Kopk poj: el aliento de la montaña Mutööjk vaktany (tercera pausa) #3
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Mutööjk vaktany (tercera pausa) #3

Pero qué vida le daríamos, puro patrimonio contradireccional, despropósitos existenciales, el nunca haber sido lo que sus otros anteriores sí fueron, aunque a medias.

Porque Mönse sería una akats, una extranjera de sí misma.

Escucharía mucho esa palabra en Jyajöma'am, disparada contra ella.

Se reirían de su sensibilidad y de su búsqueda: «¿Para qué viniste?

», «¿Por qué tanta pregunta?», «Seguro te van a pagar mucho con toda la información que te lleves».

Ella misma se descubriría akats: «Eso soy, tampoco es que estén inventando».

Llegaría a Jyajöma'am para enterarse. Una tesis sería el pretexto, nacida del lodazal identitario de una indígena urbana (¿estadio proto o post akats?).

El marco teórico del sentipensar , muy pinche, muy jipi, no le serviría para ni madres.

No querría quedarse mucho tiempo, aunque había estado muy emocionada por ir.

Pensaba que allá le agarraría la onda a la vida: ayoopa.

Cuando entró a la universidad, recargó la identidad en la idea de aquel pueblito de donde llegó su papá, del cual casi no hablaba.

Se volvió indígena urbana hasta entonces, porque antes no le había significado el hecho de que su ombligo lo había tirado a la basura una enfermera del ISSSTE .

Pero no recibiría la bienvenida esperada: ¿Qué de la supuesta bondad proverbial de nuestros hermanos indígenas ?

, se preguntaría, agüitada: Castigan la emigración y a los migrantes, y no abrazan los esfuerzos por regresar.

Se burlan de mis intentos por hablar mixe.

Mi pecado es ser morena y haber tenido familia acá, porque a los extranjeros los reciben de otra manera y les celebran sus balbuceos.

Les autorizan cualquier proyecto, o ni les dicen nada si no se presentan con las autoridades al llegar, para pedir permiso, se desahogaría Mönse con su almohada o quizá con un gato.

Obvio que esto no lo voy a poner en la tesis: mi asesora es una frezapatista que imita al Sup Marcos al hablar: que la otra geografía, que el giro decolonial, que el México profundo, bajar y no subir, a la izquierda de la tierra, falta lo que falta y todas esas cosas, se burlaría resentida.

Tal vez, continuaría encanijada, si yo hubiera sido hombre, no tendría que reconstruir nuestra historia haciendo trabajo de campo, buscando pistas, entrevistando desconocidos (por más familiares que sean), transcribiendo grabaciones llenas de ruido o descifrando viejas anotaciones manuscritas; tal vez mi papá me la habría contado de a poquito, entretejida en mi infancia y crecimiento.

—¡Pero no fue así y ya no será nunca! —exclama Ixyam con furia, frustrado quién sabe si por un bloqueo escritural o, muy al contrario, por miedo a que las palabras fluyan y lo obliguen a permanecer: atisba, más que una motivación, un pendiente—.

Peor para ella o tanto mejor. No ser, después de todo, es una bendición: La Bendición —hace una señal en el aire, evocando a Salieri en el manicomio, en la de Amadeus —.

Pero si nace, no voy a abandonarla así nomás por ahí, tendría la obligación moral de obsequiarla, antes de irme, como Pablo a Harry Haller.

Mejor dicho: como Hesse a su Lobo estepario (aunque al final se la cambiara por carcajadas burlonas): Ahora, sin temor y con cordial alegría, va usted a entrar en nuestro mundo fantástico, empezando, como es costumbre, por un pequeño suicidio .

—El problema con un final así, es decir, con el suicidio cuando lo haces parte de tu proyecto estético escritural, es que nunca llegas a saber si funcionó —le responde Jotvij con una tristeza suave, cuando escucha repetido el anhelo, expresado con burda y escasa oblicuidad.

Interpreta, en el exabrupto y en las huellas dejadas a lo largo del texto, el afán autoral de realización en el plano real de esta ficción.

Se voltea para no mostrar tribulación. Ella tan fuerte, demasiado para su desgracia: hace años que lo carga, ¿nomás para que ahora se rinda?

No es justo. ¿Pero justo para quién? ¿A quién le debe nada?

¿A ella? ¿A los espíritus de su pueblo? ¿A los chismosos de allá mismo?

Antes le hizo una petición: ahora no va a pedirle nada.

¿Por tristeza o por coraje? Se queda mirando hacia la ventana: pasa un avión dejando su estela.

El cielo es gris, gris sucio, gris ciudad.

Empieza a aclarar. El sol entra a través de las rendijas de las nubes y de la persiana: se inclina en rebanadas paralelas sobre la cama.

Escucha la respiración tranquilizada por la pulsión reiterada del botón que segrega el opiáceo intravenoso: invocación sagrada del Kontoy del Tramadol, como dice Kumaapa.

Las sábanas con el escudo de la institución cubren hasta la cintura a su enfermo, a Ixyam Dolor: ése es su nombre.

Un brazo flaco sobre la frente, para evitar la refulgencia, mientras trata de dormir.

La luz, otra vez la luz colándose por todas partes, impertinente, incontenible.

Los pitidos de los aparatos, las pisadas de los trabajadores, las quejas, los cartones mojados, la comida insabora, las enfermeras malhumoradas, los respiradores de abanico, las ganas de vomitar, los aviones, los grises sucios, la calzada, las sábanas, el quinto piso, las gotas panzonas: la vida.

—Vámonos, pues. Voy a hablar con la trabajadora social, a ver si te quieren dar el alta. Las Barrancas son muy bellas. Yo te llevo. Yo te suelto.

The tears gathered more thickly in his eyes and in the partial darkness he imagined he saw the form of a young man standing under a dripping tree.

Other forms were near. His soul had approached that region where dwell the vast hosts of the dead.

He was conscious of, but could not apprehend, their wayward and flickering existence.

His own identity was fading out into a grey impalpable world: the solid world itself, which these dead had one time reared and lived in, was dissolving and dwindling. 2

1 Tu mamá siempre dijo que eras el elegido, / uno en un millón, dijo: Eres uno en un millón, / tienes que quemarte para brillar, / pero naciste bajo un mal agüero, / con una luna azul en tus ojos.

2 A sus ojos, las lágrimas crecieron en la oscuridad parcial del cuarto y se imaginó que veía una figura de hombre, joven, de pie bajo un árbol anegado.

Había otras formas próximas. Su alma se había acercado a esa región donde moran las huestes de los muertos.

Estaba consciente, pero no podía aprehender sus aviesas y tenues presencias.

Su propia identidad se esfumaba a un mundo impalpable y gris: el sólido mundo en que estos muertos se criaron y vivieron se disolvía consumiéndose.