Kimbra, Memorias de Arena y Sangre (Ecos de Libertad 1) CAP 14 #3
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CAP 14 #3

—Mi papel es asegurarme de que ella sobreviva —dijo Sombra, su voz estaba cargada de una calma inquietante—.

La Arena no es un lugar donde puedas confiar solo en tu fuerza física.

Debes saber anticipar los golpes, protegerte, confiar.

Kimi tiene un poder especial, pero necesita tu ayuda para dominarlo.

Alenna miró a Kimi, tratando de entender .

—¿De qué está hablando? —preguntó, su voz sonó más firme en esa ocasión.

Kimi respiró hondo. Sabía que el momento de contarle a su amiga la verdad sobre su poder había llegado. No podía seguir ocultándolo, no si quería sobrevivir en la Arena, y mucho menos si Alenna iba a ser su aliada más cercana.

—Puedo crear campos de fuerza —confesó Kimi, manteniendo la mirada fija en su amiga—.

Perdí el control cuando perdí la memoria, y ahora el poder se activa solo cuando algo me amenaza de muerte.

Pero Sombra me está enseñando a controlarlo, a anticiparme.

—Hizo una pausa, tomando aire—. Y para eso, necesito tu ayuda.

Alenna procesó las palabras en silencio, asimilando lo que acababa de escuchar. Finalmente, asintió, aún algo confundida, pero con determinación. Miró a Sombra, esta vez sin miedo.

—¿Qué necesitas que haga?

Sombra intervino de nuevo.

—Tú serás su oponente. Pero en lugar de golpear ciegamente, tu tarea será forzarla a usar los escudos solo en las zonas que recibirán el impacto —su mirada se dirigió a Kimi—. Por tu parte, tendrás que anticipar los movimientos de Alenna y activar el escudo donde realmente lo necesites.

Alenna miró preocupada a su amiga.

—Pero eso significa…

Sombra contestó con voz grave y profunda, cargada de una autoridad inquebrantable.

—Sí, atacarás a matar.

Sombra se posicionó a un lado, mientras las chicas intercambiaron una mirada llena de apoyo y determinación. Sabían lo que estaba en juego. El gato blanco, inmóvil, observaba la escena desde su rincón, como un juez silencioso.

—Comencemos —dijo Sombra, y las sombras a su alrededor se agitaron dando la señal.

Alenna fue la primera en atacar, con un movimiento rápido dirigido hacia el hombro de Kimi. Esta, aún nerviosa, interpuso su mano activando el escudo justo a tiempo, pero este abarcó más de lo necesario, cubriendo también parte de su costado.

—No—dijo Sombra —. Tienes que ser más precisa. El escudo no puede verse. Si sobresale de la superficie de impacto, tanto tu oponente como el Emperador lo notarán. Otra vez.

Alenna volvió a la carga, esta vez lanzando un puñetazo directo al estómago de Kimi. Pero esta creó un escudo para parar el golpe.

—¡No! No es cuestión de crear un escudo; ese entrenamiento corre por tu cuenta muchacha, aquí entrenarás el refinamiento y la sutileza de tu poder. ¡Otra vez!

Kimi respiró profundamente. El entrenamiento no sería fácil, pero sabía que era vital. A su lado, Alenna la miró con una mezcla de apoyo y determinación. Sabían que no podían fallar.

¡Otra vez!

Las sombras de la noche envolvían el zulo, y todo lo que quedaba era el murmullo lejano de los demás prisioneros durmiendo y el crujido ocasional de otros camastros de madera. Las chicas se encontraban en el suyo observando el techo sin poder dormir.

Alenna giró su rostro hacia Kimi, su perfil estaba iluminado tenuemente por la luz de la luna que se colaba a través de una rendija en la pared. Parecía pensativa, como si algo le pesara en el pecho.

—¿En qué piensas? —preguntó Kimi.

La joven tardó un momento en responder, fijó de nuevo sus ojos en el techo de la habitación.

—Hoy me he enterado de lo que puede ser tu mayor secreto… pero yo no te he dicho nada de mi. Ni por que me apresaron. —dijo finalmente, su voz más suave de lo habitual, parecía oscura, como si recordara algo doloroso.

Kimi se acomodó de lado, prestándole toda su atención. Sabía que la historia de cada prisionero en ese lugar estaba cargada de un pasado, pero Alenna había mantenido el suyo bien guardado hasta entonces .

—No, nunca me lo dijiste —respondió Kimi en voz baja, respetando el espacio de su amiga.

Alenna suspiró, su respiración tembló. Kimi podía ver la tensión de su amiga, el peso invisible que llevaba consigo.

—Somos cinco hermanos, tres chicos mayores, Mara y yo  —comenzó, su mirada se perdió en la oscuridad—. Mara es la hermana pequeña, tiene apenas dieciséis años. Siempre fui muy protectora con ella, ¿sabes? Era todo lo que me quedaba después de que nuestros padres murieran.

Kimi no dijo nada, solo escuchó. Sabía que Alenna estaba reviviendo cada palabra.

—Mara heredó la habilidad de mamá de aquakinesis, por lo que será la próxima encargada de la presa del pueblo.

Será la mujer más importante, como lo fue mi madre…

Una noche, un soldado del Imperio llegó al pueblo.

Iba de paso junto a su escuadrón, pero él...

—la voz de Alenna se quebró por un instante—, él vio a mi hermana, su belleza lo encandiló y no supo aceptar su rechazo...

intentó forzarla. —Hizo una pausa, apretando las sábanas con fuerza—.

No pude quedarme de brazos cruzados. Lo enfrenté. Lo maté.

El silencio que siguió fue denso, cargado de dolor y rabia reprimida. Kimi sintió un nudo en la garganta, incapaz de imaginar el terror que Alenna debió haber sentido aquella noche.

—Por proteger a mi hermana, me juzgaron —continuó Alenna, su voz se volvió más firme, como si hubiera aceptado su destino hacía tiempo—.

No importó que él fuera el agresor. Yo era una vulgar campesina, y él un soldado imperial.

—Se rió amargamente—. No tardaron mucho en sentenciarme.

Mis hermanos son comerciantes por lo que cuando me trajeron aquí a ellos posiblemente no les habría llegado todavía la carta de aviso.

—Lo siento tanto, Alenna —murmuró Kimi, su voz estaba llena de sinceridad.

Ella negó con la cabeza.

—Mara estará bien. Sabe defenderse sola, pero respeta demasiado al Imperio, por eso no enfrentó al soldado …

Soltó un suspiro, intentando liberar el peso de sus recuerdos. Se giró hacia Kimi, con los ojos brillantes.

—Lo curioso es que no me arrepiento —susurró firmemente—. Si volviera a suceder, haría exactamente lo mismo, sabiendo lo que sé ahora, puede que hasta le habría hecho sufrir más... Moriría mil veces si eso significara salvar a mi hermana.

Kimi asintió, sabiendo que esas palabras venían del lugar más profundo del corazón de Alenna.

Había algo en esa resolución que le dio fuerza, algo que Kimi admiró profundamente.

Compartían la misma celda, la misma lucha, pero esa noche, Alenna había demostrado ser mucho más fuerte de lo que ella nunca imaginó.