24. Lucía
CAPÍTULO VEINTICUATRO
Lucía
M e levanto bien temprano y con los nervios a flor de piel, hoy es el gran día; el que iremos al castillo de Huntly.
«¡Sí, por fin podré descansar junto a mi amado!», exclama mi tía más ansiosa que yo.
Cierro los ojos rememorando la conversación que tuve con Ewan, va a dejar su adorada granja todo un día para acompañarme. Después me acuerdo de mi tía y pienso que por fin terminaré lo que Enriqueta me encomendó.
En la cocina busco mi café, pero me encuentro antes con Skye.
—Buenos días, preciosa. ¿Lista para el viaje?
—No, hasta que no me tome un buen café —digo, y me siento a la mesa junto a ella.
—¿Quieres unas tostadas? —Skye señala unas rebanadas de pan terriblemente chamuscadas. Las miro con horror.
—¿No están demasiado tostadas?
—Están crujientes, es cocina gourmet . —Arqueo una ceja.
—Está bien, me atreveré con una de esas tostadas gourmet .
Cojo la taza de café que me tiende y le doy un sorbo, buscando de forma inconsciente a Ewan por la ventana.
—Ha ido a ver los animales. Es un obsesivo del control y quiere dejarlo todo bien atado antes de marcharse, y no lo entiendo, sabe que yo puedo encargarme. Además, Ian vendrá a ayudarme.
Ha leído mis pensamientos y una sonrisa asoma a sus labios. Lo cierto es que me siento un poco incómoda, ya que va a dejar su trabajo por acompañarme, es evidente que he vuelto su mundo del revés.
—No sé si es buena idea que venga. Quizás debería decirle que se quede, no quiero molestar. Cuando arregle la furgoneta podría ir yo sola.
«Ni lo sueñes, niña, vamos hoy sí o sí. No puedo esperar más a conocer a mi valiente highlander », grita mi tía, haciéndome dar un respingo.
—Tonterías, Ewan está encantado con la idea, no es una molestia para él. Ese gruñón al fin saldrá de su burbuja y se divertirá un poco.
—No es tan gruñón. Por lo menos ya no lo es conmigo. Creo que nos llevaremos bien en el viaje.
—Oh, por favor. —Skye se gira con dramatismo hacia mí, apoyándose en la encimera—. Vas a recorrer Escocia con un hombre con cara de acelga y cargando con las cenizas de tu tía Enriqueta en una urna, ¿qué podría salir mal? ―Sonrío al oír su dramática exposición de los hechos.
—Si lo dices así, suena fatal, la verdad. ¿No crees que nos irá bien? Tampoco es un viaje tan largo.
—Sabes que llevo razón, vuestra historia parece una película de sobremesa para que nos quedemos dormidos.
—Genial, mi vida convertida en una peli cutre. —Pongo los ojos en blanco y tuerzo el labio al pensar en la situación.
—Eh, también hay tensión sexual no resuelta. Eso siempre funciona y cuando se resuelve, se convierte en un éxito de taquilla. —Ruedo los ojos ante la insinuación de mi amiga.
—No hay tensión sexual.
—Claro claro. —Skye alza las manos, resignada—. Solo hay miradas intensas que sonrojarían al más avispado, silencios incómodos y ese rollo de: «Te odio, pero te follaría hasta el amanecer». No me lo puedes negar, Lucía. ¿A qué no?
—¡Skye!
—¿Qué? Solo digo la verdad. Vuestro amor está en el aire. ¿Llevo razón? ―Dudo un segundo, antes de responder.
—Es algo complicado. Vivimos a miles de kilómetros de distancia, mi vida está en Sevilla y la suya…
—En mi idioma significa que estás cagada de miedo, aunque te guste, y no quieres reconocerlo. Igual puede que él también esté loquito por tus huesos.
—No inventes cosas porque sea tu hermano. —Skye sonríe con malicia.
—Ya veremos cuando volváis del castillo… ¿Cómo se llamaba?
—Castillo de Huntly.
—Eso. Volverás con un novio granjero y una sonrisa de bien foll…
—¡Skyeee!
—Sí, ya me callo, pero sabes que llevo razón.
—Quiero hacer esto por mi tía. Sé que ella siempre quiso venir a Escocia y por azares del destino, nunca pudo.
Ahora no puedo romper la promesa que le he hecho.
Para mí, lo primero es esparcir sus cenizas, lo demás vendrá después.
En este momento no quiero pensar en ello.
―Mi amiga se acerca a mí y me abraza por la cintura.
—Saldrá bien. Aunque os perdáis, discutáis y esas cosas que hacen los enamorados. Sí, acabaréis durmiendo en el coche porque no encontráis un lugar para pasar la noche. O si acaso, en un hostal cutre de carretera que solo tiene una habitación con una cama de matrimonio y los muelles gastados.
La miro de reojo dilucidando si quiere animarme o destrozarme el inicio del viaje. Esta chica tiene demasiada imaginación.
—¿Por qué dices eso?
—Porque conozco al cabezota de mi hermano y no usará GPS. —Resoplo ante la afirmación de Skye.
—¡Joder! Espero que no pase eso, no me apetece quedarme tirada en un inhóspito lugar de las Highlands con un escocés de poca paciencia.
—¿Ese no es el sueño de cualquier mujer? ―Barajo esa posibilidad. Mi amiga se percata y sonríe ladina.
—No vayas por ahí. —Sonrío sin poder evitarlo.
—Voy a decirte lo que ocurrirá exactamente: os perderéis, y bajo la lluvia os daréis un beso de tornillo, de esos que te dejan las bragas colgando.
—¿Siempre llueve en tus predicciones? —Pone los ojos en blanco.
—Estamos hablando de Escocia, aquí siempre llueve. —Dejo la taza vacía en la encimera con un suspiro.
—Me has convencido. Quizás no sea tan terrible después de todo. ―Skye me da un pequeño empujón y sonríe dándome los ánimos que necesito.
—Es un viaje importante, saldrá bien. Además, te ordeno que me lo cuentes todo a la vuelta —dice divertida.
Cierro los ojos un segundo, pensando en todos los imprevistos que pueden suceder. Espero que todo salga bien y no acabemos con el corazón destrozado.
«Niña, date una oportunidad. Quizás te sorprenda lo que te depara el futuro», me anima también mi tía. Decido hacerles caso y ojalá que no se equivoquen.
Salgo a la calle buscando a Ewan, está junto a una camioneta apoyado en el capó. «¡Dios, es tan guapo!». No pienses en eso ahora, Lucía, lo importante es llegar al castillo. Esto lo haces por tu tía.
«Y por ti, mi niña».