8. Ewan
CAPÍTULO OCHO
Ewan
—¡ F inn! —llamo a mi perro pastor cuando lo veo alejarse demasiado.
Hoy el día es apacible y he decidido salir a pasear por los alrededores de la granja.
Desde que mis padres dejaron la casa familiar, se marcharon juntos para viajar por el mundo y disfrutar de la jubilación, no he tenido un minuto de descanso, pero caminar por los prados verdes que hay junto al río Allan Water me da la paz que necesito.
Disfruto cada mañana al andar por los senderos embarrados y oler la turba húmeda después de llover. Aquí se respira paz.
He vivido toda la vida en la misma casa, no he necesitado viajar como la mayoría de mis amigos o…
, como ella, quien decidió que Blackford ya no era suficiente.
No la culpo, sin embargo, yo no necesito marcharme de mi pueblo para ser feliz; aquí ya lo soy.
No tengo grandes aspiraciones, mi granja junto con mis animales me dan todo lo que deseo.
Por el rabillo del ojo, veo a mi hermana pequeña que corre hacia mí, a veces es un incordio, aunque en el fondo la adoro y no podría vivir sin sus locuras.
—¡Ewan! Tengo algo muy importante que contarte. —Aún no ha llegado y ya comienza a gritar, agitada por la emoción—. Este año pienso presentarme a las Blackford Highland Games.
Al llegar, respira ansiosa. La sonrisa que nunca abandona sus labios hace que mi rostro se relaje.
—Skye, te pesa el culo. ¿Cómo vas a ser capaz de participar en una de esas pruebas, si ni siquiera puedes correr doscientos metros sin ahogarte? —Su expresión cambia, su rostro muestra el enfado que en el fondo sé que no siente. Aun así, me encanta hacerla rabiar. Le sonrío socarrón.
—¡Ewan MacLeod! Sabes que soy capaz de lo que me proponga. ¡Y no tengo el culo gordo!, mi trasero es perfecto. A Ian le encanta. ―Me pongo a la defensiva al oír ese nombre.
—Ian, ¿el capullo del vecino que pronto se quedará sin pelotas?
—Es un chico encantador. Me ha invitado esta noche al pub a tomar unas pintas. ―Veo que observa el cielo con ojos soñadores.
—No vas a salir con ese… Ese… Ese muchacho sin horizonte. Pero si no sabe ni donde tiene la cabeza.
Me mira intensamente, sopesando el calificativo que acaba de escapárseme. Vale sí, me he pasado. El muchacho es un buen chico y muy trabajador, pero no va a mancillar el honor de mi hermana. Sí, soy un hombre de antiguas costumbres en lo que respecta a la vida de mi pequeña.
Me mira por última vez con rabia contenida, se gira y se marcha dando zancadas y soltando improperios que no me atrevo a reproducir. Sé qué hará lo que le dé la gana; es lo que hace siempre. Sin embargo, estaré esta noche en el pub para fastidiarle la cita.
No suelo salir mucho por el pueblo ni me gusta sociabilizar.
La gente viene los fines de semana para saludar y luego se marchan a las grandes ciudades, no piensan que este pueblo los necesita para prosperar.
A pesar de ello, hoy voy a tener que hacer un esfuerzo por el bien de la reputación de Skye.
Hoy el pub de Kristy está a reventar y eso me agobia bastante. Hace mucho que mis relaciones sociales son más con mis vacas que con personas.
Me siento en la barra a la espera de que Kristy me ponga una buena pinta de cerveza.
Al verme, agranda los ojos por la sorpresa y viene hacia mí con movimientos sensuales calculados al milímetro.
Sé lo que desea, pero no es mi tipo de mujer, y con la granja no tengo tiempo para escarceos amorosos.
Ya se lo he dejado claro en varias ocasiones, pero parece que ella no acepta un NO por respuesta.
—Hola guapo. ¡Qué sorpresa verte por aquí! ¿Por fin te has rendido a mis encantos y has decidido venir a disfrutar de este cuerpo que tanto te desea? —Mientras revolotea a mi alrededor, me pone la pinta delante. No quiero hacerle daño, pero es necesario que ponga distancia entre los dos.
—Hola, Kristy, he venido a buscar a mi hermana. ¿La has visto?
—¿Tu hermana? Hum, déjame pensar. —Enreda un cabello suelto en su dedo a modo de coqueteo mientras espero una respuesta que tarda demasiado en llegar—. Sí, ha estado aquí con el bueno de Ian. ¿No crees que hacen buena pareja? Es un amor ese chico. ―Me desespero al oírla.
—Se han marchado hará una hora —sigue hablando tranquila, como si el tiempo no corriera en mi contra—. Pero no sé a dónde han ido. Lo que sí sé es que dejó una nota para ti.
Espero impaciente a que me dé la dichosa nota. Ella sonríe con coquetería y yo estoy a punto de perder los nervios.
Al final se apiada de mí y saca un papel del bolsillo trasero de su pantalón. Abro la nota, temiéndome lo peor.
Señor cascarrabias,
Como sabía que vendrías, he decidido marcharme.
No me busques, no me vas a encontrar.
Atentamente,
Tu hermana, la creativa, inquieta y perfecta Skye
Arrugo la nota en mis manos con rabia. Me bebo la pinta de un trago y dejo el dinero en la barra, marchándome sin haber destrozado la cita de mi hermana.
Sé que ya no es una niña, pero no puedo evitar querer protegerla del mundo, me niego a que le hagan lo mismo que me hicieron a mí.
Me marcho frustrado, esperando encontrarme a la inconsciente de mi hermana en casa.