Kilt me, please!: Ruta al corazón, con parada en Escocia 18. Ewan
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18. Ewan

CAPÍTULO DIECIOCHO

Ewan

M e quedo ahí parado junto al río sin saber qué hacer.

Entiendo que esté furiosa, por eso no la he seguido, es mejor dejarla ir y que se desahogue en silencio.

Aunque no entiendo lo que ha dicho, lo intuyo y no creo que sea bueno hablar con ella ahora.

Antes aclararé mis ideas y también le daré tiempo a ella a que piense sobre lo nuestro; si es que hay algo.

Me marcho hacia las cuadras, abatido. No entiendo lo que me ocurre con esta mujer. Por un lado, la atracción que existe entre los dos es innegable. Sin embargo, la razón me dicta que me aleje de ella. No soy hombre de una sola noche, cuando me acuesto con una mujer es porque me gusta de verdad.

Deseo conocer a Lucía, que signifique más que un desahogo sexual. Ella parece de esas mujeres por las que merecería la pena arriesgarse si tuviera la más mínima esperanza de futuro, pero se irá y me dejará con el corazón dañado.

Entro en la cuadra arrastrando los pies como si el suelo tirara de mí.

El olor característico de la granja siempre me había dado paz, sin embargo, hoy no me calma, la ansiedad me ahoga desde que Lucía se ha marchado enfadada.

Paso la mano por mi cara, intentando aclarar las ideas que se atropellan en mi cabeza, cuando escucho unos pasos detrás de mí.

Me giro y es Ian, asomando la cabeza con timidez por la puerta de la cuadra.

«El que faltaba para empeorar mi día», me digo con un resoplido.

—Ewan —saluda con inseguridad, entrando despacio como si me temiera—, ¿tienes un minuto?

Asiento, aunque lo único que me apetece es estar solo. Se acerca con una sonrisa nerviosa y por lo que veo se trata de algo importante. Me apoyo en la barandilla del box de mi caballo esperando a que hable.

—Verás, no sé cómo decirte esto, pero —titubea y se anda con rodeos. Respira hondo, inquieto y al final lo suelta—: amo a Skye, mucho, y quiero pedir su mano. Antes de hacerlo, me gustaría contar con tu aprobación.

Siento como el corazón se me para en el pecho, la desazón duele ahí. No por Skye ni por Ian, sino por mí. Los envidio por no lograr ese amor incondicional que tanto deseo y noto cada vez más lejano. A mis pensamientos viene la extranjera, esa morenaza con la sonrisa más bonita que jamás he visto.

Cierro los ojos, mortificado. Adoro a mi hermana pequeña y deseo lo mejor para ella. Y si Ian la hace feliz, no soy nadie para impedirlo.

—Me parece bien —digo, intentando aparentar naturalidad. Incluso fuerzo esa sonrisa que pocas veces saco a relucir—. Si Skye te quiere, no me interpondré, pero si le haces un mínimo daño… corre.

Me mira asustado por la insinuación que le hago, pero al ver que sonrío, se relaja. Suelta una risita de alivio, como si se hubiera quitado un peso enorme de encima.

—Gracias, Ewan, tu opinión es importante para mí.

Asiento, no puedo articular palabra por la emoción. Tras darle una palmada en el hombro, sale disparado, casi trotando de alegría.

Me quedo allí, en silencio, contemplando la luz que entra por la ventana. Entonces me golpea de nuevo esa envidia o recelo irracional. Me gustaría tenerlo tan claro como ellos, que todo fuera tan sencillo con un amor correspondido.

Yo, al contrario que ellos, no entiendo lo que me pasa con Lucía, ni por qué me arde el pecho cuando ella está cerca. O por qué mi corazón se salta un latido al mirarla a los ojos. Me siento tan torpe e inseguro cuando me habla, cuando sonríe…

Cierro los ojos. «¿Será amor?», me pregunto. Destierro ese pensamiento, no puede ser eso, la conozco desde hace dos días.

—¿Qué demonios me pasa? —murmuro, intentando encontrar esa explicación para el batiburrillo de sentimientos que se agolpan en mi pecho.

Hoy no comeré en casa. Decido ir a ver las vallas por si falta alguna por arreglar todavía. No reconoceré en voz alta que no puedo estar cerca de ella, así que intentaré estar el menor tiempo posible en casa y así evitar la tentación de volver a besar esos labios jugosos.

Vuelvo a mi hogar ya de noche. Las vallas me han dado más guerra de la que me esperaba o será que yo no andaba centrado en el trabajo como debía.

Dejo las herramientas en la puerta del cobertizo, me sacudo las manos y entro en casa.

La puerta de la cocina está entreabierta, una luz tenue se ve por la rendija.

Entro sin apenas hacer ruido, pero Skye me está esperando sentada a la mesa con una taza de té entre las manos.

—Llegas tarde —dice sin reproche.

—Las vallas —respondo mientras me quito la chaqueta y la dejo encima de la silla—, se habían soltado más tramos de los que esperaba.

Skye me mira con esos ojos demasiado sinceros y señala la silla para que me siente.

—Ian ha venido a verme, me contó que hablasteis —añade y se le ilumina la cara.

Asiento, mirando la madera de la mesa como si fuera lo más interesante del mundo.

—Como le dije, tenéis todo mi apoyo. Sé que mamá y papá estarán de acuerdo con vuestra relación. Adoran a ese chico.

—Gracias. —Me coge la mano—. Significa mucho para mí.

Me encojo de hombros, incómodo por la situación. Me mira, quiere decir algo más.

—Ewan… —sopesa lo que va a decirme y sé que no me va a gustar—. ¿Por qué no te lanzas? —Levanto la vista, sorprendido por la pregunta.

—¿A qué?

—A tener una relación; a dejarte querer; a disfrutar de una vida en común.

La miro con pesar, tengo un nudo en la garganta que no me deja soltar lo que llevo dentro. No quiero hablar de esto con mi hermana. No puedo.

—No es tan fácil —murmuro.

—Para nadie lo es —responde y no me deja escapar—. Ni siquiera lo intentas, te escondes detrás del trabajo, de la granja y de mí. Mientras tanto, estás dejando escapar una oportunidad única de ser feliz. —Me revuelvo en la silla, incómodo.

—Ya sabes que lo intenté y no salió bien, que ella se marchó.

—Ella es parte del pasado, Ewan. Aileen estaba de paso, jamás quiso quedarse en el pueblo, pero tú te negabas a verlo.

No compares a Lucía con ella. Tienes delante de ti a una mujer preciosa, tanto por dentro como por fuera, ¿y la vas a dejar escapar por un miedo irracional a que te abandonen? Puede que ella sí se quede.

—¿Por qué iba a hacer eso? Ya sabes que Lucía más temprano que tarde se va a marchar. No voy a iniciar nada con una mujer con la que no tengo posibilidad de un futuro.

—Eso no lo sabes. Conócela, atrévete a salir de tu zona de confort. Oportunidades así solo pasan una vez en la vida, quizás dos. Hay química entre vosotros, se ve desde lejos.

Skye se levanta de la silla y se va, dejándome con más dudas con las que había llegado a casa. Pero antes de salir por la puerta, se gira para darme la última estocada.

—Lucía te mira como si te conociera de verdad y a ti te da miedo enamorarte y que te vuelvan a dañar. No te estoy diciendo que corras detrás de ella, tan solo que dejes de huir de ti mismo. Puede que te sorprendas.

Paso un buen rato solo en la cocina con todas las verdades que mi hermana me ha dicho. Me paso las manos ásperas por la cara, frustrado. Me levanto y paseo nervioso por la cocina, luego me apoyo en la encimera, me faltan las fuerzas para arriesgarme.

Cierro los ojos. La verdad es simple, aunque yo lo complique todo: me da miedo dar ese paso. Tengo miedo a sentir demasiado por alguien que se marchará pronto, por no ser suficiente para ella.

Recuerdo su precioso rostro, suspiro derrotado y me dejo caer otra vez en la silla.

—No sé qué hacer —murmuro.

El corazón me late demasiado deprisa, y en ese silencio, lo escucho. Me escucho y me doy cuenta de algo, que no quiero seguir huyendo. No sé cómo lo voy a hacer, pero sí sé que no quiero retroceder. No tengo un plan, pero estoy decidido a cambiar las cosas.

Y eso es un comienzo. No voy a dar marcha atrás, seré valiente por una vez.