Knox (Romance militar de héroes alfa nº 7) Capítulo veintiuno #3
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Capítulo veintiuno #3

—Foto de la detención. —Trev nos fue guiando con clics del cursor—. Documentos de transferencia de Interpol y la comunicación cifrada que informó de su captura a la CIA, que lo confirmó a Seb.

—Hasta ahora, todo bien. —Knox se removió a mi lado—. ¿Dónde está Gustav ahora?

—Está en un centro de detención, esperando la extradición, charlando con algunos de nuestros amigos del Servicio de Inteligencia Británico. —Trev puso en pantalla una imagen granulada en blanco y negro del hombre, una imagen que sin duda había hackeado de los servidores seguros de alguien.

Ese era Trev: sólido, íntegro y legal... hasta que dejaba de serlo, dispuesto a saltarse las reglas cuando hacía falta para conseguir lo que necesitábamos.

—No están sacándole mucha información. —Trev mostró una secuencia de transcripciones donde Girard Junior admitía su identidad pero poco más—.

El papeleo de Madrid parece legítimo, pero investigué a quienes lo firmaron.

El agente que figura como responsable de la detención de Girard Junior y el jefe de seguridad del aeropuerto recibieron unos buenos fajos en sus cuentas esta semana.

—¿Crees que alguien les pagó para detener a Gustav? —pregunté.

—No lo creo. Lo sé. —Trev puso otra imagen en una de las pantallas—. Rastreé el dinero hasta este pedazo de mierda. Se apellida Elrod. Es un importante narcotraficante y traficante de armas de Europa. ¿Y sabes qué? Era uno de los principales clientes de Girard y amigo de Gustav.

—A la mierda. —Me empezó a doler la cabeza de verdad—. Estás diciendo que Elrod montó todo el arresto y se lo pasó a Interpol, que se lo pasó a los británicos, que se lo pasaron a la CIA, que nos lo pasó a nosotros.

—Afirmativo. —Los dedos de Trev seguían aporreando el teclado—. Por eso mi equipo no detectó que Girard entrara en España. No hay registro de que pasara por la aduana. Alguien conspiró para informar de que lo habían capturado, alguien con intereses en Gustav y su padre.

—No lo entiendo —reflexionó Gracie en voz alta—. ¿Por qué iba Gustav a entregarse?

Knox se dio una palmada en la frente justo cuando yo caí en la cuenta de adónde iba esto.

—No se entregó.

—¿No? —Gracie frunció el ceño.

—No. —Trev puso dos fotos de Gustav Girard una al lado de la otra—. A la derecha, una foto ampliada de Gustav Girard que Mac tomó durante su vigilancia en Malta. A la izquierda, la foto del arresto de Gustav Girard en Madrid. Echad un vistazo a esto.

Trev pulsó una tecla y activó el programa de perfiles faciales de BB, uno de los más avanzados del mundo. Aparecieron varias líneas que medían las distancias entre los rasgos de ambos hombres. Se me escapó un jadeo cuando vi que las medidas no coincidían.

—Joder, no me lo puedo creer. —Se me cortó la respiración—. Son dos hombres diferentes.

Knox gruñó.

—Si ese no es Gustav Girard, ¿quién demonios es?

—El hombre detenido es un pariente cercano de Gustav Girard.

—Trev hizo aparecer documento tras documento en las pantallas—.

Herman Girard es el primo de Gustav. Se operó en el Instituto Facial de Ginebra hace unos años.

Las notas de los cirujanos indicaban que quería parecerse a su primo, Gustav Girard.

Me sobresalté.

—Estás diciendo que...

—Que el hombre detenido se parece a Gustav Girard, pero no lo es. —Trev confirmó mis sospechas—. Las huellas dactilares de su expediente también muestran la discrepancia. Los Girard pagaron la cirugía de Herman para crear un doble de Gustav. El hombre detenido no es Gustav. Es Herman.

Knox frunció el ceño con fuerza.

—Formaba parte del plan de contingencia de los Girard; probablemente lo han usado antes para fines turbios.

—Como cuando Gustav fue a entrenar con los Spetsnaz. —En mi cabeza, las piezas del rompecabezas encajaron—. Gustav se fue a Rusia, pero nadie se dio cuenta porque su primo ocupó su lugar durante ese tiempo. Por eso nuestra inteligencia fallaba.

—Correcto. —Trev sacó extractos de varias cuentas bancarias—. A Herman le pagan bien por sus servicios. Sus ingresos se triplicaron mientras Gustav estuvo en Rusia. Eso no es casualidad.

—Los Girard lo prepararon para emergencias como esta —señaló Knox—. Gustav debió de usar a Herman como distracción, lo envió a España. A través de ese cabrón de Elrod, Herman se hizo pasar por Gustav para despistarnos.

—Lo que nos lleva a la pregunta clave. —Se me heló el estómago—. ¿Dónde está Gustav Girard ahora?

—En Inglaterra no —dijo Trev—. Eso seguro.

—Viene. —Knox empezó a dar vueltas por el reducido espacio—. Sé que está de camino.

—No sabe adónde va. —Trev giró en su silla y nos miró—. Tú y Karma no estáis en ninguna base de datos del mundo. Ni ADN, ni huellas, ni fotos, pero debe saber que su padre está en Estados Unidos, y estoy de acuerdo con Knox. Creo que está tramando algo.

—Entonces, sin conocer su destino, ¿cómo vamos a averiguar cuándo y dónde atacará? —Gracie hizo la pregunta que todos nos hacíamos.

—A veces, la mejor forma de cazar no es perseguir a tu presa —dije en voz baja.

Gracie frunció el ceño.

—¿Qué quieres decir?

—Los mejores cazadores usan cebo. Si quieres cobrar la pieza, la forma más fácil y rápida es atraer al objetivo a tu zona de tiro.

Repasé todo lo que sabía sobre Gustav, y también la información que Girard padre había proporcionado al Equipo Bravo.

Gustav era arrogante y vanidoso, pero estaba bien entrenado, bien conectado, y probablemente tenía recursos disponibles a pesar de la pérdida de Gircoin.

Su padre había admitido que tenían informantes bien situados en todas partes.

Era posible que Gustav estuviera obteniendo información desde el propio Departamento de Justicia.

—Atraigamos al cabrón a nuestra trampa. —Miré a Knox a los ojos—. Démosle un destino de nuestra elección.

—Brillante. —El orgullo que brilló en los ojos de Knox me colmó de satisfacción—. Lanzaremos nuestra propia ofensiva táctica.

—¿Y cómo lo hacemos? —preguntó Gracie.

—¿Trev? —Miré a nuestro guerrero informático—. ¿Crees que puedes cometer algunos errores «accidentalmente»? Ya sabes, soltar información sensible que lleve a Gustav a concluir que tienen a su padre retenido en un lugar de nuestra elección.

—Claro que puedo. —Trev me dedicó su sonrisa más feroz—. Kilo Whiskey, me encanta cómo piensas.