CAP 18 #3
Thaxis la miró con intensidad, acercándose más hasta tomar su rostro entre sus manos.
—Pero puedo devolverte algo... tu verdadero nombre: Kimbra.
Las palabras de Thaxis penetraron en el caos de su mente.
Kimi sintió un golpe sordo en el pecho, como si su corazón se hubiera detenido por un instante.
Kimbra. Un nombre que no reconocía, pero que al mismo tiempo le resultaba extrañamente familiar.
Un eco distante, olvidado en el abismo de su memoria.
El caos en su mente vaciló. Las piezas desordenadas de sus recuerdos, las sombras que siempre la habían acechado, comenzaron a alinearse por un segundo. Kimi, no... Kimbra.
—Kimbra... —susurró, el nombre dejó un sabor extraño en su boca, como si al pronunciarlo, reclamara algo que le había sido robado hace mucho. Una chispa de claridad atravesó la niebla en su mente, y con ella, llegó una tormenta de emociones.
Dolor, rabia, confusión.
Por un instante, su pasado y su presente colisionaron.
Las imágenes de su vida antes del Crisol, fragmentos de risas y gritos, rubíes llenos de sangre.
Todo comenzó a desmoronarse, pero en ese vacío surgió algo nuevo: el poder de su verdadero nombre.
Kimbra. Un nombre que le devolvía fuerza, un nombre que reclamaba todo lo que ella había perdido.
Thaxis asintió, su mirada era penetrante, pero no había juicio en ella, sólo una comprensión profunda .
—Ahora, entre arena y sangre, puedes decidir qué hacer.
Pero primero, hay una tarea pendiente —dijo Thaxis, girando la cabeza hacia Soren, que seguía ahí, congelado, atrapado bajo el poder mental de Thaxis—.
Este hombre... ha causado todo esto. Es tu decisión, Kimbra.
Puedes ser quien acabe con él y tomar el control de tu destino.
Kimbra miró a Soren. El odio burbujeaba en su interior, pero también el miedo. Soren había destruido su vida, había quitado la de Alenna, y ahora estaba ahí, impotente. Pero Kimbra no podía moverse, no podía soltarla. Se limpió las lágrimas, manchando de sangre todo su rostro.
—Yo... no sé si puedo hacerlo —murmuró Kimbra, rota por el dolor. Las lágrimas caían sin cesar, mezclándose con la sangre de su amiga, la situación le ahogaba.
Thaxis se inclinó ligeramente hacia ella, observándola con serena compasión.
—Si no puedes hacerlo... entonces lo haré yo. Pero debes entender algo, Kimbra: este mundo no te ofrece misericordia. Es tu fuerza la que definirá quién vive y quién muere.
Kimbra tembló, sus manos apretaban el cuerpo sin vida de su amiga, mientras luchaba con la confusión en su corazón. Alenna había muerto por salvarla, y ahora Thaxis le ofrecía la oportunidad de vengar su muerte. Pero Kimbra no quería ser una asesina fría, no quería ser como Soren.
—Solo los dioses deberían poder decidir eso. No quiero ser como Soren... —dijo finalmente Kimbra, sus ojos clavados en los de Thaxis no se atrevían a mirar a otro lado—. No quiero que la muerte de Alenna me convierta en alguien como él.
Thaxis la observó en silencio por un largo momento, luego asintió, con una suave sonrisa.
—Tranquila.
Sin más palabras, Thaxis dio un paso hacia Soren, que seguía paralizado, incapaz de defenderse. Este abrió los ojos como platos por el terror de saber que no se podía mover ante lo que iba a pasar .
Con una precisión controlada, Thaxis desenvainó una daga y, con un movimiento lento y calculado, le cortó la garganta. La sangre fluyó en silencio, empapando su pecho mientras el cuerpo del hombre se desplomaba en la arena, sin vida.
Kimbra miró todo con una especie de niebla mental. El peso de la muerte, de Alenna, de Soren, y ahora la fría decisión de Thaxis, todo parecía irreal. Para Kimbra, el mundo estaba en un estado de desconexión.
Thaxis, con una serenidad inquietante, limpió la daga y la guardó como si lo que acababa de hacer fuera un trámite más.
—¿Y ahora qué? —preguntó Kimbra, su voz cargada de incertidumbre y vacío.
Thaxis se giró hacia ella, mirándola con una expresión sabia.
—Has hecho tu elección, Kimbra. No es fácil vivir con estas decisiones, pero te mantuviste fiel a ti misma. Ese es el primer paso.
Thaxis miró sobre su hombro y apareció un muchacho. El mismo que Kimbra había visto antes en la Arena.
—Ann y yo nos vamos —dijo Thaxis, señalando hacia el portón del fondo—. Tenemos un plan. Si logramos llegar al guardia del portón, nos dejará pasar y nos dará una salida segura. Fuera de aquí, podemos crear una nueva identidad, empezar de nuevo... ¿nos acompañas?
Kimbra miró a su alrededor, Ann mantenía alrededor de ellos una nube de vapor y arena que hacía imposible que nadie les viese, un aerokinético.
—¿Y qué hago yo ahí? No se…
—Thaxis, déjala pelear— dijo el muchacho con voz grave—. Estaremos cerca para protegerla, si le ayudas, puede conseguir derrotar al caimán junto a los otros y conseguir el perdón del Emperador. Tendría un buen puesto y la vida solucionada.
El anciano miró a su compañero meditando y asintió con la cabeza.
—Tienes razón. Puedes conseguir una vida cómoda, quizás. —Thaxis la observó con una mezcla de ternura y respeto—. Pero el camino de los dioses rara vez es sencillo.
Finalmente, se inclinó hacia Kimbra .
—Toma el control de tu destino. Muestra lo que vales. Demuestra que eres más fuerte que todos ellos. Lidera a los presos y derrota a esa bestia.
Kimbra lo miró fijamente, sin palabras, su mirada se desvió hacia el cadáver de Alenna. Las decisiones que debía tomar se entremezclaban con el dolor y el caos en su mente. Pero una chispa de resolución comenzó a arder en su interior.
—El plan de Rax funcionará —dijo Thaxis de repente, con una seguridad tranquila.
Kimbra parpadeó, sorprendida.
—¿Qué plan?
Thaxis sonrió levemente.
—La bolsa ígnea de este caimán es lo suficientemente poderosa.
Si logras que la bestia se posicione sobre el cadáver de su cría, la explosión doble será lo suficientemente fuerte para demoler los escudos de la Arena y derribar el Crisol.
Pero necesitarás crear el campo de fuerza más fuerte que hayas hecho jamás.
Kimbra miró en la dirección en la que se encontraba la gran bestia, intentando atravesar el huracán que los rodeaba, que Ann mantenía levantado.
—Thaxis, hay miles de personas en las gradas…—murmuró, dudando.
Thaxis comenzó a caminar hacia la tormenta..
—Miles de personas que han gritado por tu muerte cuando el Emperador les preguntó si merecías el perdón. —Thaxis hizo una pausa, sus palabras estuvieron llenas de calma—. Elige, Kimbra. Tienes el poder y la voluntad para decidir el destino de todos aquí, pero solo si te atreves a tomarlo.
Kimbra lo observó mientras se alejaba, su figura se desvaneció entre la arena y el vapor como un recuerdo. Sabía que tenía que actuar, que debía liderar a los prisioneros y enfrentarse a la bestia. Las palabras de Thaxis resonaban en su mente. El plan de Rax... el caimán... el campo de fuerza.
Con una última mirada al cuerpo de Alenna, Kimbra sintió cómo algo en su interior finalmente encajaba. No podía cambiar el pasado, pero sí podía decidir cómo enfrentarse al presente. El caos a su alrededor comenzó a disminuir, y Kimbra se levantó, limpiando las lágrimas de su rostro.
Estaba lista para pelear.