CAP 13
Las visitas de Lyren se volvieron rutinarias, repitiéndose al menos una o dos veces por semana.
Cada vez que el gato aparecía, Kimi sabía que el día siguiente sería un infierno.
La reducción de tiempo de descanso siempre traía consigo un día agotador, lleno de golpes y moretones que no podría evitar.
Sombra emergió de la oscuridad como siempre, su figura nebulosa se movió sin hacer ruido.
Pero esta vez, algo era diferente. No permaneció en silencio.
Se acercó más, su presencia la envolvió como un peso invisible.
Cuando habló, su voz grave reverberó también en la mente de Kimi como un eco profundo.
—No podemos seguir ignorando el problema principal de tu situación. El tiempo juega en tu contra —dijo, con esa calma sombría que siempre tenía—. Si no aprendes a anticipar tu escudo automático, morirás. Y no será en la Arena; el Emperador te aniquilará en cuanto descubra lo que eres .
Kimi levantó la cabeza, sus ojos ardían de fatiga, pero también de frustración. Cada entrenamiento la dejaba más débil, y la incertidumbre la estaba devorando.
—No sé cómo... ¿Cómo voy a anticipar un ataque que puede matarme? ¿Cómo voy a controlar algo que ni siquiera entiendo? —su voz tembló en contra de su voluntad, cargada de desesperación.
Sombra no respondió al instante. El silencio se alargó antes de que alzara una mano, y las sombras a su alrededor ondularon. Kimi fue rodeada por estas, sumergida de repente en un manto oscuro, algo en ella hizo que se pusiese alerta, como si una chispa dormida se hubiera encendido dentro de ella.
—Cierra los ojos —ordenó Sombra, suave pero firmemente—. Los campos de fuerza son una extensión de tu mente. No son algo externo, son parte de ti. Cuando el campo de fuerza se activa, es tu mente quien lo crea.
Sombra continuó, su voz cada vez más intensa, estaba impregnada de un conocimiento profundo.
—Los poderes que se activan de manera refleja no son indetectables. Hay un aviso antes de que se manifiesten, una señal. Un cosquilleo, un pitido... algo que te indica por dónde vendrá el golpe. Debes aprender a escuchar esa señal.
Kimi en ese momento sintió el impacto de algo a la altura de sus costillas. Abrió los ojos asustada y vio como una estaca de sombras se terminaba de disolver ante el escudo que se había levantado.
—¡¿Qué estás haciendo?! —gritó, aún aturdida.
Sombra avanzó entre las sombras sin inmutarse, observando a la muchacha a la que acechaba.
El gato blanco, Lyren, observó el entrenamiento desde su rincón, con la misma actitud indiferente de siempre.
Nunca se involucraba, pero su presencia siempre estaba ahí, como si fuera parte del proceso.
Al final de cada sesión, desaparecía en la noche, justo como lo hacía Sombra.
—¿Notaste algo?—preguntó Sombra.
Kimi, aún enfadada y con el corazón acelerado, negó con la cabeza. Sombra la observó por un instante y luego añadió:
—Vuelve a cerrar los ojos .
—¿Y si falla? —preguntó Kimi, preocupada—. No sabemos si funcionará siempre...
Esta vez el golpe vino por detrás. Kimi exaltada giró sobre sus talones y vio como Sombra había intentado apuñalarla por la espalda, con una enjoyada daga negra envuelta en sombras cuyo filo brillaba tenuemente como el cristal.
—Cierra los ojos, he dicho —repitió Sombra, con voz grave.
Kimi retrocedió, pero entonces se dio cuenta de que estaba rodeada. Cuatro figuras envueltas en sombras la acechaban desde los rincones más oscuros del remolino de tinieblas en la que se encontraba. Lyren se incorporó, tenso, su pelaje se erizó como si supiera que el peligro era real esta vez.
Kimi contuvo un grito cuando sintió el filo frío de una sombra cortando su brazo. Giró rápidamente para enfrentar a la figura, pero antes de que pudiera reaccionar, esta desapareció como si nunca hubiera estado allí.
Los ataques no se detuvieron. Aquellos dirigidos a zonas no vitales apenas los esquivaba con dificultad, mientras que su escudo dorado se levantaba automáticamente para protegerla de los golpes que sí habrían sido letales.
Kimi giró sobre sus talones, cogió entre sus manos la muñeca firme de Sombra y esquivó la tenebrosa daga evitando que se clavara en su nuca. Sombra asintió con aprobación, y las figuras desaparecieron como si fueran vapor.
—A eso me refiero…—dijo severo pero satisfecho.
Kimi respiraba agitada, el sudor resbalaba por su frente por el agotamiento. Miró a Sombra con furia.
—¡Casi me matas!
La figura negó lentamente.
—No, tomaste control de la situación. Te anticipaste al mecanismo de defensa de tu poder y te defendiste por tus propios medios.
Kimi confusa se miró las manos…
—Pero... no sé cómo lo hice... —murmuró.
Sombra comenzó a desvanecerse en la oscuridad que los rodeaba, su voz flotó como un susurro .
—Lo sé. Por eso, los entrenamientos ahora se centrarán en eso.
Si quieres perfeccionar los escudos voluntarios, practica en secreto.
Hazlo cuando estés sola, en los baños por ejemplo, en cualquier lugar donde puedas.
Pero recuerda, lo que te salvará del Emperador no será eso, sino controlar los escudos que se crean por reflejo y sobre los cuales no tienes ningún dominio.
Cuando Kimi se recostó en su litera esa noche, notó que las heridas que había sufrido durante el entrenamiento estaban ya cicatrizando a una velocidad inusual.
Aún quedaban costras y moretones, pero el sangrado había cesado.
Era una pequeña victoria, pero en su interior sabía que aún estaba en la cuerda floja.
De las siete mujeres que habían entrado en el barracón de los principiantes, solo quedaban cinco. Dos habían muerto durante los entrenamientos, incapaces de concentrarse después de haber sido abusadas. Sus compañeros, entre risas, las habían despachado como si fueran mascotas inservibles.
Kimi sentía que los nervios comenzaban a superarla.
De las cinco que seguían vivas, solo dos no habían sido tocadas, y una de ellas era Kimi.
Sabía que su litera, situada cerca de la puerta, le brindaba una ventaja: los soldados podrían intervenir si intentaban abusar de ella, ya que existía el riesgo de embarazo, y eso era algo que los guardias si se molestaban en evitar.
—Tarde o temprano nos tocará a nosotras —murmuró Alenna, la otra mujer que hasta ahora había escapado.
Era alta, aunque no tanto como Kimi, con el pelo castaño oscuro y ojos verdes que brillaban en la penumbra.
Su cuerpo robusto y mal carácter habían mantenido a raya a los hombres, al menos por el momento.
Kimi no pudo evitar mirarla con incertidumbre.
—Prefiero no pensar en ello— susurró Kimi.
Ambas se quedaron en silencio por un rato, el aire a su alrededor era pesado, casi insoportable .
—He oído que pronto nos trasladarán al otro barracón —continuó Alenna—. No sé qué esperar de eso.
Kimi se giró hacia ella, sorprendida. No esperaba que fuera tan pronto. Habían pasado mes y medio desde su llegada, pero no se sentía preparada para convivir con los prisioneros más peligrosos, cerca de Soren.
—¿Por qué tan pronto? —preguntó Kimi, con su voz un susurro se llenó de tensión—. Muchas de las personas aquí morirían en un combate de verdad.
Alenna se encogió de hombros.
—El frío. Dicen que las heladas del exterior están empezando a afectar a las murallas, y apenas hay mantas. Si nos quedamos aquí, moriremos de frío antes de llegar a la Arena.
Kimi se acercó a la ventana, observando el patio. No nevaba dentro de los muros de la capital, pero en la cima de las murallas, chorretones de agua sucia caían al derretirse la nieve por las protecciones mágicas. La sensación de estar atrapada en una prisión dorada se hizo cada vez más fuerte.
—¿Crees que en el otro barracón será peor? —preguntó, mirando a Alenna.
La chica se situó a su lado, observando el agua caer por los muros como lágrimas silenciosas.
—Son personas peligrosas, mucho más que estos. Aquí ha sido fácil mantenerlos a raya con un par de golpes. Pero allí... No sé qué esperar.
La última noche en los barracones de los principiantes fue más oscura que nunca.
El aire estaba cargado de una tensión que hacía difícil respirar, y Kimi sintió que algo se acercaba.
Las risas suaves de algunos prisioneros resonaron en la distancia, pero había algo más, una sensación de peligro inminente.
Sabía que los abusadores querrían “completar la colección”, como lo habían hecho con las demás mujeres .
Unos pasos suaves rompieron el silencio.
Kimi se incorporó, alerta. Tres figuras avanzaron entre las sombras, ignorando las demás camas.
Como de costumbre, el resto de los prisioneros se tapó la cabeza con las almohadas, fingiendo ignorar lo que sucedía.
Todos, menos las mujeres, cuyos ojos abiertos como platos, alerta, rezaban para no ser las elegidas esa noche.
—Mírala —dijo uno de los hombres con la voz cargada de desprecio—. Aunque seas mediocre, vamos a darnos el gusto, ¿verdad?
Kimi intentó levantarse, pero una mano fuerte la empujó de nuevo sobre la cama, inmovilizándola. Sintió el aliento caliente del hombre en su nuca mientras el peso de los otros dos se hacía notar en los pies de la cama.
—Te prometo que disfrutarás esto más que yo —murmuró otro, con una sonrisa cruel y un ronroneo asqueroso impregnando sus palabras.
De repente, un pequeño escudo dorado surgió entre ella y el hombre, haciéndolo caer hacia atrás. Kimi aprovechó la distracción para levantarse de la cama de un salto. Pero antes de que pudiera hacer algo más, todo a su alrededor se volvió negro.
Sombra emergió de la oscuridad, pero esta vez su presencia era diferente. No se materializó como en los entrenamientos, sino que envolvió la sala entera. Las sombras se espesaron, cubriendo todo como si estuvieran sumergidos en un lodo oscuro. Como si estuviesen sumergidos en una charca estancada.
—Hoy no estarás indefensa. —dijo Sombra, su voz grave resonó en la mente de la muchacha.