CAP 11 #3
—El capitán llegará en breve —dijo con voz seca antes de salir y cerrar la puerta tras de sí.
Kimi se sentó; el cuero de la silla crujió bajo su peso.
La sala estaba completamente desprovista de ventanas, y el silencio era tan espeso que podía escuchar el latido de su corazón.
El tiempo pareció detenerse a su alrededor, cada respiración se sintió eterna, hasta que finalmente, la puerta se abrió.
Dharkggor entró, llenando la habitación con su presencia imponente. Se movía con una calma peligrosa, midiendo cada paso. Sus ojos, fríos pero atentos, se posaron en la chica.
—Kimi —su voz retumbó en el espacio cerrado, cortando el aire como una cuchilla—, ¿alguna vez te has preguntado por qué sigues con vida?
Kimi tragó saliva, pero no dijo nada. Sabía que cualquier respuesta podría volverse en su contra. Dharkggor se acercó lentamente, sin perder esa sonrisa enigmática, mientras la tensión en el ambiente crecía .
—Según me han dicho, has pasado bien las pruebas físicas —hizo una pausa, como si saboreara el momento—. La Arena será diferente. No es una simple prisión. No solo tendrás que estar en forma; es un lugar donde tu mente se romperá si no eres fuerte. Necesitarás más que solo fuerza física, Kimi.
Las palabras de Dharkggor eran suaves, casi tranquilizadoras, pero cada frase parecía deslizarse como veneno en la mente de Kimi, buscando sus debilidades. La presión aumentaba, y ella sentía que algo dentro de ella comenzaba a tambalearse, como si un muro invisible estuviera a punto de colapsar.
Por primera vez sintió la verdad de lo que estaba ocurriendo.
—¿Pruebas? Pensé que aquí solo hacíais cumplir sentencias…
Dharkggor dejó escapar una sonrisa enigmática.
—Exactamente. Pero en nuestro caso, la sentencia también lleva consigo un nivel de calidad.
Kimi frunció el ceño, sin comprender del todo.
—¿Qué quieres decir con “calidad”?
El Thorg se acercó un paso más, con sus ojos fijos en los de ella.
—Al final, sois parte de un espectáculo. No se trata solo de sobrevivir, sino de impresionar.
—¿Y qué sucede si no cumplimos con esas expectativas? —preguntó Kimi con la voz ligeramente temblorosa.
Dharkggor mantuvo la mirada, el silencio previo a su respuesta estuvo cargado de significado.
—Entonces la Arena no sería el peor de tus problemas, pues no llegarías a ella.
El día de la partida llegó. Los guardias, aunque aún serios, parecían un poco más relajados. Había una sensación de transición en el aire, una especie de expectación que Kimi no logró descifrar.
Dos guardias la acompañaron a una sala. El espacio en cuestión se trataba de una caballeriza donde se encontraba la caravana-celda, en su interior ya se encontraban Thaxis y Soren, atados con sus cadenas correspondientes.
Dharkggor estaba sentado detrás de su gran mesa de madera, revisando algunos documentos.
Al ver a Kimi, levantó la vista y le dedicó una sonrisa cálida que contrastó con su habitual seriedad.
—Kimi —dijo Dharkggor, su voz suave pero firme—, me alegra ver que no se te pegan las sábanas. Tendrás un último reconocimiento con mis compañeros y luego te asegurarán en la celda.
Kimi asintió, sintiendo una mezcla de gratitud y nerviosismo.
Dharkggor se levantó y se acercó a ella, con una expresión que mezclaba respeto y una pizca de camaradería.
—Aunque seas una delincuente, he de reconocer que me has caído bien. Recuerda, en la Arena te enfrentarás a desafíos que van más allá de lo físico. La fortaleza mental es clave. No subestimes nunca la importancia de tu propio coraje y fuerza interior.
—Lo tendré en cuenta —respondió Kimi.
Dharkggor extendió su mano, un gesto que Kimi aceptó con firmeza. Su apretón de manos era sorprendentemente cálido, casi reconfortante.
—Buena suerte. Si sales viva de la Arena, puedes solicitar un puesto con nosotros. Te trasladarías aquí y serías entrenada como militar —hizo una pausa, su mirada profunda—, yo me encargaré del resto.
Los soldados verificaron que Kimi no llevara nada encima y la acomodaron en la celda, en la zona del camastro, en parte por la buena relación que tenía con Dharkggor.
—Por cierto, un último aviso por nuestra buena relación —dijo Dharkggor, acercándose a los barrotes de la celda ya cerrada—.
Aunque tú eres un imbécil, tú, chica,me caes bien.
En la Arena os enfrentareis a otro Thorg, un traidor y espía de una de las mafias más peligrosas del Imperio. No lo subestiméis ni confiéis en él.
La advertencia tenía un tono oscuro, más inquietante de lo que probablemente pretendía ser. Soren y Kimi se miraron extrañados.
Cuando el convoy dejó Bastión de Hierro atrás, Soren se atrevió a hablar, su aspecto lamentable y muy desmejorado, posiblemente a causa de la paliza que le propinó el Thorg, miró a Kimi con recelo .
—No sé cómo lograste caerle bien a ese monstruo. Casi me mata en mi reconocimiento.
Kimi se encogió de hombros y se acomodó en el camastro.
—Parece que no tolera a los imbéciles, y tú casi lo llevas escrito en la frente.
Thaxis rompió el silencio del convoy con una carcajada que se mantuvo durante un buen rato en el aire.