Katrina (Mujeres de sangre 2) CAPÍTULO 24
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CAPÍTULO 24

Belli

Shock. Esa sería la palabra que mejor la describiría. Sus ojos se encontraban bien abiertos, su boca parecía la de un pez y su tez estaba pálida. Si no viera cómo sus pechos subían y bajaban, pensaría que incluso había olvidado cómo respirar.

—Te aconsejo cerrar la boca, porque me están entrando unas ganas descomunales de meterte la polla por ahí —dijo el hombre a mi lado mientras se frotaba el miembro endurecido.

Lo miramos con seriedad. Era increíble que justo él dijera algo así; aunque no podía juzgarlo, yo estaba igual.

—No me miréis así; cuando probéis lo que es estar ahí, me diréis.

Esas palabras la hicieron reaccionar. Con un movimiento que ninguno vio venir, no solo logró liberarse, sino que también mandó a su captor al suelo. Nosotros pasamos por encima de él e intentamos cogerla, pero fue más rápida.

Se dio la vuelta y huyó por las mismas escaleras por donde había venido.

—¡Espera, no vamos a hacerte mucho daño!

Mi cabeza giró hacia la derecha a una velocidad asombrosa. Quería matarlo, aunque no me hizo falta, ya que él se levantó y le dio una colleja en la cabeza.

—¡¡Oye!! ¿Por qué has hecho eso?

—Porque me ha dado la puta gana.

—Es increíble lo listo que eres para unas cosas y lo imbécil que eres para otras —intervine.

—Pero…

—Cállate y búscala —dije, subiendo las escaleras con calma.

Como era de esperar, la puerta principal estaba abierta.

—¿Le has puesto el localizador? —interrogué.

—Pues claro. Como has dicho, soy el listo.

Di vuelta los ojos y lo ignoré. Lo dejé tecleando en su teléfono mientras salíamos.

La oscuridad de la noche lo cubría todo, el silencio era interrumpido por los búhos y los árboles batían sus hojas con el viento. La casa estaba rodeada de ellos, oculta entre la espesura de la corteza y la maleza que los rodeaba.

Se agachó y observó las huellas. De los tres, él era el caos, la personificación de la destrucción. Era un hábil rastreador; nunca se le escapaba una presa.

—Va hacia el norte; lo más probable es que se quite los tacones para ir más rápido y despistarnos.

—La señal es clara y fuerte —añadió la inteligencia.

—Si encuentra el río, no me cabe duda de que lo cruzará. Es el camino más corto a la carretera —comenté.

—Pero ella eso no lo sabe.

—Es una cazadora. Ha sido entrenada toda su vida para rastrear y perseguir. Encontrará la carretera —comentó Chaos.

—Bien, nos dividiremos, pero recordad, nada de juegos hasta estar los tres.

Nos miramos fijamente unos segundos, los suficientes para saber que, nos gustara o no, mantendríamos la palabra. Nadie la tocaría hasta estar los tres juntos.

Asentimos y nos pusimos en marcha. La inteligencia fue por la derecha, el caos por la izquierda y yo por el centro.

Corrí. Lo hice con el corazón acelerado y la respiración agitada, las manos me temblaban y el miembro se me endurecía a cada paso.

Esto era sin duda lo más excitante que habíamos hecho jamás.

Era lo que habíamos soñado durante años.

Estábamos convirtiendo a la cazadora en nuestra presa.

Una que pensábamos devorar hasta que ya no quedase nada de ella.