Katrina (Mujeres de sangre 2) CAPÍTULO 48
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CAPÍTULO 48

Hayden

Mis dedos se detuvieron sobre el teclado.

Una de las tantas razones por las que podíamos hacer lo que hacíamos era porque siempre estábamos conectados.

Los tres llevábamos un pinganillo que nos permitía oír todo lo que ocurría a nuestro alrededor; incluso llevábamos cámaras ocultas en las misiones o reuniones importantes; así sabíamos lo que teníamos que decir o cómo debíamos actuar cuando nos cambiamos.

La historia de Kamilia me dejó paralizado por un momento. Llevaba toda la mañana buscando a Tristan o a Cillian, pero el primero era un completo espectro y el otro llevaba años recluido. Me encontraba en un callejón sin salida constantemente.

Me sentía frustrado, cansado y cabreado. Aunque al despertarme me había sentido como en un sueño, todo se había ido a pique en cuanto me senté delante del ordenador.

Me froté la frente y comencé a dar vueltas en la silla. Ubiytsa bostezó a mi lado, lo que hizo que me detuviera y recordara un pequeño detalle. Puede que no diera con esos dos, pero Oliver no era tan listo, y aunque trabajara con Cillian, este no iba a darle asilo y arriesgarse a que lo pilláramos.

Sin embargo, lo más probable era que estuvieran en contacto; que Cillian intentara calmarlo para que no lo delatara o que Oliver lo estuviera llamando frenéticamente.

Cualquiera que fuese el caso, significaba que tenía su número, por lo que podía rastrearlo.

Años atrás le había instalado un dispositivo de rastreo a Oliver en su móvil; no me fiaba de él y quería tenerlo vigilado.

Volví a la pantalla y empecé a teclear. El punto de la pantalla comenzó a parpadear y mis dedos a golpear el escritorio. Solo esperaba que Cillian no hubiese enviado a Tristan por él, porque de ser así ya no tendríamos dónde buscar.

La espera terminó, el mapa se abrió y un punto rojo marcó la ubicación. Apunté las coordenadas, las trasladé a la táblet, recogí todo con prisas y salí disparado de la habitación.

Tenía que ir a buscarlos a todos y partir cuanto antes. Debíamos llegar primero.

Me detuve delante de la puerta y llamé. Se escucharon pasos antes de que esta se abriera y Gabriele apareciera, mirándome de arriba abajo, intentando adivinar cuál de los tres era.

—Hayden, signore —dije haciendo un saludo formal.

—¿Qué necesitas?

—¿Puede salir Neith a jugar?

Mi pregunta lo pilló por sorpresa. Sin embargo, la puerta se abrió más y la figura de cabello negro y ojos morados apareció. La sonrisa diabólica dibujó su rostro y esa fue mi respuesta.

Estaba más que dispuesta.