7. Lucía
CAPÍTULO SIETE
Lucía
L levo varias horas viajando y voy notando el cansancio acumulado.
He decidido hacerle caso a John y voy a hacer menos paradas en mi viaje.
Acabo de pasar Valladolid y ahora me encuentro transitando por una carretera convencional, por la que no pasa ningún coche.
De pronto, me encuentro con una chica joven haciendo autostop.
«¿Hacer autostop no está prohibido?», me pregunto. «¡Vamos a recogerla!», dice la voz insufrible de mi tía.
—¿Y si es una loca? ¿O una asesina en serie?
«En mis tiempos ayudábamos al prójimo. Vamos, niña, ayúdala», me insta.
Me apiado de la chica, pues no tiene pinta de ser una asesina y detengo el coche en el arcén. Ella se asoma por la ventanilla con una sonrisa muy amplia.
—¿Vas hacia el norte?
—Voy donde me lleve el viento. Pero hoy sí, el norte me va genial.
—Bueno, sube. —La miro de reojo mientras entra en el vehículo.
La observo sin disimulo. Parece como si hubiera salido de un festival jipi.
Su presencia irradia una mezcla de libertad, locura y una estética que hace mucho dejó de llevarse.
Lleva un vestido largo de algodón, estampado con flores enormes que parecen pintadas a mano.
Sus sandalias están gastadas, adornadas con pequeñas cuentas de colores.
Su melena, larga y algo enredada, está tintada de diferentes colores en ondas desordenadas.
Entre los mechones se asoman plumas, hilos trenzados y algún que otro abalorio que seguramente recogió en un mercadillo de un pueblo perdido.
Sus ojos, grandes y brillantes tienen aquel tipo de mirada intensa, cercana, como si te conociera de toda la vida y solo te ha echado un vistazo.
Lleva consigo una mochila tan desgastada que las asas parecen a punto de romperse.
—Gracias por recogerme, llevaba un par de horas esperando a que alguien se dignara a parar. —Estira los brazos y observo ojiplática que tiene los pelos del sobaco pintados de los tonos del arcoíris. Nunca pensé que esos pelos pudieran ser estéticos. En fin…—. Por cierto, me llamo Nebulosa Estelar.
Si Enriqueta estuviera viva, la mataría en estos instantes. ¿Pero a quién coño he metido en el coche?
«No te quejes tanto, la chica parece maja». No, si encima cachondeo.
—Yo soy Lucía, a secas. ―Me vuelvo a incorporar a la carretera maldiciendo en silencio mi suerte.
—Encantada de conocerte. Es un placer viajar con dos mujeres tan encantadoras. ―Pego un volantazo, asustada por lo que acaba de decir. ¿A quién más ve esta loca?
—Solo estamos tú y yo en la furgoneta. ―Aunque es más que evidente, se lo recalco.
—Y tu tía Enriqueta. —Vale, voy a comenzar a hiperventilar de un momento a otro. ¿Cómo que ve a mi tía?—. Está contenta por el viaje. Ah, y quiere vivir un amor de película con un highlander . Eso me parece maravilloso.
La miro de reojo sin perder la vista de la carretera. «¡¿Está hablando con la urna?!», grito en mi interior, pues esto es una locura.
«Calla, coño, para alguien que me ve. Ahora sí que voy a disfrutar del viaje», oigo en mi cabeza.
—¿Puedes ver a mi tía? ¿Ella está aquí?
—Pues claro. Este es su último viaje. Dice que le hacía mucha ilusión hacerlo contigo.
Me quedo en silencio unos segundos, procesando lo que Nebulosa Estelar ha dicho. Parece una locura, sin embargo, yo también la oigo en mi cabeza. Así que, ¿por qué no?
Dios mío, entonces, existen los fantasmas.
«A buenas horas mangas verdes», me dice y tiemblo.
—Enri dice que no pensaba dejarte sola en este viaje, que seguro que te perdías y echabas las cenizas donde no era. —Salgo de mi ensoñación cuando la chica con el sobaco de colores sigue hablando—. ¿Cuándo paramos a comer? Estoy muerta de hambre.
—Pue…, todavía no me lo he planteado, pero no tardaremos mucho.
—Tendrás comida vegana, ¿no? —¿Vegana yo? Lo que me faltaba.
Quiero desconectar, dejar de pensar por unos minutos que he recogido a una autoestopista loca que habla con los muertos. De repente, oigo un pequeño chirrido muy agudo que proviene de la mochila de mi acompañante.
—¿Qué? ¿Qué es ese ruido?
—Es Pistacho.
Hoy no tenía que haberme levantado de la cama, esta conversación es cada vez más surrealista. No sé si quiero saber quién es Pistacho, pero decido preguntar.
—¿Quién o qué es Pistacho? —Su rostro se ilumina con la pregunta. Abre la mochila y saca de ella…, ¡¿una rata?!
—Pero ¡¿qué coño?! —Intento centrarme en la carretera y no en la rata asquerosa con una cresta pintada de verde que abraza de manera cariñosa—. ¿Por qué llevas una rata en la mochila?
—Es mi compañera de viaje. Es preciosa, ¿verdad?
Deseo calmarme. Estoy conduciendo y no puedo tener tantas distracciones. Esto no puede ser real. Seguro que sigo durmiendo y que me despertaré escuchando los pajaritos piar y el sonido del río al fondo. Sin embargo, pasan los segundos y no, no es un sueño.
«Niña, ¿quieres dejar de desvariar? Es solo una rata», me riñe mi tía.
Ya me estoy cansando de la insistente voz de mi cabeza. Con lo feliz que era yo en mi barrio con mis amigas y una cervecita bien fría. ¿Quién me mandaría meterme en este fregao ?
Me mantengo en silencio sin mirar a la horripilante mascota de la loca mística, e intento ignorarla.
Nebulosa sigue conversando sola durante el viaje, o con la que supuestamente es mi tía.
De vez en cuando la observo por el rabillo del ojo y me sonríe.
¿De qué estarán hablando? La intriga me reconcome por dentro.
Tengo que reconocerlo, lo de cotilla me viene de serie.
—¿Qué te dice mi tía?
Ahora soy yo la loca, pero llegados a este punto me da igual, no pienso pasarme las horas que me quedan de camino sin saber de qué hablan.
—Está hablándome de Escocia y de su apuesto highlander . También habla de ti.
—¿De mí?
—Oh, sí. Y del amor de tu vida.
—Yo no estoy enamorada, ni siquiera tengo novio —aclaro con ironía.
—Pero lo estarás. Y será un amor como el de esas novelas que escribes y que algún día te harán famosa. —Joder con la mística, ahora va a ser que lee el futuro y todo.
—¿Cómo sabes que escribo? Te lo habrá dicho Enriqueta, ¿no?
—Me lo dice tu mirada. Puedo leer las pupilas de las personas, y la tuya me dice que tu historia está aún por escribirse. —Me quedo a cuadros.
—¿Eso se puede hacer?
—Claro. ¿Cuándo paramos para comer? —Estoy alucinando, pero decido no preguntar más y cambiar de tema.
—En el próximo área de descanso paramos y comemos algo. No te preocupes, llevo ensalada para ti.
No entiendo muy bien porqué me está pasando esto. No sé si hice algo malo en una de mis otras vidas o simplemente es el karma que quiere joderme. Lo único que sé es que este viaje está siendo de lo más interesante.