CAP 16
Estaban a dos meses de que su destino llegase por fin.
El aire en el patio estaba cargado de tensión, como si una tormenta silenciosa se estuviera formando en el horizonte, a punto de desatarse.
Los prisioneros entrenaban con más fervor que nunca, conscientes de que la próxima prueba en el Crisol, temiendo que fuera peor que la anterior.
Kimi lo sabía, sentía la presión en cada músculo tenso de su cuerpo y en cada mirada nerviosa de los demás.
Pero ella no podía permitirse el lujo de dudar.
Se mantenía centrada, con los guantes de escudo de caimán ajustados a sus manos como si formaran parte de su propia piel.
Cada golpe que bloqueaba y cada ataque que desviaba eran reflejos automáticos ahora, y esa fluidez, ese control, la llenaron de una confianza que nunca antes había sentido.
Su cuerpo respondía a sus órdenes con una precisión perfecta, y los demás prisioneros no tardaron en notarlo .
Las miradas de respeto la seguían, y con ellas, una sensación de poder nuevo creció en su interior, tan inesperada como reconfortante. Por primera vez, Kimi sintió que podría salir con vida.
El respeto de los demás no pasó desapercibido para Rax, quien la observaba desde la distancia, en una nube de resentimiento.
Algo lo irritaba profundamente y la muchacha no sabía que era.
Kimi podía sentir su mirada en los entrenamientos, cada vez que un golpe era bloqueado.
La evaluaba, pero no para ayudarla, sino buscando un punto débil. Algo que la hiciese desmoronarse.
Kimi se recordaba todos los días que no podía mostrar debilidad, y mucho menos ante él.
Sombra y Alenna fueron parte crucial de su progreso.
Sombra, le había empujado hasta los límites, enseñándole no solo a defenderse, sino a pensar estratégicamente, a estar un paso por delante.
Alenna, por su parte, le había mostrado movimientos sutiles, casi danzantes, que su madre, le había enseñado para controlar el agua.
—Sé que yo no puedo invocar ningún elemento, pero desde pequeñas, mi hermana y yo practicábamos. Aunque a mí no me sirviera de mucho, aprendí a moverme con precisión.— justificó en su momento Alenna.
Kimi había incorporado esos movimientos sutiles en su uso de los campos de fuerza. Ahora, podía moldear sus escudos como si fueran líquidos, envolviendo sus manos o los escudos de caimán con una suavidad que los hacía apenas perceptibles. Era un avance significativo.
—¡Ey! ¡Esa ha sido buena! —gritó uno de los hombres del grupo, observando cómo Kimi desvió el golpe de un garrote con un giro preciso de su muñeca.
El reconocimiento le dio una oleada de energía.
Kimi sentía que, por primera vez, no era solo un escudo, sino una guerrera capaz de jugar un papel activo en la supervivencia de su grupo.
Pero la satisfacción fue breve. Desde la sombra, Rax se mantenía apartado, su mirada se había vuelto más afilada, cada vez más consciente de la creciente admiración que Kimi y Alenna empezaban a generar entre los prisioneros.
Y con esa admiración, vino la amenaza. Rax, el líder indiscutible hasta ese momento, comenzaba a sentir cómo su control se deslizaba lentamente de entre sus dedos.
El cambio en él fue inmediato. Las atenciones que antes le dedicaba a Alenna, llenas de comentarios vulgares y insinuaciones, se transformaron en miradas frías y palabras mordaces.
Ahora, tanto Kimi como Alenna eran objeto de su desdén.
Cada vez que se dirigía a ellas, su voz estaba cargada de resentimiento.
—Parece que ya te sientes cómoda con esos guantes, ¿no? —le dijo Rax una tarde, más burlón que admirativo—. No te confíes tanto, frutita.
Kimi apretó los puños, sintiendo cómo la tensión crecía entre ambos.
Sabía que Rax estaba inexplicablemente irritado por su progreso, pero no podía permitirse detenerse ahora.
Tenía que seguir adelante, perfeccionar sus habilidades, aunque eso significara ponerse, más aún, en el punto de mira del Thorg.
Alenna, que había notado el cambio de actitud de Rax, se acercó a Kimi cuando se tomaron un descanso del entrenamiento.
—Rax te observa más que antes —comentó Alenna, en voz baja claramente preocupada—. Y no es admiración lo que veo en sus ojos.
Kimi asintió, secándose el sudor de la frente. Sabía que su progreso haría que algunos la vieran como una amenaza, y eso incluía a Rax.
—También pasa mucho más tiempo con Soren…— suspiró, como si eso lo explicara todo—. No puedo hacer nada al respecto —dijo, con voz firme—. Solo tengo que seguir mejorando. No puedo permitirme fallar ahora. Habrá que estar alerta.
—Lo sé —dijo Alenna, mirando a su amiga con una mezcla de orgullo y preocupación—. Solo ten cuidado. Si Rax ve que te vuelves más fuerte que él… Esos dos traman algo, posiblemente no sea nada bueno. Y el mejor momento para hacer algo será en la prueba.
Kimi la miró directamente a los ojos, entendiendo perfectamente lo que le estaba diciendo.
Rax no era alguien que permitiera que su posición de líder se viera amenazada.
Pero por ahora, no había más opción que seguir adelante.
No podían permitirse que el miedo las dominara.
Kimi sabía que su verdadera prueba no era solo dominar su poder, sino sobrevivir en un mundo donde todos, incluso aquellos que llamaba compañeros, podían volverse en su contra.
El día de descanso Kimi y Alenna se encontraban jugando a las cartas con Perno en el comedor cuando la imponente figura de Rax apareció a su lado, su sombra cubrió por completo la mesa.
El Thorg cruzó los brazos sobre su pecho, observando a Kimi con una expresión calculadora, su mirada era fría y penetrante.
—He estado observando tus progresos, frutita.
No está mal para alguien que llegó aquí sin saber defenderse.
—su voz fue suave pero con un deje de sarcasmo —.
Pero lo que viene será mucho más duro, y quiero asegurarme de que no sigas siendo el eslabón débil del equipo. Así que... quiero que entrenes conmigo.
Kimi alzó la vista, sorprendida. Entrenar directamente con Rax no era algo que esperaba, y su corazón empezó a latir más rápido de lo que le hubiera gustado.
Sabía que Rax no era alguien que proponía algo sin una segunda intención.
Y que Soren estuviese comiéndole la cabeza hacía al Thorg más peligroso aún.
—¿Entrenar contigo? —preguntó, tratando de mantener la calma—. ¿Por qué?
Rax sonrió con suficiencia, apoyó ambas manos sobre la mesa y acercó su rostro al suyo.
—Te lo acabo de decir. Porque eres una vergüenza. Porque quiero ver de qué estás hecha. Los demás están impresionados contigo, pero yo no. —sus ojos la recorrieron de arriba abajo con desprecio—. Quiero ver si realmente eres una guerrera o solo alguien que sabe jugar a defenderse. Vamos al patio.
Kimi tragó saliva, sintiendo una mezcla de nervios y determinación. Sabía que Rax estaba probándola, pero no podía retroceder. Aún así, un mal presentimiento se instaló en su pecho.
Se levantó de la mesa seguida de Alenna y Perno, pero el Thorg gruñó deteniéndoles.
—Iremos solos, antes de que caiga la noche será vuestra .
Alenna fue a discutir pero la mano de Perno la sujetó del brazo, este negó con la cabeza y ambos se sentaron de nuevo resignados.
Rax y Kimi entraron en el patio del zulo, los presentes fueron expulsados por el jefe y estos sin rechistar se fueron dejándolos solos.
Soren se apoyó en una de las paredes, observando la escena con una sonrisa torcida, como si disfrutara anticipando el desastre.
—Tú también Soren, fuera.
El asesino miró con disgusto a Rax, pero desapareció por la puerta, no sin antes mirar hacia atrás con la mirada cargada de veneno.
—Bien, vamos a ver si puedes bloquear mis ataques. —gruñó Rax, ajustándose unos guantes protectores y flexionando sus poderosos músculos—. Y no te preocupes, seré gentil... al principio.
El primer golpe llegó antes de que Kimi estuviera completamente preparada.
Un puñetazo rápido, que apenas tuvo tiempo de desviar.
El impacto vibró a través de su guante, recorriendo su brazo con un hormigueo.
Rax no bromeaba: incluso sus golpes “lentos” eran devastadores.
Pero Kimi se mantuvo firme, su cuerpo respondió con precisión, desviando el siguiente golpe con más control.
Rax aumentó la velocidad. Cada ataque era más rápido, más contundente, y Kimi empezaba a sentir cómo sus reflejos eran puestos al límite con la frente perlada de sudor. Cada impacto resonó en su cuerpo como un tambor, y aunque seguía desviando los golpes, sabía que Rax solo estaba calentando.
—Vamos, frutita, ¿es todo lo que tienes? —se burló Rax, con su voz goteando desdén—. No estás impresionando a nadie.
Kimi se mordió el labio, negándose a dejar que sus provocaciones le afectaran.
Pero su respiración empezaba a volverse pesada.
Su cuerpo estaba trabajando al límite, y apenas había comenzado.
Mientras bloqueaba otro ataque, notó cómo Rax cambiaba su estrategia, empezando a moverse más rápido, más impredecible.
Entonces, sin previo aviso, Rax lanzó un ataque lateral, lanzándose hacia su costado con una velocidad que Kimi no esperaba.
La muchacha, en un intento desesperado por bloquearlo, levantó su escudo demasiado rápido, dejando expuesto su poder.
Una fina, pero brillante capa dorada, se extendió más allá de la membrana del guante de caimán.
Rax se detuvo en seco. Su mirada se clavó en donde segundos antes había aparecido un resplandor dorado.
El silencio en el patio fue absoluto. Kimi contuvo la respiración, sabiendo que había cometido un grave error. El escudo dorado había sido evidente, demasiado extraño para ser explicado como un simple reflejo del guante. Y Rax no era estúpido.
—¿Qué... ha sido eso? —preguntó Rax con voz baja y peligrosa.
Dio un paso hacia ella, su mirada no dejaba de mirar el lugar donde el escudo había desaparecido.