2. Kat
KAT
Mientras la camioneta avanza dando tumbos por el camino rural, me desplomo contra la ventanilla. Tengo los ojos entrecerrados, pero mi mente está alerta.
Brook nunca mencionó que Joel era un madurito interesante. Desde el momento en que se detuvo y me saludó con ese acento pausado de Maple Springs, mi cuerpo se puso en estado de máxima alerta.
Sus manos rudas de granjero descansan con naturalidad sobre el volante, y no puedo evitar preguntarme qué se sentiría si las apoyara en mis muslos. Puedo imaginar el roce de su barba entrecana contra mi piel mientras hace lo que quiere conmigo. Este es un hombre por el que me entregaría con gusto.
Le lanzo una mirada de reojo, pero él mantiene la vista fija en la carretera.
Corté cualquier intento de conversación al subir el volumen de la radio, pero me gusta bastante estar en silencio con él. Transmite calma, como si no esperara nada de mí. Sin charlas, sin explicaciones, sin juicios. Justo como a mí me gusta.
Entramos en el patio de mi antiguo hogar y cualquier serenidad que sintiera desaparece de golpe. Mis hermanas están ahí dentro y, tras meses de silencio, van a querer explicaciones.
La camioneta se detiene, pero no hago amago de bajar. Es más fácil observar la casa un rato. Todas las luces están encendidas y, a juzgar por el número de coches aparcados delante, diría que mis cuatro hermanas están dentro.
Me estoy mordiendo las uñas. Eso significa que el esmalte negro se desconchará, pero es un hábito nervioso que no puedo evitar.
—¿Quieres que entre contigo?
Joel me observa con curiosidad, y hay algo de dulzura en su mirada que alivia un poco mi ansiedad.
Mi instinto es decir que no. Ni siquiera conozco a este hombre. Bueno, he leído las cartas de Brook. Compró la granja que hay siguiendo el camino y fue de gran ayuda cuando mamá estuvo enferma, y lo ha sido desde entonces. Y, al no haber otro padre, es él quien la entregará mañana en el altar.
Pero hay algo en la forma en que me mira. Hace mucho tiempo que no veía una amabilidad así.
—¿Lo harías?
Él baja de la camioneta y yo lo sigo, echándome la mochila al hombro.
Solo hay unos pocos metros hasta la puerta principal, pero arrastro los pies. He esperado tanto tiempo una oportunidad para volver, pero ahora que estoy aquí, no sé qué tipo de recibimiento me espera.
Voy a llamar, pero Joel saca una llave. Deben de confiar mucho en este tipo si tiene una llave de repuesto de la casa.
Respirando hondo, abro la puerta de un empujón.
Se oye el ritmo de la música en el equipo, algún tipo de rap de los noventa, que debe de ser elección de Brook.
Voces femeninas llegan desde el salón. Oigo una risita y luego un grito.
Recorro el pasillo a toda prisa, seguida de Joel, y abro la puerta del salón.
Violet está tumbada en el sofá, frotándose las cejas. Erin está encaramada cerca de su cabeza, blandiendo unas pinzas.
—Venga, Violet. Solo son unos pocos pelos.
Zoey está sentada en el suelo, inclinada sobre los pies de Brook con un frasco de esmalte de uñas en las manos, mientras Brook se recuesta en el sillón, con las manos extendidas y agitándolas lentamente en el aire mientras se le seca el esmalte de los dedos.
Canta siguiendo la música, intentando seguirle el ritmo a Missy Elliott.
Al abrirse la puerta, se giran para mirarme y por un instante el único ruido es el rap de Missy.
Erin es la primera en reaccionar, y yo me preparo para la embestida.
—¡Kat!
Brook se incorpora rápidamente, lanzando los pies hacia delante, y por poco no le da una patada a Zoey en la cara. El frasco de esmalte se vuelca y se derrama por la alfombra.
—¡Ay, porras! —Zoey agarra el frasco e intenta recoger el esmalte pegajoso para meterlo dentro.
Brook se pone en pie y se abalanza hacia mí con los brazos abiertos.
—¡No estropees el esmalte! —grita Zoey.
Entonces Brook me rodea con sus brazos, y el abrazo humano me produce una sacudida. Esta no era la acogida calurosa que esperaba.
—Me alegra tanto que hayas venido.
—¿Quién ha llegado? —dice Violet, incorporándose poco a poco. Mira a su alrededor y, cuando me ve, una cálida sonrisa se extiende por su rostro.
—Ah, sí. Me preguntaba cuándo llegarías.
Brook me suelta y se encara con Violet.
—¿Sabías que Kat venía? ¿Y no me has dicho nada?
Violet se encoge de hombros.
—No lo sabía con seguridad, pero dio algunas pistas.
Intenté dárselas a Violet en un grupo de internet del que ambas formamos parte, uno donde no uso mi nombre real. Pero no podía darle ninguna información real por miedo a que me descubrieran. Y no sabía exactamente cuándo se presentaría la oportunidad de irme.
Pero no quiero contarles nada de eso ahora, así que me limito a encogerme de hombros.
—Aquí estoy.
Zoey me da un abrazo, y Violet también.
Alguien apaga la música, pero todo el mundo habla a la vez y tengo un nudo en la garganta. Me preocupaba tanto que me odiaran por no haber mantenido el contacto, pero lo único que recibo son abrazos y entusiasmo.
Luego dan un paso atrás, y allí está Erin, todavía encaramada en el sofá con los brazos cruzados.
—Menos mal que por fin has decidido pasarte.
Sus palabras destilan sarcasmo, y esto es lo que me esperaba, pero aun así me duele en las entrañas.
—Erin... —Brook le lanza una mirada de advertencia, pero mi hermana mayor continúa.
—No te molestaste en volver por mamá, pero ahora que hay una boda decides hacer acto de presencia. ¿Has vuelto por la bebida gratis?
Es algo tan insultante que doy un paso atrás.
Pero, por otro lado, no puedo decir que la culpe. Sé qué aspecto debe de tener. No volví cuando mamá estaba enferma, y no volví para su funeral.
Lo intenté, pero no pude conseguirlo. Si tan solo Erin supiera lo que me costó intentarlo... Tiro de la rebeca, cubriéndome las muñecas por instinto.
Algún día les contaré la verdad a mis hermanas. Pero aún no estoy preparada. Hasta entonces, Erin puede pensar lo que quiera de mí.
Levanto la barbilla con aire desafiante.
—No espero que lo entiendas.
—No, no lo entiendo —me corta ella—. Nunca te entenderé, Kat.
Brook levanta ambas manos.
—Vale, vale. No vamos a hacer esto ahora, no antes de mi gran día.
Le lanza a Erin una mirada elocuente, y Erin agarra su copa de champán y le da un trago largo, terminándosela.
—Me alegro de que estés aquí —dice Brook—. Podemos poner otro sitio en el banquete, ¿verdad, Joel?
Había olvidado que Joel estaba detrás de mí. Está apoyado en el marco de la puerta y, al girarme, pillo una mirada sombría dirigida a Erin, pero enseguida recompone sus facciones y me pregunto si lo habré imaginado.
—Siempre hay sitio para uno más.
—Es demasiado tarde para ser dama de honor —espeta Erin.
El rostro de Brook decae.
—Oh, Kat, no pensaba que vendrías. Las otras chicas son damas de honor, pero no tengo un vestido para ti.
Lo último que quiero es que me exhiban delante de todo el mundo con algún vestido de volantes.
—Está bien.
Ella mira mi mochila, que he soltado en el suelo.
—¿Dónde está el resto de tu equipaje?
—Es esto.
Tuve que salir deprisa. Tengo una muda de ropa, mi identificación y unos pocos dólares.
—Oh, no. —Brook se lleva la mano a la boca—. No sé dónde vas a dormir. —Se muerde el labio inferior—. Tenemos a los hijos de Erin durmiendo arriba, Zoey está en la habitación de invitados y Violet aquí abajo en el sofá.
Miro alrededor del salón abarrotado.
—Podría dormir en el suelo o algo así. No soy tiquismiquis.
Brook arruga la cara. Parece preocupada, que es lo último que quiero antes de su boda.
—No me queda ropa de cama, a menos que uses unos jerséis para hacerte una manta.
No había pensado en esto. Creía que siempre tendría un sitio aquí, pero no se me ocurrió que la noche antes de la boda sería una gran fiesta de pijamas de chicas.
Una mano firme me sujeta el hombro.
—Kat puede quedarse conmigo.
Respiro hondo con brusquedad. El calor de la mano de Joel fluye por mi hombro, calentándome el cuerpo entero.
—¿Si a ti te parece bien? —pregunta él en voz baja.
—Ajá. —Me parece más que bien. Un hombre mayor quiere que me quede con él. Sé lo que eso significa, y estoy encantada de complacerle.