Kopk poj: el aliento de la montaña Capítulo 5. Felícitas - maitines
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Capítulo 5. Felícitas - maitines

Felícitas - maitines

La Esdrújula correosa detestaba la puntuación Las pausas le parecían pérdida de tiempo Aunque ya la ancianidad la rondaba Se cargaba al pequeño acento sobre la espalda mientras trabajaba Amarraba con su rebozo a aquel regalo tardío de la vida y seguía echando tortillas Toda chapeada

Un mal día, temido mucho tiempo, aplazado todo lo posible, vinieron por el acentito y se lo llevaron, La Esdrujula bajó el ritmo, apesadumbrada, Caminó más lenta, sí, pero no se detuvo, Admitió comas, qué le iba a hacer, pero puntos no, todavía no,

Conforme más envejecía, la Esdrujula iba haciendo concesiones sin perder la secreta esperanza de durar para un reencuentro con la tildecita; La ortografía intransigente trataba de imponerle puntos y seguido y ella, testaruda, los volvía puntos y coma; Prescribía la preceptiva gramática puntos y aparte: Pos no, dos puntos y si quieres, rezongaba:

Pero la vitalidad se escapaba con cada párrafo; Con arrestos de voluntad derrotó uno, dos y hasta tres puntos finales ya tecleados, tanto deseaba la reunión: el primero lo borró y volvió rejuvenecida El segundo lo tachoneó, pero no le fue posible evitar la huella x El tercero ya no pudo eliminarlo y agregó puntos suspensivos, en prolongada agonía...

Hasta que le llegó la puntuación definitiva, partícula ínfima y rotunda donde acabó su existencia textual y pasó a vivir en la memoria.

Las historias fundacionales se trajean con el aliento de la palabra hablada y crepitan junto con el fuego a cuyo alrededor se relatan, lejos de la dictadura de lo escrito: sólo mueren si dejan de contarse