Knox (Romance militar de héroes alfa nº 7) Capítulo Once #2
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Capítulo Once #2

El recibidor y el baño eran las únicas habitaciones de la suite que no habían sufrido daños catastróficos.

Me arrodillé ante el estuche abierto, deslicé a Siggy en la funda de la espalda y metí a Min y la multiherramienta en el bolsillo.

Cerré el estuche, eché los cierres, pasé el brazo por las correas y me lo cargué a la espalda.

Todavía temblaba y el estuche pesaba lo suyo, pero estaba acostumbrada a cargar peso.

A lo que no estaba acostumbrada era a temblar.

Afiancé las rodillas, abrí la puerta y me deslicé al pasillo. Cerré tras de mí, apoyé la espalda contra la pared y pulsé el detonador. Otra explosión sacudió la habitación y retumbó por las paredes.

Misión cumplida.

Corrí hacia las escaleras. El ding del ascensor sonó a mi espalda. Me colé por la salida de emergencia mientras media docena de hombres corrían por el pasillo. Mis zapatos resonaron en el hueco de la escalera al bajar los peldaños a trote, sacudiéndome el polvo de la ropa.

Ahora solo tenía que largarme de aquel hotel y llegar al punto de extracción.

***

Knox

No tuvimos que esperar ni veinte segundos flotando en el agua antes de que Trev nos alcanzara.

Redujo la velocidad para recogernos. Se inclinó, agarró a Gaspar y tiró de él mientras yo me asía a una manija y trepaba por la borda de goma.

Mac se aferró a los cabos, se impulsó hacia arriba, cogió a Ram y lo subió a bordo.

—Tenemos un flotador —anunció Trev acelerando los motores.

Solté el arnés, dejé caer a Gaspar en la cubierta —tosía sin parar— y, entornando los ojos, escudriñé la superficie. Mi Stetson flotaba en las olas. Alcé la vista y divisé varias figuras armadas reuniéndose en el mirador.

Me gustaba mi sombrero, pero me gustaba más mi pellejo, y tenía varios sombreros iguales guardados. Había pensado en dejarlo en el hotel con Karma, pero como también formaba parte de mi disfraz, decidí que a Gaspar le extrañaría que no lo llevara puesto.

Levanté el M4 y solté una ráfaga a lo largo del mirador, dispersando a los matones de Girard. En cuanto al sombrero, estaba demasiado lejos para recuperarlo y no merecía la pena arriesgar la vida de mi equipo.

—A toda máquina —ordené a Trev.

Abrazando el arma contra el pecho, molesto por tener que destruir mi Stetson favorito, apunté por la mira y apreté el gatillo varias veces. Di en el blanco. Acribillado a balazos, el sombrero se hundió y desapareció bajo las olas.

Adiós, viejo amigo. Gracias por tus servicios.

Sentado en el banco de la Zodiac, con los motores a toda velocidad, eché un vistazo al reloj de misión y volví la atención hacia la colina.

Tres, dos, uno… La subestación saltó por los aires en llamas.

Bien hecho, Ángel.

—Karma ha llegado —anunció Mac con una sonrisa—. Sentaos y disfrutad del espectáculo.

Todos en la lancha excepto Girard vitorearon, incluido Ram, aunque parecía a punto de desplomarse. A juzgar por el agua teñida de rojo que chapoteaba en el fondo, seguía sangrando, pese a los esfuerzos de Mac por apretar el torniquete.

Ram necesitaba atención médica ya.

Una explosión hizo volar el balcón de la suite. Nos pilló por sorpresa. En mi negocio, las sorpresas nunca son buenas. Ocurrió dos minutos antes de lo previsto y no dentro de la suite como estaba planeado, lo que complicaba las cosas.

Me afiancé en la borda, agarré los prismáticos y los apunté hacia el hotel humeante. El oleaje y el viento creciente sacudían la lancha, que avanzaba a toda velocidad por aguas turbulentas. Tardé un momento en estabilizarme y enfocar las lentes.

Ante mis propios ojos, la terraza se desmoronó y se precipitó al suelo. Trozos de hormigón colgaban de las varillas retorcidas que sobresalían del quinto piso como costillas rotas. La suite parecía haber recibido el impacto de una bola de derribo.

Se me quedó la boca seca de cojones.

Pulsé el comunicador.

—Blue, aquí green, ¿me copias? Cambio.

Sin respuesta.

—Blue, repito, aquí green, ¿me copias? Cambio.

Nada.

—Blue, aquí líder green. Solicito informe de situación. ¿Me copias? Cambio.

Ni una maldita cosa.

Joder. Mierda. Me cago en todo.

¿Había estado Karma en la terraza cuando impactó el RPG?

¿Estaba muerta?

El pensamiento me disparó el pánico al máximo. Por un momento, la bilis me subió hasta la garganta. Quería vomitar. En lugar de eso, apreté los prismáticos con más fuerza.

—Blaze, llama a Karma —ordené, escudriñando el hotel en busca de señales de ella.

Una bocanada de humo y chispas salió de lo que quedaba de la suite: una explosión en el interior. La distancia y el rugido de los motores ahogaron el ruido, pero supuse que el explosivo que había dejado preparado en la habitación acababa de detonar.

¿Había sido una reacción en cadena o lo había activado Karma según lo planeado? ¿Seguía viva cuando accionó el detonador?

No tenía respuesta para eso, pero sí sabía sin lugar a dudas que alguien acababa de intentar matar a Karma.

El primer sospechoso de mi lista era Gustav Girard.

Debían de haberlo llamado del club para informarle del secuestro de su padre.

Si Karma había sobrevivido a la explosión, Gustav ya estaría tras ella.

Las posibilidades de que llegara a su punto de extracción habían disminuido.

Mucho.

—No contesta —informó Mac, volviendo a marcar—. Aquí no pillo nada de nada.

A la mierda con esto. El corazón se me encogió en el pecho. La furia me ardía en las entrañas y alimentaba la angustia que amenazaba con derrumbarme delante de mi equipo.

Traga el dolor, idiota. Está viva. Tiene que estar viva. ¿No lo sabrías si ya no estuviera en este planeta?

Las voces en el bote se habían callado, pero una ráfaga de risa burlona captó mi atención. Con las manos atadas a la espalda y la boca aún amordazada, Girard se reía.

¡Se reía!

Al mirarle a los ojos miopes, vi que pensaba que Karma estaba muerta. La alegría grabada en su rostro transmitía el placer que sentía con esta venganza. La rabia me abrasó las sinapsis. Quería romperle el cuello escuálido.

Murmuró algo a través de la mordaza.

—Ma san.

Mac golpeó al viejo en la nuca.

—Cierra la puta boca.

Miré a Trev. Él también había entendido las palabras de Girard. Había oído lo mismo que yo: Mi hijo.

La confianza de Girard en las habilidades de su hijo me puso en alerta.

—Llega al punto de extracción —grité por encima del rugido de los motores—. ¡Ahora!

Trev aceleró a fondo. En solo unos minutos, enfiló hacia la cala. Era el punto de extracción principal de Karma. Estaba tranquilo, pero tenía la sensación de que no iba a seguir así mucho tiempo.

Recé para que Karma apareciera mientras no dejaba de mirar el reloj. Diez minutos después de la hora de recogida, los matones de Girard aparecieron y nos soltaron unos cuantos tiros que impactaron en el agua.

Me pasé los dedos por el pelo mojado.

—¿Dónde demonios está?

—Tarde —maldijo Trev en voz baja—. ¿Qué quieres hacer?

Observé a mi equipo. Mac sujetaba a Girard con una mano mientras presionaba la herida de Ram con la otra. Ram estaba desplomado hacia delante en su asiento. Había perdido el conocimiento.

—¡Eh! —Trev se acercó y sacudió el hombro de Ram—. Despierta. Ahora.

Nada.

Me encontré con la mirada de Trev. Sabía lo que había que hacer y no le gustaba más que a mí.

Ram se estaba desangrando. Dando por hecho que Karma estaba viva —una suposición que tenía que hacer por mi propia cordura—, llegaba tarde a la recogida y no iba a poder alcanzar su punto de extracción designado ahora que estaba plagado de hostiles.

Podríamos intentar evadir la vigilancia costera de Girard y explorar la costa en busca de puntos de extracción alternativos, pero el canal estaba activo y las probabilidades de encontrar un escondite seguro para la Zodiac eran casi nulas.