Knox (Romance militar de héroes alfa nº 7) Capítulo veintiséis #2
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Capítulo veintiséis #2

—Teníamos planeada una operación para sacar a aliados del teatro de operaciones. Estábamos listos para partir. Pero con nuestro intérprete muerto, no podíamos comunicarnos con nuestros contactos sobre el terreno.

—Esos valientes intérpretes valen su peso en oro.

—Hablando de oro, dimos con un filón —dijo Kane.

Frunció más el ceño.

—Encontramos a una trabajadora humanitaria contratada por una ONG, una doctora estadounidense que dirigía un centro de alimentación y una clínica para mujeres y niños en la zona. Resultó que la doctora hablaba el dialecto.

—¿Quieres decir que había organizaciones no gubernamentales que todavía tenían personal trabajando en vuestro infierno?

—Sí —dijo Kane.

Hizo girar el destornillador entre los dedos.

—Esta doctora era valiente de cojones y lo estaba petando en un puesto peligroso que nadie quería.

Se suponía que mi equipo debía retirarse de la región pronto, pero necesitaba apoyo lingüístico para cumplir mi misión.

La Dra. Alix aceptó ayudar. Trabajamos juntos durante casi cuatro semanas y luego…

—Algo le pasó al Dr. Alex.

—Alix. El nombre es Alix —dijo Kane.

Su pecho se desinfló con un largo resoplido.

—Sí. Algo le pasó a ella.

—¿Ella? —graznó.

—Sí. Ella. Desapareció sin dejar rastro.

—Joder.

Una trabajadora humanitaria, una doctora estadounidense atrapada en tierra hostil, perdida en una zona de guerra a punto de ser invadida por maníacos genocidas cuyas creencias justificaban esclavizar a las mujeres. No se me ocurría un escenario peor para ella.

—¿Secuestrada?

—Eso es lo que creo, pero nadie lo sabe con certeza.

—¿Qué dijo su ONG?

—Que ya no era responsabilidad suya.

El ceño furioso de Kane le marcó profundas arrugas entre los ojos.

—Ella se negó a obedecer sus órdenes de abandonar el país y siguió proporcionando servicios médicos y asistencia alimentaria a los refugiados que buscaban seguridad.

La gota que colmó el vaso fue cuando su organización descubrió que estaba haciendo de intérprete para nosotros.

La echaron a patadas y la abandonaron a su suerte.

La vieron por última vez cuando los rebeldes enemigos entraban en las afueras del pueblo. Después de eso, nada.

—Eso es una puta mierda. —Consideré todo lo que Kane había dicho—. ¿Es posible que se uniera a los militantes?

—No, negativo. —Kane negó con la cabeza con una vehemencia que rara vez veía en él—. Conocí bien a esa mujer. Era buena gente.

Observé a mi hermano, incapaz de reprimir mi escepticismo. Estaba tan seguro. Demasiado seguro para mi gusto. Eso solo podía significar una cosa.

—¿Vosotros dos...?

—Sí.

Esta era la peor noticia hasta ahora.

—Involucrarse emocionalmente es un riesgo para la misión —le recordé a mi hermano.

—Lo dice el que se está tirando a su mejor francotiradora.

—Buen argumento. —Yo había cometido un pecado similar y, sin embargo, no me arrepentía.

—Lo siento —murmuró Kane—. No te merecías eso.

—Quizá sí. Al fin y al cabo, es verdad.

Kane enarcó las cejas.

—¿La vas a dejar?

—Joder, no. —Ahora no. Nunca—. Ya nos las arreglaremos. Pero volvamos a lo tuyo.

—Estaban pasando muchas cosas. —Kane luchaba por encontrar las palabras—. Parecía que el mundo se acababa a nuestro alrededor. Apenas tuvimos tiempo de conocernos.

Me tocaba decirle la verdad a mi hermano.

—Un rollo no es amor, Kane.

—¡Ya lo sé! —Luchó por controlar su furia—. Había algo más entre nosotros. Lo sentí.

Se llevó la mano al pecho y se frotó la zona del corazón. No hacía falta ser un genio para reconocer un corazón roto.

—Fui a ver a mi oficial al mando. —Kane hacía girar el destornillador en la palma de la mano—. Me pidió pruebas de vida. No las tenía. Estaba buscándolas, buscándola a ella, cuando mi unidad recibió órdenes de retirarse.

—¿Qué hiciste?

—Discutí con los mandos hasta hartarme. Pedí más tiempo, pero las órdenes eran de efecto inmediato y los mandos se negaron a hacerse responsables de Alix aunque es ciudadana estadounidense.

—¿Y su familia? —pregunté—. ¿Por qué no montaron un escándalo en el Departamento de Estado?

—Ese es el problema, Knox. No tenía familia, al menos ninguna que yo pudiera encontrar. La abandonaron en ese infierno. Nosotros la abandonamos como abandonamos a tantos otros que eran nuestros amigos y aliados.

Joder, vaya mierda.

Mi hermano creía estar enamorado de una mujer que había desaparecido y que probablemente estaba muerta en una cuneta o reducida a cenizas. Había vuelto de su misión, pero su mente seguía atrapada en el pasado.

¿Cómo coño iba a hacerle volver?

—Puedo oír tu cerebro rechinando como un viejo acorazado. —La irritación afilaba su voz—. Crees que me he vuelto loco, ¿verdad?

—Yo no he dicho eso.

—Pero lo estás pensando. —Su cara se torció en una mueca de desprecio—. Prometiste no ser un capullo con esto. Eso incluye no juzgarme.

—No te estoy juzgando. —Navegué con cuidado por el campo minado emocional de Kane—. ¿Qué pasó después de que te ordenaran volver?

—Perdí los papeles.

Una oleada de mal rollo me golpeó en las tripas.

—¿Qué quieres decir con que perdiste los papeles?

—Les dije que se metieran sus órdenes donde no les da el sol. Intenté ir a buscarla por mi cuenta, pero la base entró en confinamiento. Me sacaron del país esposado.

—Joder. —Miré fijamente a mi hermano, normalmente tan tranquilo—. ¿Desobedeciste órdenes?

—Mis órdenes no tenían ningún sentido.

Muchas cosas empezaron a encajar.

—Por eso pudiste venir a casa enseguida cuando Ken te localizó, ¿no?

Giró la cabeza de un lado a otro y se crujió el cuello.

—Estaba mano sobre mano en la base cuando llamó Ken, esperando a que llegara una decisión sobre cuándo me van a formar consejo de guerra por conducta desordenada e insubordinación.

—¿Tú? —Se me salían los ojos de las órbitas—. ¿Consejo de guerra?

—Se supone que no debemos tener corazón. —Resopló—. Pero ¿qué parte del ser humano sirve de brújula en la vida si no es el corazón?

Era una pregunta excelente, y yo me la había planteado las veces suficientes para saber que mi hermano tenía razón. Un guerrero necesita una brújula moral o corre el riesgo de convertirse en un monstruo.

—Entiendo lo que dices, pero si te declaran culpable, podrías acabar en el calabozo una temporada.

—Sí, eso también lo sé. —Se quedó callado.

—¿Cuándo lo sabrás?

—¿Quién coño lo sabe? —Parpadeó para despejarse la mirada—. Las ruedas del sistema de justicia militar giran despacio y los mandos están ocupados ahora mismo lidiando con sus múltiples cagadas. Mi oficial al mando está intentando impugnar el consejo de guerra.

—Al menos eso juega a tu favor. —Dejé escapar un suspiro de alivio a medias—. Entonces, llevas de vuelta... ¿cuánto tiempo?

—Dos semanas. La mayor parte del tiempo he estado confinado en mi alojamiento.

—¿Confinado en tu alojamiento? —Mis alarmas mentales volvieron a dispararse—. Por favor, dime que no has dejado plantado a tu oficial al mando.

Clavó la mirada en un punto lejano y no dijo nada.

Mis palabrotas fueron a peor.

—Te has ausentado sin autorización, ¿verdad?

—Más o menos.

—No hay «más o menos» cuando hablamos de ausencia sin autorización —espeté—. O tienes permiso autorizado o es ausencia no autorizada. Ya estabas metido en la mierda hasta el cuello. ¿Y ahora esto?

Resopló.

—Esto suena al sermón de hermano mayor que dijiste que no me ibas a soltar.

—¡Kane! —Se me cortó la respiración—. Sabes que esto no va a ayudar en nada, ¿verdad?

—No podía soportar estar encerrado ni un minuto más —Se le pusieron los nudillos blancos de apretar la herramienta—. Pensé que tenía que largarme y hacer algo antes de volverme loco.

—Puede que ya sea tarde para eso.

Kane me fulminó con la mirada.

—No estoy loco. Estoy decidido. Son dos cosas muy distintas.

—Me pregunto si tu oficial al mando opina lo mismo.

—Intenté obedecer. Pasé todo el tiempo encerrado en mi alojamiento, moviendo mis contactos, conectando con grupos privados que intentaban sacar de allí a estadounidenses y aliados.

Traté de encontrar información sobre el paradero de Alix.

Fue una tortura pensar en todas las cosas horribles que podría estar sufriendo…

Su voz se apagó. Se frotó los ojos. Le brillaban los dedos, húmedos de lágrimas. Nunca había visto llorar a Kane, ni siquiera de niño. Aquello me rompió el corazón que había descubierto latiendo en mi pecho el día que me enganché a Karma.

—Siento lo de tu amiga —dije en voz baja.

—Tengo que hacer algo —Clavó el destornillador en lo alto del poste con un golpe seco y lo dejó allí, vibrando, como un eco de su rabia.

Fue entonces cuando comprendí que yo también tenía que hacer algo por Kane.

—Vale —Improvisé sobre la marcha—. Lo primero es arreglar las cosas con tu oficial al mando. Necesito su nombre. Haré unas llamadas, a ver qué se puede hacer.

—Me da igual lo que me pase a mí —escupió con los dientes apretados—.

Si acabo en el calabozo, me importa una mierda.

Lo que necesito saber es dónde está Alix.

¿Está viva? ¿Está muerta? ¿Está en manos de terroristas que le están haciendo la vida imposible mientras el resto del mundo se entretiene con realities y vídeos de TikTok?

Esto era lo que pasaba cuando la realidad militar chocaba con el mundo civil y los políticos traicionaban a los guerreros que protegían la nación. Gente inocente moría y hombres y mujeres valientes se amargaban y perdían la esperanza.

—Solo la conociste unas semanas —Me tocaba a mí ser el realista—. ¿Estás dispuesto a arriesgar tu carrera y tu vida por una desconocida?

—Sí —escupió—. Esta mujer nos salvó el culo más veces de las que puedo contar. Le importábamos, Knox. Tengo que averiguar qué le pasó. Hasta entonces, no voy a dejar de buscarla.

Tal como estaban las cosas, no iba a poder hacer nada de eso si acababa encerrado en el calabozo.

Le pasé el brazo por el hombro a Kane y lo miré a los ojos.

—Vamos a resolver esto juntos.

—¿Cómo? —Parecía tan abatido que me daban ganas de llorar.

—Aguanta, hermano —Me forcé a sonreír—. Tengo algunas ideas.

***

Karma