CAP 15 #3
—Sé que estás siendo cautelosa, Kimi. Pero si llega el momento... no podemos dudar en usar todo lo que tenemos. —Hizo una pausa, su voz se cargó de determinación—. No podemos permitirnos otro día como hoy.
Kimi asintió, comprendiendo que Alenna tenía razón. Al día siguiente, recibirían las armas y la lucha en los patios y los zulos se intensificaría. No podían permitirse vacilar.
Alenna tomó la mano de Kimi, un gesto simple pero lleno de significado .
—Prometamos que nos cuidaremos la una a la otra. Sin importar lo que pase, no seremos solo dos más en esta lucha. No podemos ser dos cadáveres más de la Arena. Somos un equipo.
Kimi sintió una oleada de gratitud por su amiga. Esa conexión les dio fuerza en medio de la adversidad.
—Prometido. Siempre juntas. —respondió Kimi, apretando la mano de Alenna. Con el apoyo de su amiga, se sintió un poco más segura ante lo que les esperaba.
Ambas tenían determinación y fuerza, pero juntas, estaban decididas a enfrentar lo que viniera.
Kimi, aún sintiendo la adrenalina de la prueba, se dirigió al patio del zulo donde Rax ya la esperaba. Su expresión era seria.
—Venga, te enseñaré lo básico para manejar estos guantes —dijo Rax, firme y autoritario—. No son solo para bloquear golpes; son una carta poderosa si sabes usarlos correctamente.
Kimi sintió un escalofrío de emoción y nervios. Miró los guantes, observando cómo el disco de metal en el centro brillaba bajo la luz de la tarde. Ya había dejado de llover.
—¿Cómo funcionan? —preguntó, con curiosidad.
—El disco central es la clave —explicó Rax, extendió una mano y Kimi, entendiéndolo, se quitó un guante para entregárselo.
El Thorg se lo ajustó. Parecía que las tiras de cuero eran excepcionalmente adaptables—.
Cuando activas el escudo, se extiende una membrana, similar a una sombrilla, hecha de las membranas de un caimán del desierto.
—Hizo una pausa, mirando a Kimi con seriedad—.
Esta membrana no solo te protegerá, también te dará un alcance adicional.
Rax levantó la mano, mostrando cómo el disco comenzó a vibrar levemente. Apretó el puño con fuerza, la membrana se desplegó, formando un escudo que se extendió hacia fuera. Las fibras que lo sostenían se alargaron como buscando algo donde agarrarse .
—Mira —continuó Rax, mientras giraba la muñeca, provocando que las garras se clavasen en el suelo. La membrana se mantuvo firme, como un escudo protector.—Las garras se adhieren a cualquier superficie. Puedes clavarlas donde quieras; una vez lo hagan, no se soltarán a menos que tú lo decidas.
Kimi observó fascinada, imaginando cómo podría usar esa ventaja en la arena. Empezó a especular como podría combinar sus habilidades con esta nueva herramienta.
—Ahora tú —dijo Rax, extendiendo el guante hacia ella—. Recuerda, no es solo un mecanismo defensivo; es una forma de ataque. Con un solo brazo creas un escudo, pero con ambos puedes crear una cúpula, y protegernos a varios en un interior.
Kimi tomó el guante con firmeza y lo ajustó en su mano. Con un movimiento decidido, apretó el puño, alejando el antebrazo todo lo que pudo de su cara. La membrana se desplegó, extendiéndose en un arco perfecto ante ella. Las garras se hundieron en el suelo, asegurando su posición.
—¡Bien! —exclamó Rax, observando con atención—. Ahora probemos a utilizar las garras como un objeto punzante. Cuando sale de su interior la membrana es maleable, si consigues hacer el movimiento justo y no cierras mucho el puño, puedes utilizarlo como la punta de un látigo de escorpión. Prueba,
Kimi asintió y, tomando una respiración profunda, visualizó un objetivo imaginario frente a ella. Giró la muñeca con determinación, apuntando hacia adelante. Las garras se extendieron y, al mismo tiempo, la membrana se tensó, creando un escudo que parecía una muralla.
—Bueno… —gritó Rax, impresionado. —No es lo que buscaba, pero puede ser útil también.
Kimi se sintió invadida por una oleada de confianza. Pudo ver la utilidad de esos guantes, no solo como defensa, sino como una extensión de su propio poder. Con cada movimiento, comenzó a sentirse más conectada con él.
—Recuerda, Kimi, el escudo no solo es para protegerte a ti, deberás protegernos a todos.
—Rax se acercó, observando sus movimientos con atención—.
Entrenaremos más en las próximas semanas.
Necesitamos que estés lista cuanto antes, tal vez nos convenga que piensen que eres un simple escudo, así que tendremos que ver cómo abordamos la estrategia en el tiempo que nos queda.
—Lo entiendo, Rax —respondió Kimi, con determinación en su voz. —No seré ninguna decepción para nadie.
Rax sonrió, satisfecho con la respuesta. Estaba comenzando a ver el potencial en Kimi, y a pesar de sus burlas anteriores, se sintió cada vez más intrigado por su habilidad.
El Thorg desapareció en dirección al zulo, y Kimi se quedó un tiempo más probando a extender y contraer la membrana de sus escudos, impresionada y animada, por primera vez desde que llegó, tenía esperanza.
—Al final vas a resultar útil y todo.
Kimi se tensó en el centro del patio al escuchar la voz de Soren emergiendo de las sombras. Se dio la vuelta, su corazón latió más rápido al enfrentarse a la mirada inquisitiva del asesino.
—No tengo que demostrar nada a nadie, Soren. Solo a mí misma —respondió, con voz firme.
Soren dio un paso hacia adelante, su voz se tornó más grave, casi amenazante torciendo la sonrisa.
—Pero te lo digo en serio, frutita. No puedes permitirte ser solo un escudo. Tienes que ser más que eso si quieres sobrevivir. —Hizo una pausa, mirando sus guantes—. No quiero que te conviertas en el blanco fácil de alguien que sepa cómo deshacerse de ti.
Kimi sintió que la tensión en el aire aumentaba. Había algo en la mirada de Soren que la incomodaba; su desconfianza y su interés por ella parecían entrelazarse de una manera inquietante.
—Y tú ¿Qué sabes de sobrevivir? —desafió Kimi, recordando sus propios instintos de supervivencia y el peligro inminente de la Arena—. También te he observado, anhelas la atención de Rax, su amistad. Pensando que así él te protegerá.
Soren frunció el ceño, su risa se desvaneció mientras se acercó un poco más. El aire entre ellos se sentía cargado, como si cualquier palabra pudiera desencadenar una explosión .
—No te equivoques, Kimi. No estoy aquí para hacer amigos. Este es un juego de poder y, si no entiendes eso, estarás en serios problemas. —Su mirada se endureció—. La Arena no es un lugar donde exista compasión.
—Si hay alguien a quien no debería confiar, ese eres tú —dijo, enfrentándolo con firmeza.
Un silencio tenso se instaló entre ellos. Soren parecía contemplar su respuesta, evaluando sus palabras. Finalmente, sonrió de nuevo, pero esta vez, la sonrisa no era amable.
—Puede que tengas razón, Kimi. Pero ten cuidado. La traición no viene siempre de la persona en la que menos confías… —dijo, mientras se daba la vuelta y se alejaba, dejando a Kimi con una sensación de inquietud que persistía en el aire.
Kimi se quedó en el patio con el eco de sus palabras resonando en su mente. Había algo en la forma en que Soren se movía, en su actitud, que la hacía sentir como si estuviera siempre un paso por detrás.
Con el corazón latiendo con fuerza, volvió a concentrarse en los guantes. Rax había mencionado que necesitaba estar lista, y eso significaba más que solo protegerse. Tenía que convertirse en una luchadora, una guerrera, y aprender a combinar todo lo que tenía.