Kilt me, please!: Ruta al corazón, con parada en Escocia 33. Ewan
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33. Ewan

CAPÍTULO TREINTA Y TRES

Ewan

E stoy en la puerta del local con mi amigo Douglas. Ya tengo todo preparado para sorprenderla, espero que no haya sido una pérdida de tiempo todo lo que he pensado.

—Estoy preparado. Cuando me hagas la señal, pondré la música y tendrás que hacer tu magia con la chica.

—Gracias, Douglas. No sé cómo pagarte esto.

—Una cerveza estaría bien luego. Ahora conquista a tu chica.

Entramos al pub con paso decidido, él se marcha hacia el equipo de música y yo la busco desde la entrada. La veo en el fondo, sentada con Ian y mi hermana, reconozco su tensión hasta que me ve y parece alegrarse bastante.

Le hago la señal a mi amigo y, al segundo, suena por los altavoces la canción Everything I Do, de Brian Adams.

Look into my eyes

Mírame a los ojos

You will see

Verás

What you mean to me

Lo que significas para mí

Me acerco a ella sin perderla de vista ni un segundo. Lucía me observa con expectación, mientras que mi hermana y mi amigo guardan silencio. Trago saliva y le extiendo la mano.

—¿Bailas? ―No dice nada, sin embargo, me da la mano y me sigue hasta la pista.

Bailamos en silencio mientras los acordes de la guitarra penetran en mis sentidos.

—No sabía que te gustaba bailar —expone rompiendo nuestro silencio.

—Solo bailo con la persona adecuada.

La canción sigue sonando.

Search your heart

Busca tu corazón

Search your soul

Busca tu alma

And when you find me there

Y cuando me encuentres ahí

You'll search no more

No buscarás más

—¿Yo soy esa persona adecuada? ―La atraigo hacia mí y tiembla entre mis brazos.

—Mira dentro de tu corazón —le susurro al oído una frase de la canción y siento como se estremece.

—Ewan… —contesta en un suspiro ahogado.

Una lágrima cae por su mejilla y se la retiro con la yema de los dedos con delicadeza. Quiero que vea que estoy aquí, que no pienso marcharme sin luchar por ella.

Lucía apoya su cabeza en mi pecho y yo la acuno con cariño. Ella es mi hogar, yo soy su lugar seguro. O eso quiero creer.

El corazón me late en el pecho como si quisiera salirse. Trago saliva, nervioso. Necesito decirle muchas cosas, pero no me sale la voz. Levanta la cabeza como si intuyera mi nerviosismo y sin pensarlo más, decido sincerarme, hablarle de lo que grita mi corazón.

—Lucía, no quiero que te marches. —Mi voz apenas es un susurro, ella me mira con los ojos emocionados—. No quiero que te vayas a Sevilla, quédate conmigo en la granja.

La canción sigue sonando, sin embargo, no le prestamos atención. Nuestro mundo se ha parado. Ella apoya su mano en mi pecho y mi cuerpo se estremece.

—Ewan, no sabes lo que significa para mí que digas eso.

La miro con temor al rechazo. Lucía cierra los ojos un instante, buscando las palabras adecuadas.

—Tengo miedo —admite— pero sé con certeza que quiero quedarme a tu lado.

Su respuesta me deja paralizado. No sé cómo reaccionar, si reír o saltar.

Lucía me sonríe y yo me siento el hombre más afortunado del mundo.

Quiero besarla hasta dejarla sin aliento.

Mi corazón palpita al percibir ese brillo en sus ojos, ese capaz de eclipsar al mismo sol.

Deseo que me mire siempre así, como si los dos fuéramos uno.

Levanto la mano y le rozo la mejilla, Lucía cierra los párpados y se deja llevar. Me inclino y la beso. Ella me responde con una suavidad que me cautiva y todo se desvanece a nuestro alrededor, solo existimos nosotros. Apoyo mi frente en la suya, absorbiendo esa sensación.

—Te quiero, Lucía.

—Ewan —susurra y yo contengo el aliento—. Yo también te quiero.

Ríe emocionada. Yo suelto un suspiro que parece más un quejido al oírla. La atraigo más y la abrazo, alzándola sobre el suelo. No he sido tan feliz en mi vida.

Mi hermana nos interrumpe abrazándome por detrás. Ian sonríe ante la escena que protagonizamos los tres y Skye nos mira como si acabara de presenciar un milagro.

—¡Por fin! —grita mi hermana—. ¡Ya era hora, hombre! Llevabas dos días con cara de cordero mojado.

Gruño como el cromañón que soy y la empujo con cariño lejos de nosotros. Lucía se separa también un poco de mí y me mira, divertida. La vuelvo a apretar contra mi pecho, no quiero separarme de ella ni un solo segundo.

Mi hermana se acerca a Lucía, como si fueran cómplices de toda la vida.

—Entonces, ¿te quedas?

Lucía asiente y yo noto cómo el corazón se me expande tanto que temo que no me quepa en el pecho. Skye aplaude emocionada y baila a nuestro alrededor.

—Estoy tan feliz por vosotros —continúa conmovida—. Ewan, cuídala mucho. Y tú, Lucía, prepárate porque, aunque este hombre sea un encanto, también puede llegar a ser un desastre.

Resoplo, aunque no paro de sonreír. Cuando por fin nos deja solos miro a Lucía y sé que estaremos juntos…

Para siempre.