CAPÍTULO 41
Hayden
Las puertas se cerraron tras ellos. Mikhail y Gabriele eran hombres poderosos, pero el consejo estaba lleno de alimañas y dirigido por un ser sin escrúpulos con la única intención de tener poder y control en la palma de su mano.
—¿Sois conscientes de que en esa sala están reunidas casi todas las personas que juramos matar? —La voz de Cayden me hizo prestarle atención.
—Sí, pero no podemos hacer nada. Mikhail y Gabriele fueron claros —respondió Rayden.
Siempre era la voz de la razón, el que seguía las normas.
—En realidad se lo dijeron a Smert, no a nosotros —añadí.
—¿Sí? Y dime, ¿estás dispuesto a entrar, matar al consejo y enfurecer a los líderes de la mafia sin contar a Ramsel y a Katrina?
—Esto es una jodida mierda —se quejó Cayden.
—Entiendo vuestra frustración —dijo Rayden observando a Katrina—, pero debemos hacer las cosas bien. Ahora que la hemos recuperado, no podemos perderla y menos por ellos otra vez.
—¿Quién dijo que tendríamos que entrar nosotros? —inquirí con la vista clavada en mi objetivo.
Rayden y Cayden se giraron y me observaron con los ojos muy abiertos. Incluso Katrina, que se encontraba en la otra punta de la sala, me prestó atención.
—No serás capaz —murmuró Rayden.
Le dediqué mi mejor sonrisa y puso rumbo hacia la muerte.
Ella se encontraba tumbada en el sofá, con la cabeza posada sobre sus brazos y los ojos cerrados.
Aún me costaba creer que esa chiquilla fuese la causante de provocar tanto caos.
Sin embargo, cuando la vi con los guardias de la garita y los pocos que encontramos por el camino, mis dudas se disiparon.
Estaba loca, desquiciada y desequilibrada, aunque había cierta belleza en lo que hacía.
—Hola, Neith. Creo que no nos han presentado como es debido —dije y me puse de cuclillas para quedar a su altura.
Abrió un ojo y una sonrisa torcida asomó por su rostro. Sonreí. Siempre había querido tener una hermana pequeña, y aunque quizás así era, seguro que no era ni de lejos tan interesante como ella.
—El cerebrito.
—En realidad me llamo Hayden, un placer —saludé con la mano estirada.
Sus labios se estiraron aún más y se incorporó, sentándose a un lado para que yo lo hiciera en el otro.
No rechacé su oferta. Tomé asiento, crucé las piernas y acomodé un brazo en el respaldo del sofá.
—Y bueno, Hayden, ¿qué es lo que necesitas de mí? Porque ambos sabemos que no has venido solo a presentarte.
—La verdad es que no quiero nada. He creído, en pro a nuestra nueva alianza, que debía informarte de lo que sucederá ahí dentro. Solo para que estés preparada.
—¿Tengo pinta de ser de las que necesitan preparación?
—No. Pero he podido observar que estás muy unida a Gabriele y que le vayan a obligar a dejarte…
Su rostro perdió toda la gracia. Sus ojos se entrecerraron y el aura a su alrededor se volvió pesada, peligrosa y asfixiante.
—¿Qué has dicho?
—Veo que no lo sabías. Todo este lío se montó porque el consejo tiene una regla muy estricta sobre las relaciones entre asesinos. No les gustó nada conocer la nuestra con Katrina, así que imagínate lo que dirán sobre que la asesina número uno esté con el Don de la mafia italiana.
—No se atreverán.
—Solo podemos esperar para saber… —dije, encogiéndome de hombros.
Su rostro se transformó por completo, sus fosas nasales se dilataron y su mandíbula se tensó. Con un movimiento brusco se puso de pie y fue directa hacia la puerta.
Mis labios se estiraron, formando una sonrisa de victoria.
Escuché pasos apresurados que venían en nuestra dirección y fingí estar en shock como los demás.
—¡¿Qué has hecho?! —me recriminó Katrina.
—Yo no hice nada, solo estábamos hablando —respondí alzando las manos.
Ella me fulminó con la mirada. Seguramente no me creía, pero tampoco tenía tiempo para discutir, ya que su amiga psicópata abrió las puertas y se adentró en la reunión.