Kopk poj: el aliento de la montaña Capítulo 2. El deslenguamiento - obertura #5
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Capítulo 2. El deslenguamiento - obertura #5

A través de Mónico (aunque no al grado que él) experimento el trance hasta acá, hasta esta residencia de enfermo: él con el entendimiento preclaro (aunque humillado), yo con estos dedos artríticos.

¿Transcribo? ¿Traduzco? ¿Observo? ¿Escucho?

Dificultoso embrollo para ka'amaypata, 21 cuantimás para mí, con las escasas herramientas verbales y los todavía más exiguos conocimientos musicales con los que cuento.

Y, sin embargo, yo, Ixyam Dolor, le arrebato la voz al impotente Narrador, justo en el momento en donde mostraría su verdadera valía o naufragaría en el intento.

Le quito la gloria o le evito la condena, no por malicia ni benevolencia, sino por una inercia incontenible, inconmensurable: juego hermenéutico y metatextual, rústico pero inexorable.

Veo la música formarse y me digo: no es hija mía, ni en mi sueño más canábico podría imaginar un organismo así de inaprensible.

Atraviesa mi joot 22 —donde habitan nuestros sentimientos—, recorre los intestinos hinchados por la enfermedad inflamatoria y los apacigua, calma los retortijones.

Como el lector que prepara un lápiz para subrayar —del número más tenue para ofender lo menos posible al libro entrañable—, cierto de que se aproxima un pasaje conmovedor; así espera mi cuerpo, así se agazapan también mis ardores, atentos a los sonidos y a las letras.

Me llovizno sobre este párrafo porque deseo oír-ver-leer El deslenguamiento , la obertura en tres movimientos que tiene Mónico en las manos.

El prólogo construye la atmósfera —la preciosísima escenografía de la tragedia—, presenta ante sus oídos el instante previo al alba: ookpö'ö.

23 La sección de cañas, en divertimento , hace acudir una alborada como en los días en que la niebla —prima hermana de la lluvia y huésped asidua de la sierra—, se retira del pueblo y se recuesta más abajo, en las cañadas y oquedades menos altivas.

Entonces es posible divisar el mar mixe: ¡poo'p vinïts nëma'a!

24 Por un encantamiento, al observar ahí donde existen colinas, veredas y pueblitos, ahora se divisa un piélago, justo en medio de los cerros, como si un tsunami hubiese triunfado sobre la tierra firme, un océano que en vez de aguas saladas está hecho de nubosidades lechosas, camas acolchadas dignas de querubines.

Ya se levanta el sol, ya el blanco refleja los rojos, los naranjas, los amarillos, los púrpuras y muchos colores más que sólo el pintor podría nombrar.

Pausa. Un decrescendo suave, metálico, y el océano de neblina se observa desde la quietud de la noche.

Puede oírse en una tuba el crepitar de las olas y en los clarinetes y trombones los sonidos que emiten los animales fantásticos habitantes del ponto montañés.

Entonces la luna recibe en premio a la paciencia mostrada durante el día su turno para adornar a su manera la cara del mar mixe: un sutil allegro ma non troppo da cuenta de los rayos de luz blanca que iluminan acá y allá las siluetas mortecinas, verdeazuladas, y es posible apreciar el supremo esfuerzo con que algunas montañas, más fuertes que sus hermanas, logran asomar la cabeza sobre la superficie.

¡Y los olores! Los aromas activan remembranzas, ¿mas pueden materializarse los olores en la mente, a voluntad, como sucede con los colores, las imágenes y los recuerdos?

Quid del cambio de compás, pues acompaña al día en contrapunto con la noche una olimpiada de olores en que compiten: poo'pxuuk, 25 tsaptsöö'k pïj 26 y mutap pïj, 27 akaa'py pïj, 28 xöökpa öjts 29 y muchas más.

En esa competencia cada una despide su propia fragancia hasta que mil olores se funden en uno, y es aquel aroma la auténtica definición de lo inefable.

Cuando los descastados recuerdan la tierra abandonada donde nacieron, es aquel olor lo primero que perciben, el pecho se les inflama y las lágrimas aparecen en sus ojos mientras cantan conmovidos: Pueblito que estás / allá en la montaña / donde mi madre vive sin mí .

Pero me tardo y la música no espera: Mónico, convertido en estatua, ya va en el segundo movimiento, cuando la sinfonía se vuelve una paradoja creadora, no de escenarios sino de acciones irrealizadas, de verbos muertos en la misma enunciación.

Si el universo vibró por primera vez con la sílaba Om , si las escrituras védicas tienen razón sobre el brote de la singularidad primigenia a través del sonido de la existencia en camino hacia su misma realización, el segundo tema solamente puedo describirlo como un Shabda Brahman abortado: un intento malnacido, condenado al desnucamiento desde la misma gestación.

Es una cantata escrita para barítono y tenor.

Es un mantra con el cual podría responderse a la pregunta que mueve a Los pasos perdidos hacia la teoría que explicaba el nacimiento de la expresión rítmica primordial , si no feneciera antes de ser entonado.

Un coro monódico, en el fondo, quiere sustantivar a un mundo neonato, paleolítico, fenomenológicamente novísimo para una humanidad ansiosa por poner nombre a todo lo que, por vibrar, merece un nombre.

No lo consigue. A lo sumo, profiere fonemas separados, inconexos.

El pentagrama indica el canto barítono en solitario.

Apenas comienza el solista y un temblor se apodera de su lengua y de sus manos, tan pronto como escucha el sonido de su propia voz.

Percibe las primeras gotas de un tartamudeo y luego se viene el aguacero.

Su rostro se enciende. Las tarolas se percatan, murmuran en un rudimento frenético, redoble de diecisiete golpes.

Entonces se apodera de él el terror: se va enmarañando con las onomatopeyas que salen de su boca pero han dejado de obedecerla.

Balbucea, chapotea en protopalabras encharcadas, se trompica con las vocales, las consonantes se le descomponen como fruta podrida.

Se burlan de él, las palabras y el acompañamiento.

Un nudo sale enredoso de su garganta y llega hasta sus piernas, avanza desde el presente y abarca toda la historia, todo el mundo: la enunciación mal parida es la metáfora de la existencia: el canto es el sinsentido, la cacofonía y la confusión; el cantante es la vergüenza y la incomprensión.

La segunda voz, de tenor, intenta superponerse ante la derrota de la primera.

Se sobresfuerza, genera ronquidos y desgañitamiento.

Se le revientan las cuerdas vocales, sangra la laringe, corroídas las anginas.

Condenado por la rotura de la garganta, la voz no es voz: está incapacitada para hablar la lengua.

¡Xäts naja! 30 ¡De eso se trata! ¡Es la pérdida del ayöök!

31 ¡Ayoopata! 32 El deslenguamiento no sabe ni decirse a sí mismo, es mutilación de lengua y pies: impide caminar la palabra.

Como Oboe de Gabriel , un saxo soprano gimotea: llanto terrible, afónico, imposibilitado de auto enunciarse.

El saxofón rezuma frases melódicas disonantes por las niñas deslenguadas, castellanizadas a golpes o privadas del ayöök por el silencio de sus padres; por cada niño que balbucea palabras de cariño y recibe burlas y rechazo por respuesta, condenado a los monosílabos, a las palabras sueltas, al fraseo roto: oy; ve'em; ka'a ëts nvinmotu; ¿jomait jayu mits?

, ¿yajit?; minï m'ätsta, miitsta jayu, minï m'ätsta tök'aa tökjoot, mits ëm tseev, mits ëm kääm ; öx, xyam, kep jats vëjxkm; mex, ka'a xyakke'ex; tyosmeep, tëk'ëk; ¿tyïvame'e mtaaya?

; jä nayjëp; tö'k, mäjtsk, tööjk, maktaaxk, mukooxk, töjtïk, vuxtöjtïk, tö'ötöjtïk, taaxtöjtïk, majk; ¡amë'ët, öjala n'akupë'kxa!

; kojtspëë'kx, nito; ¡jiitatita!; jex, ka xtsii'k ja mpi'k önïk, ka'a ve'em xtun; yaks meen; va'an ti ajopimta; ¿te m'avaata?

; tunmajuvaanup ëts; ka mits myaa'tyëjka; ooy ëts ntuntukxoontïk ku ëts mits n'ix; tyos mkujö'yïxjatap ku ëts ti x'amotunaxta; maktaxk yaaxp; ananyïjoma; mukö'ök; iipx makvuxtöjt jöönt ëts; kayuvaanp ëts; ¿jats ja m'apäjkx?

, ja'm ti äjtsumta; triiste ëts njava; jekum tsyïïna; oy tyun xöxnï; pi'k; axëë'kp; oytam mits; ¡Susnasarenujï!

; ¿pënts mits mtaak?; ¡malaya mtaak!; Mää'kxtap miits, oytöö'ta'akyam Nte'yam mmo'ojatat, xënajxïn jats tsönajxïn ; nkukëjtsp ëts jayu pën ëts ti xvotsëv yaja…

33 Mónico casi desfallece antes de entrar en el tercer acto: la conmoción lo mantiene en pie, no puede ni desmayarse.

Intenta parar. No debería, porque el último tema contiene la salvación: es una rapsodia antimexicana de venganza y revitalización lingüística, estilo western de Kurosawa: la sobrevivencia de un universo y de sus cantos.

La filarmonía se torna narrativa, morriconesca…