Kilt me, please!: Ruta al corazón, con parada en Escocia 13. Lucía
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13. Lucía

CAPÍTULO TRECE

Lucía

S kye es una mujer increíble, no ha parado de hablar mientras me ha acomodado en la habitación de invitados. Ahora que me he quedado sola, sentada en la cama, suspiro. ¿Cómo he podido llegar a esta situación?

Cierro los ojos y me dejo caer agotada. No sé cómo buscar la pieza que me ha comentado Ewan.

Estoy en un país en el que no conozco a nadie ni ningún desguace cerca al que poder acudir.

Dejo de lado por un rato el problema de la furgo y me centro en avisar a las chicas de mi llegada a Escocia, aunque no sea mi destino final.

Lucía: Chicas, estoy en Escocia. Aunque he tenido que hacer una parada forzosa.

Los mensajes de las chicas no tardan en llegar.

Rosario: ¿Estás bien? ¿Has tenido algún accidente? Por Dios, di algo.

María: Si nos está hablando es que está bien, no seas dramática.

Lola: ¿Qué te ha ocurrido? Chica, cuenta, que nos tienes en vilo.

Lucía: Estoy bien. Es la furgoneta, ha dejado de andar en Blackford. Por lo que me ha dicho Ewan, la trasmisión del coche se ha roto y necesitaré reemplazarla.

De repente, las tres hablan a la vez:

¿Quién es Ewan?

Lucía: De lo que os he dicho, ¿solo os preocupa quién es Ewan? A la furgoneta que le den, ¿verdad? Chicas, esto no es una broma, estoy en un apuro.

María: Vale, luego nos hablas de ese Ewan, ahora cuéntanos cómo podemos ayudarte.

Lucía: La furgoneta es muy antigua y ya no fabrican piezas de repuesto, así que tengo que buscar en desguaces.

Lucía: Sé que Manolo trabaja con varios de ellos en Sevilla, ¿podríais acercaros al taller y preguntarle? Por aquí no sé si la encontraré.

Lola: Está bien, mañana sin falta me paso por el taller. Ahora que está resuelto el problema de la furgoneta, háblanos de ese chico que tan gentilmente se ha ofrecido a ayudarte.

Lucía: Bueno, gentilmente… yo no diría tanto. Si no fuera por su hermana, que es un sol, jamás habría echado un vistazo al vehículo. Es un gruñón.

María: Pero está para mojar pan, ¿a que sí? Vamos, reconócelo.

Pienso en Ewan, en su rostro melancólico y no puedo más que reconocerme a mí misma que sí, que es muy guapo, pero de un modo enigmático y solitario.

Lucía: No puedo engañaros, es atractivo, además de rudo, hosco y tiene una mirada que atraviesa el alma. Moja bragas, para ser más exacta.

El grupo de WhatsApp guarda silencio, presiento que está digiriéndolo.

Rosario: Es el chico del que te habló la loca mística, estoy convencida.

Bueno, ya estamos, pongo los ojos en blanco al ver la respuesta de mi amiga.

«Yo que tú comenzaba a creer en Nebulosa Estelar», escucho en mi cabeza. Esto es lo que me faltaba, mi tía también mete baza en la conversación.

Lucía: Chicas, ahora mismo, lo más importante es arreglar la furgoneta para poder esparcir las cenizas en Aberdeen.

María: Enriqueta estaría feliz de que encontraras el amor, así que yo de ti le daría una oportunidad.

«Eso es cierto, tu tía sería feliz si te enamoras aquí, en Escocia». No era ya suficiente con escuchar su voz, que ahora me habla en tercera persona.

Decido cortar de raíz la conversación, puesto que quiero ducharme y descansar un poco.

Lucía: Chicas, os tengo que dejar. Lola, que no se te olvide ir al taller, por favor.

Lola: Tranquila, mañana sin falta me acerco a hablar con Manolo, seguro que en unos días volverás a la carretera.

Me despido de las chicas mucho más tranquila con respecto a la pieza que necesito.

Sin embargo, no dejo de darle vueltas a lo que hemos hablado.

¿Será cierto lo que Nebulosa me dijo? ¿Viviré un amor como los que salen en las novelas?

Si es así, no creo que sea con ese granjero gruñón.

No tiene sangre en las venas, solo horchata, por lo que es imposible que corra fuego entre los dos.

Después de darme una buena ducha que me ha sentado de maravilla, bajo para agradecer a mis anfitriones que me dejen alojarme aquí.

La verdad es que tantos días en una furgoneta, por muy cómoda que sea, acaba entumeciendo mis músculos.

El olor del café me guía hasta la cocina, está recién hecho y yo soy adicta a la cafeína.

Me detengo en el umbral al ver a Skye. Está de espaldas tarareando una canción que no conozco.

Se ve relajada, no es como su hermano que tiene un palo metido en el culo.

Menos mal que no está allí, no sé si podría soportar su cara de acelga.

Al girarse me ve y su cara se ilumina con una sonrisa radiante.

—¿Has podido descansar?

—Sí, muchas gracias por todo lo que estás haciendo por mí, aun sin conocerme de nada. Podría ser una ladrona. O peor, una asesina en serie.

—¿Lo eres? —Me mira con suspicacia.

—No, claro que no, era solo una broma. Tan solo soy una española embarcada en un viaje absurdo. —No sé por qué siento la necesidad de sincerarme. En realidad sí, ella ha depositado su confianza en mí y quiero devolvérsela.

—No creo que sea absurdo.

—Créeme, lo es. Si te contara por qué hago este viaje, seguramente me echarías a patadas de tu casa.

—Prueba.

—¿Qué quieres decir?

—Quiero saber el motivo, seguro que es tan interesante como tú.

Me callo unos segundos reordenando mis ideas. Supongo que no será tan malo contarle la verdad, ¿no? Lo peor que puede pasar es que me eche de su casa y acabe durmiendo en la furgoneta en un prado solitario.

«Niña, deberías confiar un poco más en las personas», oigo decir a mi tía. Y por una vez, le hago caso.

—Has visto el jarrón que llevo, ¿verdad?

—¿Ese jarrón feo? Perdona que lo diga así, aunque puedo llegar a entender que sea valioso para ti.

¿Es una reliquia familiar y por eso no te has querido desprender de él?

—Su mirada se vuelve pícara—. ¿Acaso es un raro fetiche sexual o es un regalo de un novio que acabó dejándote por tu amiga?

Yo la mataría si me hiciera eso, aunque sé que Ian jamás me dejará por otra.

Skye comienza a desvariar y no me deja hablar con sus divertidas ocurrencias, a cuál más disparatada. Sonrío al verla elucubrar lo que podría significar el jarrón misterioso para mí.

—No es nada de eso. No es un jarrón en sí, es una urna. En ella llevo las cenizas de mi tía. Su última voluntad fue que la llevara a un castillo de Aberdeen para esparcir sus cenizas, y así poder enamorarse de un guapo laird escocés.

Se queda unos segundos mirándome como si me hubieran salido tres cabezas, y me quedo callada esperando una reacción por su parte que tarda en llegar, seguro que me echa a patadas de su casa. Al fin veo que se mueve, sus ojos se abren como platos y su risa me atraviesa el alma.

Una fuerte carcajada de Skye resuena en la cocina.

—Me hubiera encantado conocer a tu tía, debía de ser una mujer excepcional.

Relajo los hombros, no noté que estaban tensos. Se lo ha tomado bastante bien, y lo mejor de todo es que no me toma por loca.

«Espera a que sepa que hablas conmigo». Decido ignorar la voz de mi cabeza, pues no creo que deba contar eso.

—Sí que lo fue.

—Hoy no podrás arreglar la furgoneta, así que podríamos salir. Tienes que conocer Blackford, te va a encantar. ¡Hasta podríamos ir al pub de Kristy! Es un poco impulsiva y está coladita por mi hermano. A veces es demasiado insistente, aunque él no le haga caso, pero, aun así, lo pasaríamos bien.

—Si tú quieres…

—Podemos jugar a los dardos mientras tomamos unas pintas. ¿Qué te parece?

La alusión a esa mujer me ha provocado cierto resquemor, pero no quiero ni imaginar que sean unos posibles celos. Así que me centro en disfrutar de lo que quiera que me depare el día con mi nueva amiga.

—¿Por qué no? Me vendrá bien para distraerme.

Skye comienza a dar saltos de alegría y pequeños grititos de emoción. Sonrío al verla tan contenta, pues no esperaba conocer a una chica como ella en un lugar tan sombrío. Seguro que podríamos llegar a ser grandes amigas.

Con eso en mi cabeza, paso la tarde preparándome para una salida de chicas.