CAP 15 #4
—Vaya… —murmuró—. Parece que nos hemos traído a una princesa sin avisar.
Sierra sonrió de lado, recorriéndola con una mirada de aprobación sin disimulo.
—Si el objetivo era impresionar, lo han conseguido.
Drenor, más contenido, inclinó la cabeza.
—Encajas demasiado bien aquí.
Rion no dijo nada al principio.
Solo la observó un segundo más de la cuenta, como si estuviera intentando reconciliar la imagen frente a él con la persona que conocía. Dio un paso hacia delante y acarició sin disimulo una de las trenzas que caía sobre sus hombros.
Un calor reconfortante la envolvió.
Parecía que quería decir algo, pero al ser consciente de donde estaban y junto a quienes estaban se contuvo.
Luego asintió.
—¿Todo bien?
Kimbra sostuvo su mirada.
—Todo bien.
Él apretó la mandíbula y desvió la vista hacia las puertas principales volviendo a recuperar la distancia entre ellos.
El sonido de las trompas doradas rasgó el aire.
Las grandes puertas del salón se abrieron.
La Reina entró primero, escoltada por dos imponentes felinos que caminaban a ambos lados de ella. La corte entera se inclinó como un campo de hierba bajo el viento.
Seraneth avanzó con una seguridad que parecía moldear el espacio a su paso. Su vestido rojo estaba cubierto por piezas de oro y joyas engarzadas, reflejaba las luces haciendo que pareciera hecho con brasas candentes.
Su espalda estaba decorada por dibujos dorados, que acariciaban el límite de lo indecoroso.
Subió los escalones del estrado central, donde la esperaban los príncipes, y se volvió hacia los invitados. Los felinos se tumbaron dóciles a los pies de la escalinata.
La música descendió hasta convertirse en un murmullo lejano.
—Amigos de Herthanis —comenzó, su voz sonó clara sin necesidad de alzarla—. Esta noche celebramos algo más que una visita diplomática.
Sus ojos se movieron por la sala hasta detenerse un instante en la delegación.
—Celebramos que, pese a nuestras diferencias, seguimos eligiendo el diálogo en lugar del acero. La cooperación en lugar del aislamiento. El encuentro en lugar del miedo.
Un murmullo de aprobación recorrió la sala.
—Nuestros pueblos no son iguales —continuó—. Y no deben serlo. La diversidad no es una amenaza para el orden… es su mayor riqueza, cuando se cultiva con respeto.
Kimbra sintió la cercanía de Rion, pues este se molestó en ajustar su postura para quedar más cerca de ella.
—Que esta noche sea un recordatorio de que el poder no solo se demuestra en el campo de batalla… sino también en la voluntad de compartir mesa y futuro.
Se giró y extendió los brazos hacia la delegación.
—Agradezcamos a nuestros invitados su presencia en Herthanis.
Todos aplaudieron y ellos, agradecidos, inclinaron la cabeza por las palabras de la Reina, que los miraba con orgullo en la distancia.
Esta dejó que el sonido se apagara por sí solo, sonriente y satisfecha.
—Ahora, celebrad. Que la música haga el trabajo que las palabras no pueden hacer.
La música creció de nuevo, más viva y alegre.
Seraneth descendió del estrado, moviéndose entre los grupos con naturalidad, deteniéndose aquí y allá para intercambiar palabras. Al final, su trayectoria la llevó, de forma inevitable, hasta la delegación imperial.
Buscó con los ojos a los príncipes, pero estos no la seguían.
Cuando llegó frente a ellos, su sonrisa se amplió con una calidez que parecía personal.
—Espero que Herthanis esté cumpliendo con vuestras expectativas.
Intercambió saludos formales con Arlan y el resto, pero no tardó en que su atención regresara a ella donde su actitud tomó una calidez y cercanía casi fraternal.
—Y vos… querida mía —dijo admirándola, sin disimulo— superáis las mías.
Sus manos, cálidas y firmes, enmarcaron su rostro un instante.
—Lleváis nuestra historia con mucha dignidad.
Ella sostuvo su mirada intentando que no calara su sentimiento de culpa por llevar algo que sabía que no le pertenecía.
—He intentado comprender el peso de lo que visto, Majestad.
La respuesta hizo que algo se suavizara en la expresión de la Reina.
—Eso ya os distingue de muchos —dijo con un leve suspiro—. La mayoría solo desea lucir lo que no entiende.
Su voz se suavizó, lo justo para que la conversación se volviera más íntima.
—Herthanis es un reino pequeño, comparado con el Imperio —continuó—. Hemos sobrevivido, no por fuerza bruta, sino por saber quiénes somos… y por asegurarnos de que el mundo no lo olvide.
Sus ojos brillaron con orgullo y sus manos apretaron con orgullo sus hombros.
—Vos también os habéis convertido en algo inolvidable, querida.
Su frente buscó la de Kimbra y, con un último suspiro, se separó y se alejó de ellos continuando con su paseo protocolario.
Sierra fue la primera en hablar.
—¿A qué se refería con “llevas nuestra historia con dignidad”?
Kimbra miró sus trenzas un instante antes de responder.
—Tienen un significado histórico y social para ellos.
La chica torció el gesto y se recolocó un mechón de su recogido.
—Son trenzas. ¿Qué significado van a tener?
Ella rodó los ojos, siendo consciente por primera vez de lo que podrían sentir Senya y Lareth.
—Déjalo.
La música terminó cambiando otra vez, deslizándose hacia un ritmo más lento, más envolvente. Las parejas comenzaron a ocupar el centro del salón, como pétalos arrastrados por una corriente suave.
Kimbra apenas tuvo tiempo de observar el movimiento de los invitados cuando notó la gravedad que oscureció la mirada de Rion.
—¿Me concedéis este baile, Lady Kimbra?
La voz le resultó conocida antes incluso de mirarlo.