar en Inteligencia Criminal —dijo mientras tomaba asiento y dejaba la caja sobre el escritorio—. A veces me siento como si estuviera escribiendo una versión moderna de Guerra y paz .
Leslie se rio mientras Lee abría la tapa de la caja.
—Supuse que todavía no habrías comido. Empanadillas de cerdo —dijo.
—Acertaste —se inclinó hacia adelante y observó brevemente los bocados en forma de media luna antes de coger uno especialmente gordito de la caja. Con el primer mordisco, la boca se le llenó de la tierna y jugosa carne de cerdo.
Lee hizo lo mismo y habló mientras masticaba.
—He estado investigando y conseguí el nombre de la empresa que construyó el edificio: Lotus Development.
—Muy bien, ahora sí que avanzamos —Leslie se metió el resto de la empanadilla en la boca y la mejilla izquierda se le hinchó como a una ardilla. Masticó y se limpió los dedos con una servilleta mientras esperaba a que continuara con las buenas noticias.
Lee tragó.
—Por desgracia, eso es todo lo que tengo. La empresa cerró hace tiempo y no consigo encontrar más información sobre ellos. Parece que construyeron un solo edificio y cerraron.
—Parece poco probable —dijo Leslie, echándose hacia atrás y frunciendo el ceño—. ¿Quién era el propietario?
—Buena pregunta. Esa parte de la documentación estaba en blanco.
—¿Nunca se registró? —cogió otra empanadilla.
—No, más bien parece que el registro se actualizó sin incluir el nombre del propietario.
Está fechado un año después de la construcción del edificio.
Parece que alguien quiso tapar las huellas a posteriori.
Seguiré indagando a ver si el registro original aún existe —Lee movía las piernas nerviosamente mientras daba cuenta de su tercera empanadilla.
—Tu conversación con Sheila Yang, ¿dio algún resultado?
—No estoy tan segura de que sea la responsable —dijo Leslie mientras se quitaba un trozo de empanadilla de la blusa—.
Es la típica casera explotadora, solo que sus inquilinos son pequeños negocios, no familias.
Compra edificios y les saca hasta el último céntimo antes de vender el terreno.
Esa mujer no invierte ni un duro en sus propiedades.
Dudo que tirara una pared, escondiera un cadáver y luego la tapara. Le habría salido demasiado caro.
—Mucha gente mata por dinero. Y si es tan capitalista como dices, quizá encontró la manera de sacarle partido a un inquilino anterior.
Cobro de seguro. Extorsión. Puede que el dueño del negocio anduviera metido en algo turbio, ella se enteró y lo chantajeó.
Él se negó. La cosa se les fue de las manos y alguien acabó muerto.
—Qué va, ella es de las que buscaría un nuevo inquilino y cuando el anterior llegara a la oficina al día siguiente, se encontraría con las cerraduras cambiadas y otro negocio ya instalado.
No haría nada que pudiera interrumpir sus ingresos.
Exprime a los inquilinos igual que a los edificios.
A menos que podamos demostrar que sacaba algún beneficio económico de matar a alguien, no creo que sea la responsable.
Pero oye, habla con Sheila y mira si puede darte una lista de todos los negocios del edificio, y fíjate en los que tenían sus oficinas cerca de esa pared.
Lee cruzó las piernas.
—Tenemos que averiguar quién era el dueño de Lotus Development. Las preguntas más obvias siempre son las más difíciles de responder. Tengo buenas noticias sobre el esqueleto. Hablé con el Dr. Fang. Encontró dos muestras de ADN distintas.
Leslie arqueó una ceja.
—Tenemos el ADN del asesino.
—Eso mismo pienso yo. Por desgracia, ya cotejó ambos perfiles con nuestra base de datos. No hay coincidencias.
—Aun así, esto cambia las cosas. Mantengamos a Roger Song y Sheila Yang en el punto de mira.
Mira si están dispuestos a dar una muestra de ADN.
Puede que tengamos suerte y coincida con el segundo perfil.
De paso, pregúntales por socios comerciales, familiares, novios o novias. Avísame si aparece alguien interesante.
—Lo que has dicho de los inquilinos —dijo Lee mientras se limpiaba los dedos y la boca con una servilleta—. ¿Crees que lo hizo uno de ellos y Sheila no tiene ni idea?
—Es posible. Investiguemos a fondo.