Kimbra, Memorias de Arena y Sangre (Ecos de Libertad 1) CAP 17 #4
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CAP 17 #4

Kimi y Alenna lucharon con precisión, sus movimientos fueron coordinados y letales.

Los guantes de caimán de Kimi desviaban los ataques, mientras que Alenna aprovechaba cada apertura para golpear con fuerza.

Perno, decidido a protegerlas, asestó ataques rápidos y certeros, su espada cortaba a través de la defensa enemiga.

El jefe del zulo enemigo, desesperado, se lanzó hacia Perno, pero antes de que su espada pudiera alcanzarlo, Rax lo interceptó, hundiendo una de sus dagas en su cuello. El líder cayó al suelo con un gemido ahogado, y el resto de su grupo quedó desorientado.

—Se acabó para ti. —gruñó Rax, mientras el cuerpo sin vida del prisionero caía pesadamente.

Con el líder muerto, los hombres restantes se rindieron o fueron eliminados rápidamente. Tres de ellos decidieron unirse al grupo de Rax, mientras que los demás fueron abatidos sin piedad .

El caimán volcánico, había conseguido hacer caer a los dos arqueros. Ahora sin distracciones, volvió su atención hacia el grupo de Rax. Sus ojos brillaban con un fuego furioso mientras empezó a avanzar hacia ellos, sus pasos pesados hacían vibrar la Arena con cada movimiento.

—Aquí viene. ¡Preparaos! —gritó Rax, levantando sus dagas con una sonrisa demente, disfrutando del peligro que se avecinaba.

Perno avanzó primero, con su espada alzada y lista para golpear, pero Kimi sintió el miedo crecer en su pecho.

Quiso gritarle, pero sus palabras quedaron atrapadas en su garganta.

El caimán volcánico, con una rapidez descomunal, giró su colosal cuerpo y su cola azotó el aire con un silbido aterrador.

Kimi vio todo en cámara lenta: el cuerpo de Perno alzarse por los aires, como si fuera un muñeco de trapo, y estrellarse contra las ruinas cercanas con un impacto que resonó por todo el Crisol. El grito de Alenna se mezcló con el suyo, un sonido desgarrador que rompió el aire denso de la batalla.

—¡Perno! —gritó Alenna, rompiendo la voz por la desesperación. Kimi la sujetó del brazo antes de que pudiera correr hacia él. No había tiempo. El caimán ya estaba girando de nuevo, sus ojos ardían con un hambre implacable.

Kimi apenas podía pensar. Su corazón latía tan rápido que sentía que iba a explotar. El cuerpo inmóvil de Perno yacía entre las piedras, la sangre que goteaba lentamente sobre las ruinas, era todo lo que podía ver. Pero no podían permitirse el lujo de desviarse. No ahora.

—No, no te separes —susurró Kimi temblorosa, intentando contener la rabia y el dolor que luchaban por salir a la superficie. Sabía que si no se mantenían unidas, morirían las dos.

El caimán se abalanzó hacia ellas, su furia se desató mientras sus fauces se abrieron para un golpe mortal.

Rax en un intento de distraer a la bestia se situó a su lado amenazadoramente, pero esta ni se inmutó.

Kimi levantó el escudo justo a tiempo, sintiendo el impacto de la criatura contra su defensa, con una fuerza brutal que casi la derribó.

El fuego líquido chisporroteó a su alrededor, pero no cedió.

—¡Ahora, Alenna! —gritó Kimi, sosteniendo el escudo con todas sus fuerzas.

El caimán intentó aplastarlos con sus mandíbulas, pero Kimi rápidamente levantó el otro escudo, formando una cúpula protectora alrededor de ellos, obligándoles a agazaparse dentro. El impacto hizo temblar la estructura, pero el escudo resistió.

—¡Es ahora o nunca! —gritó Kimi, mientras sentía sus brazos arder por el esfuerzo.

Alenna, con los ojos llenos de lágrimas por la pérdida de Perno, miró a Rax con una resolución fría. Le arrebató una de sus dagas con rabia y resolución.

—¡Lánzame! —le ordenó a Rax.

Sin dudar, Rax dejó caer su otra daga y, con una mirada calculadora, impulsó a Alenna hacia arriba. Kimi, sabiendo lo que debía hacer, ajustó los escudos en el último segundo, creando una apertura para que Alenna pudiera salir.

—¡Ya!

Con una coordinación impecable, Kimi empujó los escudos hacia afuera, Rax impulsó a Alenna, y la joven voló por el aire, directa hacia la cabeza del caimán volcánico. La bestia intentó liberar sus fauces, pero los escudos de Kimi se lo impidieron.

Alenna, con la daga de Rax en mano, lanzó un grito feroz mientras cayó sobre el caimán. Con un movimiento preciso, hundió la daga directamente en uno de sus ojos. El impacto fue brutal, y la cabeza de la criatura golpeó el suelo con un golpe duro, quedando clavada en el suelo al borde de la Arena.

El rugido del caimán fue ensordecedor, un sonido que llenó todo el Crisol. El monstruo se desplomó, su cuerpo colosal golpeó el suelo levantando una nube de polvo. El silencio cayó de golpe, tan pesado como el cuerpo de la bestia.

Alenna, jadeando, se quedó sentada a horcajadas sobre el cadáver del caimán. Kimi recogió los escudos, arrodillada entre las fauces de la bestia caída. Cubierta de sudor y polvo, pero con la satisfacción de haber sobrevivido.

Rax se acercó a Alenna, una mezcla de admiración y malicia se reflejó en su rostro.

—No vuelvas a robarme un arma. —gruñó, aunque una sonrisa torcía sus labios—. Pero buen trabajo.

El rugido de la ovación del público rompió el Crisol.