Kat (Small Town Sisters nº 5)
© inepub.com
1. Joel
JOEL
La camioneta bota al pasar por un bache, haciendo que las botellas tintineen. Reduzco la velocidad mientras maldigo los caminos rurales. Llevo un cargamento de alcohol en la parte trasera que tengo que llevar al granero para la boda de mañana, y no quiero que se rompa nada por culpa de un bache.
Me paso la mano por la barba, que me he recortado con esmero en el pueblo. Mañana voy a entregar a Brook en el altar. Soy lo más parecido a un padre que tiene esa pobre chica, y no quiero entregarla con aspecto de espantapájaros.
Pienso en las tareas que tengo que hacer por la mañana. Van a usar nuestro granero para el convite, y espero que mi hija Sarah lo tenga todo montado y listo. La empresa de catering llegará mientras estemos en la ceremonia.
Una figura que aparece más adelante me saca de mis pensamientos. Son casi las diez de la noche y está oscuro como la boca de un lobo. Hay que tener ganas de morir para caminar por estos caminos rurales después de que anochezca.
Aminoro la marcha y, al acercarme, veo que es una mujer. Va vestida de negro con una mochila pequeña colgada al hombro. Se protege los ojos de los faros cuando se da la vuelta.
Su ajustada falda negra se ciñe a sus curvas de infarto y lleva una rebeca de manga larga abierta por delante, que revela un top escotado que deja ver dos pechos suaves y generosos.
Dulce Jesús. Siento calor en la entrepierna y un hormigueo en los lomos que no sentía desde hace mucho tiempo.
Maldita sea, tengo que sacar a esta mujer de la carretera antes de que alguien con menos escrúpulos que yo la encuentre. Me detengo y me asomo por la ventanilla.
—¿Adónde vas?
Ella entorna sus ojos de párpados oscuros hacia mí. Tan de cerca puedo ver que es joven, aunque intente ocultarlo tras el maquillaje y la ropa de mujer.
No debe de tener mucho más que la edad de mi hija, y odiaría pensar en Sarah vagando sola por las calles de noche. El padre protector que hay en mí necesita asegurarse de que esta joven llegue sana y salva a dondequiera que vaya.
—¿Quieres que te lleve a algún sitio?
Mueve la mandíbula al masticar un chicle mientras me recorre con la mirada, como si me estuviera evaluando. Me alegro de haberme recortado la barba, de lo contrario tendría un aspecto salvaje.
La observo fijamente, esperando a que termine su evaluación. No debe de ser fácil para una mujer joven aceptar que un extraño la lleve, aunque hay algo familiar en ella. Pero no consigo ubicarla.
—¿Vas a violarme?
Me quedo desconcertado por su descaro y el desafío en su mirada.
—No, cielo. Solo quiero asegurarme de que llegas a casa bien.
Gira la cabeza y mira hacia la carretera, haciendo que su pelo oscuro le caiga sobre los hombros, y ahora veo el parecido con claridad.
—Eres la pequeña de los Taylor.
Pone los ojos en blanco, demostrando su edad. —Siempre me conocen como la pequeña de los Taylor —murmura—. Me llamo Kat.
Le abro la puerta. —Encantado de conocerte, Kat. Yo soy Joel.
Se sube a la cabina de mi camioneta y entreveo un muslo grueso. Dulce Jesús. Debe de tener la mitad de mi edad, y no debería estar deseando a una joven que acabo de conocer, pero mi polla no está de acuerdo.
Miro rápidamente a la carretera, esperando que la oscuridad oculte la tienda de campaña en mis vaqueros. Ha pasado demasiado tiempo desde que estuve con una mujer y demasiado tiempo desde que conocí a alguna que me provocara este efecto instantáneo.
—Soy el vecino de Brook. Vivo en la granja que está junto a las perreras.
Gira la cabeza lentamente hacia mí; cada uno de sus movimientos parece deliberado, muy meditado.
—Sé quién eres. He leído los correos electrónicos de Brook.
Me guardo ese detalle para mí. Por lo que yo sé, nadie ha tenido noticias de Kat en meses. Se escapó a California y ni siquiera volvió para el funeral de su madre.
Pero mantengo la boca cerrada. Aquí hay una historia, pero no me corresponde a mí sonsacársela.
—Se alegrarán de que hayas vuelto para la boda.
Apoya la cabeza contra el cristal y mira hacia la carretera.
—¿Saben que vienes?
No dice nada, y sospecho que no lo saben. He visto los planos de las mesas para mañana y no hay ninguna Kat en ellos.
En lugar de responder, alarga la mano hacia la radio y sube el volumen. La manga de su top se sube y alcanzo a ver algo en su muñeca.
Retira la mano rápidamente. Sigo mirando la carretera, sin dar a entender que he visto las cicatrices irregulares grabadas en su piel pálida.
Vaya que sí, esta chica tiene una historia que contar, de eso no hay duda.