Capítulo veinte #3
—Ahora que estás en casa, Derek y yo queremos largarnos y dejarte a cargo del rancho un par de semanas. Llevamos cuatro años sin vacaciones.
—¿Yo?
Me di una palmada en el pecho y miré a mi hermano como si estuviera loco.
—¿A cargo del Río Alto?
—Sí, ¿por qué no? —intervino Derek—. Te criaste aquí. Sabes lo que hay que hacer.
Miré a los hombres que tenía delante. Éramos socios, los cuatro. Me sentía culpable por no arrimar el hombro aquí, pero yo era un SEAL, ya no un ranchero.
—Venga ya, Knox —Ken notó mis dudas—. Estamos en temporada tranquila. No venderemos hasta abril, no cruzaremos hasta septiembre y, salvo alguna despistada, las vacas no parirán hasta mayo y junio.
—¿Por qué parís tan tarde ahora?
—Es ganadería de alta montaña, tío. Derek se puso a experimentar y descubrimos las ventajas de no tener que frotar a los terneros recién nacidos para quitarles el hielo de encima y de dar a las vacas preñadas más tiempo para engordar antes de parir. Nos va bien.
—Eso explica que todos los peones estén de vacaciones.
—Exacto —Derek dio un trago a su cerveza—. Así que ahora mismo solo hay que mantener al ganado alimentado, las razas separadas y los toros lejos de las vacas. Pan comido.
—Pan comido, y una mierda —me burlé—. No hay trabajo fácil en un rancho. Que yo recuerde, es de sol a sol todos los días, más un montón de noches en vela.
—Buena memoria —se rio Derek.
—Y luego está todo el papeleo, la contabilidad, la web, los pedidos, preparar las ventas y las subastas —refunfuñé—. Ya sabes lo que odio el papeleo.
—¡Oh, oh, oh! —Karma levantó la mano como si estuviéramos en primero de primaria y ella quisiera que el profe le diera la palabra—. Conozco a gente que puede echar una mano con el papeleo.
La miré frunciendo el ceño.
—¿Quién?
—Yo —me dedicó una sonrisa deslumbrante.
—Estás de permiso —le recordé, aunque fui lo bastante sensato como para no mencionar que en ese momento veía doble.
—Se me da fatal lo de descansar y recuperarme —resopló—. Estoy cansada de descansar y agotada de dormir. Te juro que puedo encargarme de los pedidos y el papeleo. Lo hago para el Equipo Elite constantemente. Incluso me pondré las malditas gafas si dices que sí.
—No lo sé —mastiqué el filete, poco convencido—. Eso me deja a mí todo el trabajo físico.
—Le pediremos a Kane que venga a casa unos días —sugirió Derek—. Yo lo llamo.
—Además, los chicos están de camino —añadió Karma—. Pueden echar una mano.
—No estoy tan seguro —refunfuñé—. No sé si tienen madera de rancheros.
Mac y Trev eran urbanitas de corazón y dudaba que se llevaran bien con caballos, vacas y toros.
—¿Son de fuerzas especiales, como tú? —preguntó Derek.
—Sí —dijo Karma—. Están en forma, son espabilados y tienen la fuerza que necesita el rancho.
—Perfecto —Derek alargó la mano y empezó a recoger los platos—. Si pueden con el enemigo, les irá genial con los toros.
—Tíos… —sacudí la cabeza—. No estoy seguro de que sea buena idea…
—Solo son dos semanas —señaló Ken—. También es tu rancho.
Eso sí que era apelar a mi sentimiento de culpa.
—Cuatro años —Karma me sostuvo la mirada y se encogió de hombros—. Es mucho tiempo para estar atrapado en un solo lugar, aunque ese lugar sea un rancho precioso en las Rocosas. Estos chicos se merecen un descanso. ¿Qué opinas, Knox? ¿Podríamos hacerlo?
Nosotros. ¿Acababa de preguntar si nosotros podríamos hacerlo? Nosotros, como en ella y yo.
¿Karma, con ganas de meterse en el negocio familiar? ¿Era eso la oportunidad llamando a mi puerta?
—Solo estamos hablando de cuidar unas cuantas vacas tontas y un puñado de toros cascarrabias —insistió—. ¿En qué se diferencia de lo que hacemos cada día?
—Esto es un rancho, no un campo de batalla.
—Es un desafío —le pasó el plato vacío a Derek—. Se nos dan bien los desafíos.
Ken juntó las manos como si rezara y articuló sin voz: «¿Por favor?».
Parecía una decisión sencilla, pero no lo era. Las probabilidades de complicaciones eran altas. La cuenta atrás para encontrar a Gustav Girard estaba en marcha, y solo era cuestión de tiempo que lo localizáramos y fuéramos a por el cabrón.
—Puede que tenga que largarme de repente por trabajo.
—Si Kane está aquí, no habrá problema —señaló Derek—. Además, estaremos solo a un vuelo de distancia.
Cierto, pero aun así tenía otras preocupaciones. Mi equipo era increíble en combate, pero no sabían una mierda de ranchos, y mantener el rancho en pie con un equipo mínimo iba a ser una putada.
Por otro lado, quería de verdad mejorar mis posibilidades con Karma, y esta podría ser mi única oportunidad.
¿Podría usar el trabajo en el rancho para demostrarle que era más que un guerrero, alguien con profundidad y peso más allá del campo de batalla, alguien con potencial, que podría ser más que su apoyo de equipo y su follamigo, parte de su vida durante más que unas pocas semanas?
Tenía que intentarlo.
—Hagámoslo —esperaba no arrepentirme de aquella decisión.
Ken y Derek chocaron los cinco.
—Belice, allá vamos.
Me froté la cara, notando cómo un dolor de cabeza brutal empezaba a formarse detrás de los ojos mientras luchaba contra la oleada de mal rollo que se agitaba en la boca del estómago.