6. Kat
KAT
Tengo la boca seca y siento un martilleo en la cabeza. Me doy la vuelta y me quedo tumbada un rato en silencio, evaluando cómo de grave es la resaca.
Aparte del dolor de cabeza y la sequedad de garganta, no me siento tan mal teniendo en cuenta que anoche me bebí casi toda una botella de vino.
Debería sentirme fatal, pero, en cambio, noto una ligereza en el pecho que no sentía desde hace mucho tiempo.
Retazos de recuerdos se clavan en mi cerebro. Me da vergüenza haberle contado todo a Joel, pero también me siento bien. Más ligera. Hay algo en Joel que me hace sentir que puedo hablar con él, sincerarme. Me siento a salvo cuando él está cerca.
Quizá sea porque ya sabía de él por los correos que me escribía Brook. Ella lo ve como a una figura paterna, pero yo estoy empezando a sentir algo más por él.
Salgo de la cama y saco de mi mochila la única otra muda que tengo: unos leggings y una camiseta ancha. Me los pongo rápidamente y salgo de la habitación caminando con sigilo.
Arrugo la nariz ante el olor a beicon frito y me dirijo hacia la cocina.
Joel está frente a los fogones, tarareando para sus adentros y vestido con una camiseta negra ajustada. Me detengo en seco, admirando su espalda robusta, tonificada por años de trabajo en la granja.
Menea las caderas mientras tararea, y el movimiento hace que se me acelere el corazón y provoca un flujo de humedad entre mis piernas.
No me ha visto; me coloco silenciosamente a su espalda y deslizo la mano por ella, sintiendo cómo sus músculos se marcan bajo mi piel.
Él jadea y se queda petrificado con la sartén en la mano.
—Buenos días —digo, dejando que mi mano baje hasta la parte inferior de su espalda.
Él deja la sartén y se da la vuelta. Hay un destello de deseo en su rostro y sus ojos recorren mis pechos, que empujan contra la camiseta.
Sonrío triunfante. Me encanta que este hombre mayor y sexy me desee. Hace que me tiemblen las rodillas y que mi coño palpite.
Quiero que me quiera. Quiero que me desee. Quiero darle las gracias por escucharme y por hacerme sentir segura. Y solo conozco una forma de hacerlo.
Puede que ayer me rechazara, pero ahora puedo ver el deseo en su cara, y el bulto en sus vaqueros me indica que me quiere.
—Gracias por lo de anoche —le miro directamente a los ojos mientras me hinco de rodillas.
—Eh, para —me agarra por los hombros y hace que me ponga de pie—. No hace falta que hagas eso, Kat.
No lo entiendo. He visto el deseo en sus ojos y le estoy ofreciendo algo de alivio. ¿Por qué se empeña tanto en decir que no?
—¿Es que no me quieres?
Inspira profundamente y su voz suena tensa.
—Cielo, no tienes ni idea.
Sus manos aprietan mis hombros y su respiración es entrecortada. Me muerdo el labio inferior y saco pecho, para ver hasta dónde puedo llegar con él.
Nunca he hecho algo así, pero siento en todo mi cuerpo que quiero que este hombre me desee.
Él gime y por un momento pienso que va a ceder.
Entonces me suelta los hombros.
—Te estás quedando aquí como mi invitada y no pienso aprovecharme de ti.
Una ola de decepción me invade. Quiero entregarme a él, pero es la segunda vez que me rechaza.
—Vales más que eso, Kat.
Me retira un mechón de pelo de la cara y me lo coloca suavemente detrás de la oreja. Su tacto es ligero y cariñoso; nunca antes un hombre me había tocado así, como si fuera algo valioso.
—¿Por qué no te sientas y te preparo el desayuno?
Me acompaña a la mesa y me saca una silla. Es el rechazo más amable que he recibido nunca.
El sexo era un arma con mi ex, la única forma que tenía a veces de conseguir que se calmara. Era el único momento en que se portaba bien conmigo. Pero estoy empezando a ver que no todos los hombres son así.
Miro por la ventana los campos de cultivo. Aquí hay paz, seguridad. Siento que aquí no podría pasar nada malo.
Joel pone un plato de comida delante de mí y me rugen las tripas. No tengo tanta resaca como para no apreciar unos buenos huevos con beicon.
—Ese ex tuyo... ¿Ha intentado ponerse en contacto contigo desde que te fuiste?
Hay preocupación en su voz y me hace sentir bien, como si le importara a alguien.
Niego con la cabeza.
—No me llevé el móvil. Quería empezar de cero.
Me pregunté si Karl intentaría seguirme. Pero la verdad es que no creo que le importe lo suficiente.
Joel mastica su desayuno pensativo.
—Ahora debería haber sitio para ti en casa de Brook. Te llevaré después de desayunar.
La decepción es abrumadora. Aquí me siento a salvo. Me siento bien con Joel. Ya se lo he contado todo y no quiero enfrentarme a mis hermanas.
Es como si me leyera el pensamiento.
—Creo que probablemente necesites hablar con tus hermanas.
Suelto el tenedor. La idea de contarles a mis hermanas lo de Karl y mi relación tóxica me revuelve el estómago. No lo entenderán y volveré a ser la oveja negra de la familia. Ellas están todas enamoradísimas y aquí estoy yo, la gran perdedora que se metió en una situación estúpida.
—No lo entenderán.
—Entenderán más de lo que crees.
Pone su mano sobre la mía. Es reconfortante y cálida, y quiero quedarme aquí con él y con su amabilidad.
—¿No puedo quedarme aquí?
Vuelvo a ver ese destello de deseo en sus ojos. Luego retira la mano y baja la vista hacia su plato.
—Lo siento, cielo. —Su tono es tajante y vuelvo a sentirme rechazada.
Me quiere fuera de casa y no lo culpo. Soy una extraña con problemas que no deja de tirarle los trastos. ¿Por qué iba a querer tenerme cerca?
Comemos el resto del desayuno en silencio.