CAP 18 #2
De repente, el caimán fijó su dirección, rugiendo hacia un grupo de prisioneros que estaban a punto de atacarse entre sí. Un nuevo caos se desató mientras los prisioneros, con magia y sin ella, intentaban decidir si matarse entre ellos o enfrentarse a la bestia.
Kimi, aprovechando la confusión, se movió sigilosamente por las sombras creadas por los cambios en el terreno. Descubrió que medio cuerpo del caimán anterior aún se encontraba en la superficie, Alennna le había clavado la cabeza al borde de la arena y por eso aún se encontraba a la vista.
Un joven emergió de las sombras tras unas ruinas.
Kimi y él cruzaron miradas, tensas pero breves.
Era uno de los dotados. Kimi se puso en guardia, lista para un posible ataque, pero el chico la miró de arriba abajo, con un destello de reconocimiento en sus ojos.
Sin decir una palabra, giró sobre sus talones y corrió en la otra dirección, desapareciendo entre las ruinas.
Kimi no tuvo tiempo para pensar en su extraño comportamiento, pues un grito familiar la arrancó de su concentración.
Alenna estaba en peligro. A lo lejos, Kimi vio a su amiga atrapada junto a otros tres compañeros de su grupo, tratando de huir de la inmensa cola del caimán volcánico, que barría el terreno a su alrededor con fuerza devastadora.
Kimi sintió su corazón detenerse por un instante.
Si Alenna no lograba escapar, sería aplastada.
Un geiser cercano, desviado por el impacto de la cola de la bestia, estalló y el agua caliente cayó sobre Kimi con fuerza, empapándola de pies a cabeza.
Ignorando el ardor en su piel, Kimi corrió.
Su carrera era frenética, sus pies golpeaban el suelo con fuerza, cada latido de su corazón resonaba como un tambor ensordecedor.
Alenna también la vio, y cambió de dirección para reunirse con ella, dejando atrás a sus compañeros que se refugiaban tras unas ruinas.
Un grito de pánico escapó de la garganta de Kimi cuando vio cómo la cola del caimán se alzaba en el aire, lista para caer sobre ellas.
Ambas corrieron con todas sus fuerzas, pero sabían que no lograrían escapar a tiempo.
Kimi se detuvo bruscamente, clavando los pies en el suelo y extendió sus escudos de caimán a su alrededor en una cúpula protectora.
Alenna saltó hacia ella en el último segundo.
La cola de la criatura golpeó el escudo con una fuerza brutal, haciendo que la cúpula vibrara y se hundiera ligeramente en el suelo, pero los escudos, reforzados con el campo de fuerza de Kimi en su interior, resistieron.
Dentro, ambas se encontraron a salvo, aunque apenas podían respirar por la presión que se sentía a su alrededor.
—Gracias.... —jadeó Alenna, su voz se entrecortó por la falta de aire.
—No te quiero ver aplastada como un insecto —respondió Kimi entre dientes, su cuerpo tembló por el esfuerzo de mantener el escudo. Sabía que no podría sostenerlo mucho más—. ¡Pero aún no hemos salido de peligro!
Un golpe del geokinético hizo tambalearse a la bestia, levantando la cola de la cúpula. Aprovechando el momento, Kimi deshizo el campo de fuerza y dejó caer los escudos. Se desplomó sobre el suelo, exhausta.
Una figura emergió de entre las sombras.
Soren se acercaba lentamente, su daga brillaba con un destello siniestro bajo la luz de los géiseres. Su sonrisa cruel no dejaba dudas de que había planeado este momento desde hacía tiempo.
—¿De verdad creíste que ibas a salir de aquí viva, Kimi? —murmuró, con los ojos encendidos de odio.
Kimi se tambaleó al levantarse, aún debilitada por el esfuerzo de haber levantado el escudo para protegerse del caimán. Alenna, a su lado, jadeaba con dificultad, pero se preparó levantando la guardia con los puños en alto.
—No vas a tocarla, Soren. —Alenna se adelantó, poniéndose entre Kimi y él.
El chico rió, su risa era gélida, casi desquiciada.
—¿Vas a defenderla, Alenna? ¿Tú, que solo eres una cara bonita? —se burló Soren—. Esto es entre Kimi y yo. ¡Apártate!
—¡No! —gritó Alenna, sin moverse—. Ella es mi amiga, y si quieres hacerle daño, tendrás que pasar sobre mí.
Soren rió, su risa resonó como un eco frío en la Arena.
—Como quieras.
El ataque de Soren fue rápido, pero Kimi y Alenna reaccionaron a tiempo. Kimi lo interceptó con uno de los escudos justo cuando Soren lanzó su primera estocada. El cuchillo rebotó contra este, sorprendiendo a Soren, que retrocedió con un gruñido de frustración.
—¡Vamos, Alenna! —exclamó Kimi, su voz temblaba por el esfuerzo de seguir peleando.
Ambas chicas avanzaron juntas, Alenna golpeando con sus puños mientras Kimi abría y cerraba los escudos frente a ellas, protegiéndolas de los ataques letales de Soren.
Era un baile sincronizado entre el poder y la fuerza física, pero Soren, astuto, comenzó a rodearlas, buscando un ángulo vulnerable.
—¡Cuidado! —gritó Kimi, cuando vio a Soren moverse en su dirección.
El traidor lanzó una patada baja que desestabilizó a Alenna, haciéndola caer. Kimi, alarmada, se vio obligada a interponerse para proteger a su amiga, dejando su propia defensa expuesta.
Soren aprovechó el momento y lanzó su daga con toda su fuerza hacia Kimi. El brillo mortal en los ojos de Soren dejó claro que no habría piedad.
Pero justo antes de que la daga pudiera alcanzar a Kimi, Alenna, aún desde el suelo, se lanzó hacia ella, interceptando el ataque con su propio cuerpo.
El sonido de la daga hundiéndose en la carne resonó en los oídos de Kimi como una pesadilla .
—¡No! —gimió Kimi, atrapando a Alenna antes de que su cuerpo cayera al suelo. La sangre comenzaba a empapar la ropa de su amiga, fluyendo rápidamente desde la herida mortal en su cuello.
Soren retrocedió, sorprendido. Pues claramente no esperaba ese tipo de sacrificio.
—¡Tú no eras el objetivo! —exclamó, con una mezcla de incredulidad y rabia.
Kimi apenas podía escucharlo. Estaba arrodillada, sosteniendo a Alenna con desesperación mientras intentaba detener la hemorragia con sus manos temblorosas. Las lágrimas brotaban de sus ojos sin control.
—Alenna… aguanta… por favor… —su voz era un susurro desesperado, rota por el dolor.
Kimi abrazó a Alenna más fuerte, susurrando con desesperación.
—Por favor, no me dejes…
Alenna, con una sonrisa débil, le respondió en un susurro apenas audible.
—Siempre... juntas... —su voz se desvaneció, y su cuerpo perdió el último rastro de fuerza.
La arena y el vapor de los géiseres empezaron a crear un torbellino a su alrededor, aislándoles del resto, pero ellos no se dieron cuenta.
En ese instante, Kimi sintió cómo algo en su interior se rompía, y estalló. Un campo de fuerza rodeó a ambas, brillando con una luz dorada cegadora. El aire vibraba a su alrededor, cargado de una energía peligrosa.
—Te mataré —susurró Kimi, levantando la mirada, sus ojos ardían con una furia contenida. Soren, asustado por el despliegue de poder, dio varios pasos atrás, sin atreverse a acercarse más.
—No... no puede ser... —jadeó, con los ojos fijos en el resplandor que rodeaba a Kimi—. Tú... ¡tienes magia!
La ira, la tristeza y el dolor que había contenido estallaron en su interior.
El aire a su alrededor se volvió espeso, cargado de electricidad.
Las chispas de energía que brotaban del campo de fuerza de Kimi hacían crujir las rocas cercanas, que comenzaban a quebrarse bajo la presión.
El calor del Crisol era sofocante, pero no se comparaba con el fuego que ardía en su interior.
Soren intentó retroceder, pero el suelo bajo sus pies se partió, como si la misma arena del Crisol lo estuviera devorando. Los movimientos del asesino se volvieron torpes, como si estuviese borracho, o perdiendo el control sobre su cuerpo.
Una voz conocida surgió en medio del caos.
—Lo siento, Kimi... no he llegado a tiempo.
Entre el torbellino de arena y vapor apareció un hombre mayor. Sus ojos azules tenían la profundidad del océano y eran más claros que el cielo. Había en ellos una sabiduría enorme, y un poder sin igual.
—Thaxis…
Kimi, con el cuerpo inerte de Alenna aún en sus brazos, apenas pudo levantar la vista. Las lágrimas brotaban sin control, y su corazón, desgarrado por la pérdida, apenas podía procesar lo que estaba ocurriendo.
—Ha… ha muerto por mi culpa —susurró Kimi, con su voz rota por los sollozos.
Sentía el peso de la culpa como una montaña sobre sus hombros, aplastante e imposible de cargar. Las ondas de su poder fluctuaban de manera errática, amenazando con desbordarse. Hiriéndola hasta a ella misma.
Thaxis avanzó con paso lento, levantando una mano con suavidad mientras su mirada se llenaba de tristeza y determinación.
—No ha sido tu culpa —dijo, con un hilo de voz grave y sereno—. Alenna eligió salvarte porque te consideraba su amiga, su hermana en la batalla. No podías evitarlo... pero lo que sí puedes hacer es tomar el control de lo que viene.
Kimi lo miró, desconcertada. El peso de todo lo que había sucedido la asfixiaba: la presión de la Arena, el abandono de Sombra, la muerte de su amiga. Nada parecía real, como una pesadilla de la que no podía despertar.
Thaxis extendió su mano hacia ella, intentando calmar la energía descontrolada que fluía de su cuerpo.
Sus ojos destellaron con una luz misteriosa al intentar penetrar en su mente, y por un instante, logró desconectar el campo de fuerza que la rodeaba.
Sin embargo, cuando trató de ir más allá, algo lo detuvo, un bloqueo poderoso.
La mente de Kimi era un laberinto caótico de recuerdos rotos, emociones a flor de piel, y algo oscuro en su interior que le hizo retroceder, como un calambre que recorrió su cuerpo.
—Muchacha... —murmuró Thaxis, frunciendo el ceño—, tu mente está fragmentada. Intento acceder a ella, pero hay restos de veneno y magia de sangre. No puedo ayudarte… aquí no.
Kimi sintió un golpe en su interior. Todo su ser era un caos, una jaula invisible que le aprisionaba desde dentro, con ecos de su memoria perdida rebotando en sus pensamientos.