CAPÍTULO 37
Katrina
Mi intuición me decía que algo iba muy mal, pero mi madre se encontraba muy alterada como para interrogarla. Le di la taza de té que le había preparado bajo las indicaciones de Hayden. Sus manos temblorosas casi hicieron que se vertiera todo el contenido de la taza. Suspiré y la ayudé a sostenerla.
En ese instante, cuando sus ojos iguales a los míos me miraron por fin, una pequeña sonrisa, débil, pero sincera, bañó su rostro.
—Yo antes no era así, ¿sabes? —habló por fin.
—¿Así cómo?
—No era frágil —respondió con pesar—. Era una mujer fuerte, valiente y testaruda. Tú me recuerdas tanto a mi época de juventud. Incluso con el tema de las parejas.
—¿A qué te refieres?
No me respondió, se limitó a sonreírme. Dejó la taza sobre la mesa auxiliar y cogió mis manos entre las suyas.
—Has tenido suerte, cariño. Tres hombres dispuestos a compartirte, listos para afrontar todo por ti… Solo te pido que me hagas una única promesa.
Asentí, aun sin saber por dónde iba la conversación.
—Si alguna vez ves el más mínimo indicio de separación, de discrepancia entre ellos, te apartarás. No elijas, solo vete. Es mejor perder en el amor que afrontar las consecuencias del despecho.
Sus ojos reflejaban un dolor inmenso, un arrepentimiento que la consumía por completo.
—Mamá, ¿a qué viene esto?
—Solo prométemelo, Katrina. Júrame que te alejarás.
Su agarre se hizo más fuerte y su desesperación por una respuesta hizo que algo en mí se rompiera. Era incapaz de contemplar la posibilidad de abandonarlos o de que algo nos separase para siempre. Sin embargo, viendo la mirada de dolor de mi madre…
—Te lo juro, mamá. Me iré sin mirar atrás.
Con esas pocas palabras, algo de paz volvió a ella. Me alegré de haber conseguido, aunque sea un pequeño descanso a su alma dolorida, pero me dolió que fuera con esa promesa. Con una que rezaba no tener que cumplir jamás.
La puerta se abrió dando paso a Rayden y Cayden.
Ambos se detuvieron en el umbral y nos observaron.
Hayden estaba a un lado de la habitación; ya no miraba la pantalla, sino a nosotras.
Se levantó de su asiento y caminó con paso decidido hacia mí.
Me cogió por el brazo y me apartó de mi madre, llevándome contra su pecho.
—No vas a cumplir esas palabras nunca. Nosotros nunca lo permitiremos.
—Yo…
—Hayden tiene razón. Jamás te haríamos elegir —añadió Rayden.
—Prefiero compartirte con estos idiotas a no tenerte —sentenció Cayden.
—¿Cómo nos oísteis? —pregunté.
Hayden sonrió y se llevó el dedo al comunicador en su oreja. Rayden y Cayden hicieron lo mismo. Me reí por lo bajo y negué con la cabeza. Confiaba en ellos, sabía que no me fallarían.
Con esa convicción me giré y enfrenté a mi madre. Seguía sin entender a qué había venido esa conversación y no dudaba que lo que me decía lo hacía con el más puro amor.
—Ya los has oído, mamá. No tienes nada de qué preocuparte.
—Ojalá tengas razón, mi niña… Ojalá.
—Le puedo asegurar, señora, que la cuidaremos con nuestras vidas. Que no va a correr peligro y que siempre la valoraremos por encima de todo y de todos.
Las palabras de Rayden la hicieron sonreír otra vez. Sin embargo, no mencionó nada más al respecto. Volvió a coger su taza y dio un sorbo de su té.
—¿Los habéis atrapado a todos?
—Sí. Están todos muertos. Los únicos dos que consiguieron alejarse fueron cazados por Ubiytsa —señaló Cayden.
—Así que no ha vuelto nadie —insistió ella.
—No. Aunque no tenemos garantías de que no hayan transmitido nuestra ubicación. Así que lo mejor es moverse —comentó Rayden.
—Vale. Volvamos a la mansión —dije sin más.
El silencio llenó la estancia. Todos se miraron entre sí, dándome la sensación de que me estaba perdiendo algo muy importante.
—¿Qué sucede? —inquirí.
—¿No se lo habéis dicho? —replicó mi madre.
—Bueno, es que aún no tuvimos tiempo —respondió Hayden frotándose la nuca.
—¿Contarme qué? ¿Alguien me va a decir qué narices está sucediendo?
—Katrina, princesa. No te enfades, pero…
—Llevas aquí seis meses —cortó mi madre a Rayden con enfado.
—¡¿Qué?! —chillé—. ¡¿Cómo que seis meses?!
—Y eso no es todo —siguió mi madre.
—Quizás no sea bueno darle toda la información junta…
—¡Cállate!
—¡Cállate!
Mi madre y yo le gritamos a la vez a Hayden, consiguiendo que nos mirara y cerrara la boca de golpe. Observé a mi progenitora a la espera de que continuara. Ella estaba tan enfadada como lo estaba yo por esta situación.
—El consejo le quitó el puesto a tu padre y se lo entregó a Oliver. Lo acusaron de no ser capaz de controlar a sus asesinos y lo destituyeron.
Sus palabras hicieron que me tambaleara. Unos brazos fuertes me sujetaron y el aroma de Cayden me inundó. Estaba en shock, enfadada, dolida, me sentía culpable. No, ellos eran los culpables. Me habían encerrado por medio año.
—¡Es vuestra culpa! —grité con enfado y me liberé de su agarre—. Si no me hubieseis retenido tanto tiempo. Si no hubierais interrumpido aquella noche…
—¿Preferirías haberte acostado con ese idiota? —ladró Cayden.
—No… Sí… ¿Qué más da? Por no haberlo hecho, han sustituido a mi padre. Yo…
Me llevé las manos al cabello y tiré con fuerza. No me lo podía creer, no podía ser verdad.
—Katrina, cariño. No fueron ellos —dijo mi madre sujetando mis manos—. Esto era algo que iba a suceder tarde o temprano. Oliver y Marik estaban aliados para que sucediera.
—¿Qué?
—Tu padre sabía que iban a por nosotros.
Lo supo mucho antes de que sucediese; por ello mandó a los tres a buscarte aquella noche y les pidió que cuidasen de ti.
Por eso nos llevó a un lugar seguro. Él ya sabía que iba a perder el puesto y le dio igual; lo único que le importaba era nuestra seguridad.
—¿Entonces dónde está él? ¿Y por qué esos hombres te seguían?
Ella suspiró con pesar y tomó asiento, llevándome a mí con ella.
—Fue tu padre quien me contó dónde estabas. El que hablaba cada dos días con Rayden para asegurarse de que estabas bien. Así fue hasta hace dos noches.
—Es verdad, según había acordado con Ramsel, hoy sería el día en el que te dejaría hablar con él.
—Sí. Amenazó con venir y volar toda la casa si le seguimos poniendo excusas —añadió Hayden.
—Así que no sabía que me teníais drogada.
—¡¿Cómo que teníais drogada a mi hija?!
—Por menores del asunto —respondió Hayden con rapidez—. Ahora lo importante es saber dónde está Ramsel y por qué te seguían esos hombres.
Listillo. Fue hábil al desviar el tema de conversación, pero por la mirada mortal que le dio mi madre, no iba a dejarlo pasar tan fácil.
—Ramsel fue a reunirse con el consejo.
—¿Por qué iba a hacer tal estupidez? Eso es su sentencia de muerte —comentó Cayden.
—Porque se han llevado a Valery —contestó, con sus ojos volviendo a nublarse por las lágrimas.
—¿Cómo que se han llevado a Valery? —pregunté con urgencia.
—Eso es imposible. La casa tenía una seguridad infranqueable. Yo mismo la revisé —afirmó Hayden a la vez que yo preguntaba.
—No sabemos quién ni cómo, pero entraron y se la llevaron mientras dormía. Ella solo mencionó en la cena que ya tenía lo que buscaba y que pronto todo se arreglaría. Parecía muy segura.
—¿Habrá seguido investigando? —cuestionó Rayden con los ojos puestos en Hayden.
—Puf, sabiendo lo tonta que es, es más que probable que no me escuchara cuando le dije que lo dejara y que yo me ocuparía.
—¿De qué narices habláis?
—Verás, nena. Resulta que tu hermanita se atrevió a hacer un trato con nosotros. Nos propuso ayudarnos a acercarnos a ti siempre y cuando le enseñáramos a hackear.
—Que, por cierto, se le da fatal. Es una alumna horrorosa —comentó Hayden.
— ¿Hacker? ¿Valery? ¿Para qué querría saber algo así? —interrogó mi madre.
—Porque estaba obsesionada con averiguar qué había sucedido en el incendio. Tenía sospechas de que había sido provocado para mataros a vosotras y que Oliver había tenido ayuda de alguien poderoso para lograrlo —explicó Rayden.
—Aun así, eso no explica cómo entraron en la casa. La seguridad era inexpugnable —insistió Hayden.
—Por eso Ramsel fue al consejo. Creemos saber quién se la llevó.
—¿Quién, mamá?
—El único capaz de ser un espectro.
—¿Tristan? —pregunté con incredulidad—. Es imposible. Él es el asesino de Cillian. ¿Por qué se iba a meter en esto?
Mi madre llenó sus pulmones de aire. Me miró a los ojos y dijo la frase que lo derrumbó todo.
—Porque Cillian es el de aquella noche, Katrina. Él es el padre de Valery.