Kopk poj: el aliento de la montaña Capítulo 6. Brígida - vals #4
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Capítulo 6. Brígida - vals #4

Quién sabe por qué, a lo mejor por los cristeros o por los carrancistas o los insurgentes, alguno de ésos; pero era cierto lo de que casi no llegaban de gente para gente en ese momento (lo de que no me convenía leer la propaganda rusa quién sabe), porque mi tío Enrique, un hermanito sordo de mi mamá, era cartero, y se dedicó a tomar cuando lo despidieron en el último envío: «Estimadísimo(a) Sr. (a.): No necesitamos más de su esfuerzo.

Haga el favor de cerrar la oficina. Alguien más se encargará de relevarlo.

Sirvan estas letras como reconocimiento y finiquito.

La patria agradece su servicio». Ni por su nombre se dignaron en despedirlo, el sobre nomás decía en el destinatario: «Para personal de correos.

Confidencial», con letras rojas. Uno siempre quiere leer su nombre cuando recibe una carta, por más feo nombre y por más feo asunto.

Luego, para peores, el nuevo gobierno mandó a un empleado que sabía usar el teletipo.

Todo el pueblo se juntó para ver trabajar al telegrafista, en una cosa que parecía máquina de escribir, con un teclado perforador y una impresora que transformaba en letras las señales.

A Giovanni, entre semana, le llegaban ahí las noticias y órdenes desde su inspectoría, y en domingos, le llegaban desde el cielo.

Yo nunca pude asomarme y le pedí a Mónico que no me escribiera en esas máquinas.

Claro, quería ver el teclado perforador y la impresora que transformaba en letras las señales, pero no iba a traicionar a mi tío.

En vez de hacerle la gacha con las máquinas ladronas de trabajo, prefería ir a acompañarlo un ratito por las tardes, llevarle su aguardientito y escuchar sus historias, aunque se durmiera y me quedara yo sola, pensando en Mónico y en sus cartas que tardaban tanto.

¿Más aguardientito? Recibe, es con buena intención.

Yo sé que me demoro. A pesar de todo, tenía la esperanza de que ellos regresaran hoy y nos encontraran acá sentados, como si fuéramos muy amigos.

¿Qué pasaría entonces? ¿Se pondrían violentos o platicarían de buena manera?

Yo sé que no nos conviene hacerte enojar.

La misma casa está preocupada, ¿puedes percibirlo?

Desde que Mónico se vino a vivir conmigo, es como si tuviera otro color, como si hubiera aprendido a cantar, canciones bonitas pero exaltadas, prontas a la cólera: Mónico y tú saben más de eso.

Hoy las lajas de la pared parecen turbias, como dentro de un arroyo revuelto.

Todavía cantan, pero preocupadas. No tristes, más bien alebrestadas.

¡Ay, mi casa se sabe todas las piezas que ha escrito el señor director!

Juntas escuchamos los ensayos y nos corregimos una a la otra si las tarareamos mal.

Bueno, ya: ¡llévame a mí y que se quede mi hijito!

Eso te quiero pedir. No te puedo ofrecer mi niñez, pero sí todo lo que me queda de vida: ¿a poco es poca cosa para ti?

¿Cuánta gente puede verte a los granos sin asustarse como yo?

Yo me voy contigo a cuidar tus flores, pasando el río, y a vender las historias y los momentos que tú me digas, y a persogar a tus animales, pero no te lleves a mi Fila.

Déjalo aquí, hazme ese grandísimo favor, su papá sabrá llevarlo por tus veredas.

Cuando llegue el momento, sabrá darle su respeto y aceptará con humildad su papel secundario en la leyenda que estás escribiendo.

Nosotros estamos de tu lado. Aunque hayamos obrado mal, fue por olvido: andamos todos confundidos, con los cuellos torcidos de tanto mirar al cielo, cuando tendríamos que mirar a la tierra.

Estamos extraviados, igual que tú. Filarmónico es la respuesta a nuestra tragedia y tú lo sabes: si él no encuentra la respuesta, nadie podrá hacerlo.

La prueba será dura para Mónico y menguará después de pasarla, mas su amor es mayor a su egoísmo, yo lo sé.

Estoy segura. Esto es lo que te pido, pues: confía en nosotros y llévame a mí.

¿Sí? ¿Aceptas? ¿Ya ya? Canijo, ya lo habías planeado, ¿verdad?

Pero ¿qué van a decir cuando vuelvan y no me encuentren?

¿Van a sospechar? Aunque sea avísales en sueños.

¿Me voy a llevar mi cuerpo o nomás me voy así?

No importa, ya está decidido, no es necesario regatearle.

Sí, estoy segura, nadie me obliga: en Mónico confío. Haz tu trabajo: yo no te tengo miedo.

1 Sabios y adivinos. Literal: conocedores de los días .

2 Lugar de los Caballos (paraje).

3 Piel de la Culebra (paraje).

4 ¡Híjole! Está complicado. ¿A poco eso le pasó a don Mónico?

5 El jefe; el patrón.

6 Animal guardián.

7 Tamal de frijol peculiar.

8 Voy por él cuando pasen siete años y lo quiero bien comido y respetuoso. Así me lo ofrendan.

9 En ayöök, el tiempo sigue una lógica vertical: myin kyuvut ( viene subiendo ). Cuando se habla del futuro, éste baja: myin kyeta'aky ( viene bajando ).

10 Señor del Cerro. Literal: corazón, estómago o interior del cerro .

11 Literal: Tres Resorteras . Es el nombre en mixe de la Osa Mayor.

12 Extranjeros; no-mixes.

13 Día del calendario mixe de 260 días (existen otros). Literal: trece-viento .

14 Tamal de masa.

15 Modismo oaxaqueño para las personas de ojos claros.