Kilt me, please!: Ruta al corazón, con parada en Escocia 20. Ewan
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20. Ewan

CAPÍTULO VEINTE

Ewan

V oy por buen camino. No quiero volver a cagarla con Lucía y para ello debo conocerla mejor. Estamos sentados en la cocina con un café en las manos. Sin saber cómo comenzar la conversación, suelto un leve carraspeo nervioso.

—Mi hermana me ha comentado que la furgoneta era de tu tía. ¿Hace mucho que murió?

Espero unos segundos, y cuando creo que no me va a contestar, fija la vista en la ventana como si la estuviera viendo ahí, dando vueltas por el prado. Parece que le duele hablar de ella y al instante, me arrepiento de haberle preguntado algo tan íntimo.

—Hace tan solo unos meses que me dejó.

—Lo siento, seguro que era una gran persona.

—Uy, sí que lo era. Muy generosa, trabajadora y risueña, aunque a veces su locura me desquiciaba. —Muestra media sonrisa. Es preciosa, me tiene embelesado.

—¿Y cómo es que te ha dado por viajar en su tarta… furgoneta? —me corrijo antes de meter la pata, aunque ella se da cuenta. Aun así, no protesta como la otra vez.

—Es una promesa que le he hecho —duda si explicarme algo más, luego me mira a los ojos, decidida—. Te cuento algo, si prometes no reírte de mí.

—Lo prometo. —Levanto una mano y me llevo la otra al corazón.

—En el testamento, mi tía me comunicó lo que quería que hiciera con sus cenizas. —Para unos segundos, pero al verme alzar la ceja, intrigado, prosigue—: ¿recuerdas el jarrón que traje de la furgoneta?

Creo que sé por dónde van los tiros. Ella me mira temerosa. ¿Teme que la tome por loca por llevar sus cenizas? ¡Qué tontería!

—Es una urna. —Asiente—. ¿Y qué pretende tu tía, seguir viajando por el mundo?

—¡Oh, no! Es más simple que eso. Aunque sí, también estamos viajando juntas.

—Suspira—. Quiere que esparza sus cenizas en un castillo de Escocia para poder descansar junto a un guapo laird escocés.

—Creo que nota mi sorpresa—. Parece una locura, pero así era mi tía de excéntrica y yo quiero cumplir su último deseo.

Además, en este viaje quiero descubrir mi camino.

Ahora mismo, como te dije, estoy en el paro, me echaron de la emisora de radio para la que estaba trabajando y no sabía qué hacer con mi vida.

Mi tía me ha dado la excusa perfecta para cambiar de aires.

—No es una locura. Bueno, lo de descansar con un laird en un castillo quizá… —Me froto el mentón—. Hay muchos castillos en Escocia, te habrá dicho en cual, ¿no? Y lo de cambiar de aires, a veces es necesario. Tu tía te ha dado una oportunidad única.

—Quiere que sea en Aberdeen, pero lo del castillo lo ha dejado a mi elección.

—¡Qué daño ha hecho la serie Outlander ! —Niego con la cabeza, esa serie ha hecho estragos en la mente de la gente.

—Ni que lo digas —protesta y resopla. La miro y sonrío.

Esto me da una idea, pero no sé si funcionará. Lo que sí sé es que pasaría más tiempo con ella y tal vez…

—Yo podría ayudarte. —La he sorprendido mucho al decirlo, y creo que no le disgusta la idea.

—¿Querrías ayudarme?

—Nada me haría más feliz en este momento.

Además, tengo que confesarte un pequeño secreto.

Como buen escocés que se precie, entiendo bastante de castillos.

Es una afición que desde pequeño ya traía a mis padres locos.

En mi habitación tengo algunos libros que podrían ayudarnos a encontrar el lugar de descanso perfecto para tu tía.

Tiene la mirada brillante. Sé que es importante para ella y no dudaré en ayudarla con lo que necesite.

Por su tierna expresión supongo que va a aceptar mi propuesta, o al menos eso es lo que espero.

No sé qué haré cuando se marche, quedaré destrozado.

Lo que sí sé con seguridad es que ella no es como Aileen.

Mientras tanto, intentaré disfrutar del tiempo que pueda a su lado.

Quién sabe, quizás sea ella la que me sorprenda.

Se levanta emocionada, una lágrima surca su rostro. Me levanto para quitársela, pero no me da tiempo, pues ella me abraza con fuerza.

—No sé cómo agradecértelo. —Sonríe pícara—. No eres el granjero gruñón con el que me encontré el primer día y la verdad, no sé por qué te escondes tras él, este Ewan es mucho mejor.

—¿Gruñón? Pero si soy un encanto. —Muevo las cejas, sugerente, y le arranco una carcajada.

—No te hagas el tonto, sabes que te comportaste como un verdadero cavernícola.

—Y te pido perdón por ello. No volveré a sacar al ogro que llevo dentro.

No sé cómo hemos llegado a tenernos tanta confianza, pero no la soltaría nunca, me encanta tenerla entre mis brazos.

Lucía levanta la vista y nuestras miradas se cruzan, estoy atrapado en sus ojos.

Debería decir algo, cualquier cosa, pero no puedo.

Ella ladea un poco la cabeza, curiosa, como si quisiera descifrar lo que pienso.

Siento que soy feliz cuando me sonríe, y entonces sé que estoy enamorado de mi invitada. El descubrimiento me deja el corazón desbocado.

Su mirada sigue atrapada en la mía. Deseo besarla, me acerco despacio esperando un rechazo que no llega. Al contrario, ella entreabre los labios en una clara invitación. Voy a lanzarme cuando suena el teléfono; un timbre inoportuno que rompe la magia.

Gruño, incómodo por la situación y la suelto para que atienda la llamada. Percibo el frío al separarnos y me estremezco.

—Tengo que… —se excusa mientras busca el móvil en el pantalón. Luego, ve la pantalla y su expresión cambia—. Es mi amiga Lola. Tengo que cogerlo, lo siento.

—Claro.

Se va y me deja con las emociones a flor de piel y un cúmulo de pensamientos que no se irán en todo el día.