Kimbra, Memorias de Arena y Sangre (Ecos de Libertad 1) CAP 10 #3
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CAP 10 #3

Aún así Kimi, agotada y confundida, pudo detectar la inseguridad en su voz. Algo en esas ruinas ponía nerviosos a los soldados, y no era simplemente por la decadencia del lugar.

—¿Qué es lo que teméis en realidad? —preguntó Kimi, atreviéndose a desafiarlo con la mirada—. Este sitio está muerto… ¿o no?

El soldado apretó los dientes, pero antes de que pudiera replicar, otro guardia, algo mayor, se acercó. Su control sobre su montura era firme y su rostro mostraba la experiencia de alguien que había visto muchas cosas .

—Basta ya, muchacho. No necesitamos asustar a los prisioneros más de lo necesario —dijo el veterano, deteniéndose junto a la celda.

El joven soldado retrocedió, agradecido por la intervención, mientras el veterano los miró uno por uno. Su atención se detuvo en Thaxis, quien permanecía en silencio, con su habitual expresión de calma.

—Estamos entrando en una zona donde las leyendas abundan, pero nosotros seguimos órdenes.

Pasaremos rápido y sin complicaciones. —Hizo una pausa y luego añadió con voz más baja—.

Manteneos tranquilos y llegaréis a la Arena.

Pero si intentáis algo... las ruinas no serán lo único que esté muerto por aquí.

Kimi sintió un escalofrío.

—Es sabio seguir las órdenes cuando estás en terreno desconocido —dijo Thaxis con voz grave y controlada—. Este lugar ha visto la caída de muchos antes que vosotros.

El veterano lo miró fijamente, evaluando por un momento si el anciano hablaba en serio o si solo intentaba intimidarlo. Finalmente, el soldado asintió con una sonrisa tensa.

—Es un buen consejo. Espero que vosotros hagáis lo mismo. No os mováis más de lo necesario.

Tras eso, el soldado retomó su posición, y el convoy siguió su lento avance por las ruinas de Falthor. El ambiente continuaba siendo tenso, la advertencia había dejado a todos sumidos en el silencio.

—En realidad, lo que más les preocupa son las razas salvajes —murmuró Thaxis, rompiendo el silencio.

Soren lo miró con una mezcla de escepticismo y serias dudas.

—¿Por qué iban a poner nerviosos las razas salvajes a soldados entrenados? —preguntó, incrédulo.

Kimi, aún tratando de procesar lo que acababa de oír, se inclinó hacia adelante a duras penas.

—¿Qué son las razas salvajes? —inquirió, con curiosidad evidente.

—En la Segunda Explosión de magia nacieron las razas salvajes —dijo Thraxis—.

Son razas que crearon algunos de los Originales a partir de los humanos, envidiosos de no tener una descendencia inteligente, por así decirlo.

Los Nuvarii fueron creados por el Tritón Boreal, los Ssharith por el Dragón Azul, los Chitara por el Escarabajo Negro, los Leonoides por el León Blanco y los Cyrix por el Ave Fénix.

—Todos ellos aparecieron de repente debido a un ritual realizado por estos Originales —continuó Thraxis—. De la noche a la mañana, miles de humanos fueron transformados sin su consentimiento, dando lugar a nuevas razas de manera irreversible… Los manuscritos lo describen como un auténtico caos.

La caravana avanzó lentamente a través de las ruinas de la ciudad.

Las sombras se alargaron a medida que el sol se ponía, tiñendo el paisaje con tonos anaranjados y morados.

Kimi, Thraxis y Soren se mantuvieron en silencio, abrumados por el ambiente místico que los rodeaba.

La calma era interrumpida solo por el ocasional murmullo de los guardias y el rugido casual de alguno de los felinos que los acompañaban, los cuales presentaban mucha menos incertidumbre que sus jinetes.

Se detuvieron para acampar antes de salir de las murallas.

El crepitar del fuego y los murmullos de los soldados llenaron el aire.

Kimi observó mientras los guardias preparaban el campamento, su mente divagaba entre las historias del pasado y las fantasías de encontrar respuestas a su vida en todo ello.

Los pensamientos se agolparon en su cabeza, sin poder sacudirse la sensación de inquietud.

Al caer la noche, la oscuridad se apoderó del campamento. Las llamas del fuego proyectaban sombras inquietantes sobre los rostros cansados de los soldados y los prisioneros. Kimi decidió aprovechar el silencio para intentar escapar de la tensión que la envolvía.

Se movió sigilosamente como pudo hacia la parte trasera de la jaula, donde el sonido de las llamas era más débil.

Al acercarse a las rejas del fondo, escuchó un crujido suave a su lado.

Se detuvo y miró hacia la penumbra. Una figura se deslizó entre las sombras; su cuerpo atlético y sinuoso se camuflaba entre el follaje.

Su rostro reptiliano se acercó a los barrotes sin emitir ruido. Un Ssharith. Kimi miró por encima del hombro para ver si alguien le prestaba atención, pero Soren estaba dormitando y el anciano permanecía impasible, sin poder ver nada con el casco.

Kimi se acercó a los barrotes y miró de cerca al intruso.

Este se limitó a sonreír y acercó su mano al rostro de la chica.

Kimi, alerta, se mantuvo rígida como un palo, sin saber qué hacer.

Los dedos del Ssharith acariciaron su rostro de forma suave y cariñosa, y ella, para su sorpresa, se relajó ante el contacto, como si algo en ese gesto la calmara.

El Ssarith la instó a que hiciera lo mismo.

Con una mezcla de curiosidad y miedo, Kimi acarició el rostro del Ssharith, descubriendo que sus escamas eran igual de suaves que las de su mano.

Pero entonces, las escamas temblaron. Kimi retiró la mano de inmediato, su corazón dio un vuelto por el susto.

Ante ella, ya no había un Ssharith. Ahora, una muchacha de pelo rapado y piel morena, sin ningún rasguño y con muy buen color, se apoyaba sobre los barrotes con una sonrisa burlona. Era su reflejo. La otra Kimi sonrió de medio lado.

—Gracias, haré buen uso de tu regalo —dijo la falsa Kimi, antes de desaparecer entre las sombras, dejando a la auténtica con un nudo en el estómago y más preguntas que respuestas.

Una risa apagada hizo que Kimi volteara de golpe, asustada.

—Hay que ser imbécil… —murmuró Soren, más dormido que despierto—. Es verdad que no tienes recuerdos; sería la única explicación para dejar que un cambiaformas te robe la imagen de manera tan descarada…