Kimbra, Memorias de Arena y Sangre (Ecos de Libertad 1) CAP 16 #2
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CAP 16 #2

Kimi sintió cómo su mente se aceleraba, buscando una excusa, cualquier cosa que pudiera desviar la atención de lo que acababa de suceder. Su corazón latía con fuerza, como si estuviera a punto de explotar.

—¿El que?

Rax la miró a los ojos con tanta fuerza como si intentara entrar en sus pensamientos.

—Ese brillo dorado.

Kimi se miró los guantes.

—Solo fue un reflejo... —improvisó Kimi, tratando de mantener la calma mientras acariciaba los discos de metal de los antebrazos—. Los guantes, ya sabes... los pulí más de lo que pensé.

Rax no parecía convencido. Apretó los labios y la observó durante unos segundos más, como si estuviera sopesando si presionarla más o dejarlo pasar.

—Ya es tarde… posiblemente la prueba sea antes del fin de semana —gruñó finalmente, alejándose lentamente de Kimi. Aún así, el Thorg no dejó de mirarla con desconfianza—. Entrenaremos de nuevo, y la próxima vez, no será solo un juego de defensa. Quiero verte atacar.

Kimi asintió, sabiendo que había esquivado una flecha, pero no sin dejar rastros. Rax se alejó, pero sus ojos revelaban que no había olvidado lo que vio. Si sabía que Kimi estaba escondiendo algo, podía convertir ese conocimiento en una ventaja que usaría a su favor en el momento adecuado.

Kimi se quedó en el patio, aún sintiendo la adrenalina corriendo por sus venas. Sabía que había cometido un error, pero necesitaba mantener el control. Si Rax o Soren descubrían su poder, no solo pondría en peligro su vida, sino también la de Alenna por encubrirla.

La prueba en el Crisol llegó como lo predijo Rax.

El Thorg y Kimi entrenaron una vez más, y esta vez ella no falló.

Sentía que, poco a poco, las piezas empezaban a encajar.

Cuando los cinco zulos supervivientes llegaron al Crisol, se formaron en fila frente al palco imperial.

El Gran Consejero, ocupado en un debate con otros acompañantes, apenas les prestó atención.

Esta vez, solo dos hombres observaban desde la distancia: el geokinético encargado de modificar el terreno, y otro individuo cuya función aún era un misterio.

Después de los saludos obligatorios, los prisioneros se distribuyeron en los círculos de piedra, que esta vez estaban aún más separados, una señal clara de que no se enfrentarían entre ellos. La trompeta resonó en el aire, y el suelo bajo sus pies empezó a temblar, transformándose una vez más.

La arena no se convirtió en un laberinto como la última vez.

Kimi observó cómo muros de piedra se alzaban desde el suelo, creando unas ruinas antiguas.

Fragmentos de columnas caídas y restos de estructuras olvidadas se extendían por el escenario.

En el centro, un lago oscuro y profundo ocupaba gran parte de la escena.

Sus aguas tranquilas desprendían una sensación de peligro latente.

—Esto es... diferente.—murmuró Alenna, mirando a su alrededor con una mezcla de curiosidad y desconfianza.

—No te confíes… —respondió Kimi, mientras se ajustó sus guantes, preparándose para lo que estaba por venir.

Rax se movía con la arrogancia de siempre, aunque esta vez había algo más oscuro en su sonrisa. Sus ojos brillaron mientras recorría el escenario, como si esperara con ansias lo que estaba por venir.

—Al menos esta vez parece que no moriremos aplastados como ratas —bromeó Rax divertido, pero sus palabras estaban teñidas de una emoción oscura.

De repente, un rugido bajo y burbujeante resonó desde el lago, rompiendo la falsa calma del Crisol.

Las aguas se agitaron, y unas criaturas comenzaron a emerger del agua.

Eran bestias grotescas, de piel viscosa y translúcida, con grandes mandíbulas llenas de dientes afilados.

Pero lo más aterrador era el ácido que goteaba de sus bocas.

Allí donde caían las gotas, el suelo chisporroteaba, dejando marcas humeantes.

—Tritones escupidores —maldijo uno de los componentes del grupo, su voz tembló por el pánico—. Cuidado con su ácido, no suelen ser certeros, pero al escupirlo por todos lados los hace muy peligrosos.

Kimi sintió un escalofrío recorrer su columna. Diez criaturas salieron del agua, avanzando lentamente hacia ellos. Había dos para cada zulo, y parecían hambrientas. Sus ojos, sin pupilas, brillaban con una malicia primitiva.

Rax sonrió, como si aquello fuera un simple desafío.

—No parecen muy rápidos, pero esa piel será un problema para atravesarla. —comentó Soren, dirigiéndose al hombre que había hablado sobre el ácido—. ¿Alguna idea?

—Los ojos o la boca cuando la abren para escupir. —respondió este, aunque no parecía convencido.

Rax gruñó, molesto por la falta de certeza.

—¿Acercarse a su boca mientras escupen ácido? Poco práctico, ¿no crees?

Su voz atrajo la atención de las criaturas. Dos de los tritones giraron hacia ellos, avanzando con pasos pesados pero seguros.

—¡Nos descubrieron! —gritó Soren, tirando de Kimi hacia un lado.

La muchacha recuperó el equilibrio tras el tirón, librándose del desagradable agarre de Soren, preparándose para lo inevitable.

Tomó posición al frente, alzando los guantes, lista para preparar los escudos cuando fuera necesario.

Los tritones se acercaban con sus ojos fijos en el grupo.

Cada paso que daban hacia ellos era más amenazante que el anterior.

Entraron en lo que parecía el patio de un antiguo castillo, rodeado de estatuas y restos de columnas.

Kimi notó algo extraño en los movimientos de Soren.

Su mirada se desviaba continuamente hacia una esquina, como si buscara algo o alguien.

Entonces, uno de los tritones apareció desde esa dirección, lanzando un chorro de ácido directo hacia la muchacha.

Soren se apartó en el último segundo, dejando a Kimi expuesta al ataque.

—¡¿Qué has hecho?! Nos llevaste directo hacia ellos. —dijo Kimi, con voz tensa.

El ácido chocó contra la membrana de los guantes de caimán, resbalando sin causar daño, pero dejando alrededor un desagradable y penetrante olor ácido.

—Vaya, no pensé que fueran por ese lado. —respondió Soren, pero su sonrisa burlona y la frialdad en sus ojos decían lo contrario. Kimi comprendió que el plan para deshacerse de ella había comenzado.

El grupo se separó. Kimi luchaba por mantener a las criaturas a raya, mientras esquivaba el ácido que escupían.

A lo lejos, vio cómo Rax tiraba de Alenna para esquivar uno de los chorros de ácido y se resguardaban en lo que parecía ser los restos de una sala del castillo, escondidos de todos los presentes.

Un mal presentimiento invadió a Kimi y corrió hacia ellos.

Lo que una vez debió ser una entrada majestuosa ahora era un patio amplio, con uno de los muros completamente derrumbado. A través del cual, otro tritón emergió, escupiendo ácido hacia Rax y Alenna.

—¡Cuidado! —gritó Kimi, corriendo hacia ellos.

El chorro de ácido acorraló a ambos contra una de las paredes.

Rax, con una sonrisa cruel, miró a Kimi a los ojos y empujó a Alenna para que la criatura se distrajera con ella.

Kimi se encontraba cerca, pero no lo suficiente para cubrir con el escudo de caimán a su amiga.

El tritón lanzó un chorro de ácido hacia Alenna, y Kimi supo en ese momento que no había tiempo.

—¡No! —gritó Kimi, con la voz desgarrada.

El tiempo pareció ralentizarse. Su instinto se activó, y sin pensar, levantó su mano. El escudo dorado que tanto temía usar, aquel que había mantenido oculto, se manifestó en una fracción de segundo. Una pequeña burbuja dorada rodeó a Alenna, bloqueando el ácido justo a tiempo.

El Thorg se quedó congelado en su lugar, con los ojos fijos en la escena, se abrieron de sorpresa.

Durante un segundo, todo pareció detenerse.

Alenna no desperdició el momento y su posición protegida.

Con precisión y fuerza atravesó el cráneo de la criatura lanzando la espada que tenía en la mano.

El tritón cayó al suelo entre espasmos y gorgoteos de sangre y ácido.

—Así que eso es lo que escondías... —murmuró Rax con una sonrisa siniestra.

Kimi sintió cómo el pánico la invadió. Rax había visto su poder; en sus manos se encontraba lo necesario para destruirla. Ahora, las cosas habían cambiado, y sabía que Rax no dejaría pasar esa oportunidad.

Alenna saltó el charco de ácido y corrió hacia su amiga. Ambas observaron cómo Rax se acercó lentamente, empuñando sus dagas, con una expresión oscura en su rostro.

—Esto lo cambia todo. Tú eres la llave para que salgamos de aquí. —dijo Rax, con una gravedad que hizo estremecer a Kimi.

Kimi y Alenna se miraron, sin comprender del todo.

—Rax, yo… —intentó hablar Kimi, pero el Thorg levantó una mano, silenciándola.

—No es una petición. Me ayudarás a escapar o me aseguraré de que el Emperador descubra tu secreto. —gruñó, acercándose aún más. Antes de que pudiera reaccionar, la mano de Rax rodeó su cuello, levantándola del suelo con facilidad y empujándola contra la pared.

—No puedes negarte. —susurró, apretando más su agarre .

Alenna intentó golpearlo, pero el Thorg apenas se inmutó, esperando una respuesta de Kimi. Con dificultad para respirar, Kimi finalmente asintió.

—De acuerdo... te ayudaré. —logró decir entre jadeos.

Rax aflojó el agarre y Kimi cayó al suelo, tosiendo. Alenna corrió hacia ella para ayudarla a levantarse.

—Soren te quiere muerta desde el principio, pero todo ha cambiado. Yo me encargaré de él, pero más te vale llegar viva al Crisol. —Rax miró el cadáver del tritón con una mueca—. Esta prueba es apenas el principio. Tengo un plan.