Kansas (Escala de matices 2) CAPÍTULO 18 #2
57%

CAPÍTULO 18 #2

Sonrió, nervioso, y le puso la mano en el hombro.

Rhae se quedó completamente quieto, pero podía ver el pulso latiéndole en el cuello.

Parecía decidido a dejar que fuera él quien eligiera qué hacer y, la verdad, le gustó.

No lo estaba agarrando, ni apremiando, ni intentando convertir aquello en otra cosa.

Le daba espacio por si cambiaba de opinión.

—Voy a besarte —le advirtió.

En la boca de Rhae se dibujó una sonrisa.

—¿Me lo vas a retransmitir? —se burló.

—Cállate —le chistó.

Se quedó paralizado, repentinamente avergonzado de tener que besarlo. Nunca había tenido problemas para acercarse a una chica, pero hacerlo con Rhae era diferente.

—¿Qué estás esperando? —lo provocó Rhae con diversión—. No quiero criticar a mi sueño húmedo, pero esto es lo menos atractivo que he visto en mi vida.

—Como sigas hablando, vas a besar a quien yo te diga —lo amenazó—. Espera y cállate, no soy gay, me estoy haciendo a la idea.

Vio cómo la comprensión se dibujaba en su cara. La diversión desapareció de golpe de su rostro.

—Dylan, no tienes que hacer esto. De verdad, incluso aunque fuera un problema, me voy en un mes —le recordó.

Notó cómo se le encogía el estómago. Un mes. Eso era todo lo que le quedaba: cuatro semanas antes de no volver a verlo nunca. Hasta ese momento había conseguido no pensar demasiado en la fecha, pero, con su mano todavía sobre el hombro de Rhae, le pareció demasiado cercana.

Inclinó la cabeza y le puso la mano en la barbilla. Se fijó en sus ojos negros, en su mandíbula fuerte, en sus pómulos altos y en su piel curtida. Dentro de un mes no habría más Rhae, solo silencio otra vez, y estaría bien… solo que no lo estaba en absoluto.

Presionó sus labios contra los de él. Los encontró templados y firmes; bajo su mano, el cuerpo de Rhae irradiaba una tensión que resultaba intimidante, aunque eso ya no funcionaba con él después de conocerlo.

Rozó su boca con suavidad, esperando que se relajara y, quizá, evitar recibir un empujón.

No funcionó; Rhae seguía inmóvil, dejando que decidiera hasta dónde llegar.

Aquella paciencia lo puso más nervioso que cualquier movimiento.

Cambió de enfoque, hundió los dedos en su nuca, se aferró a sus mechones y le dio un tirón antes de meterle directamente la lengua en la boca.

Y de repente estaba en medio de una noche de putos fuegos artificiales, solo que mucho más impresionante porque estaban explotando dentro de él.

Rhae respondió y le devolvió el beso, empujando su lengua contra la suya. Notó cómo toda aquella tensión contenida se soltaba de golpe y su cuerpo tembló en respuesta, sin saber qué hacer con lo intenso que resultaba sentirlo así.

Le puso la otra mano en el pecho porque los temblores de su interior ya se extendían por cada parte de él.

Sus músculos eran duros y su piel estaba tan caliente que el calor le subió por la palma y el brazo.

Gimió dentro del beso, ignorando la presión que empezaba a acumularse bajo su pantalón.

Aquello no se parecía a una prueba para aclarar nada; solo estaba consiguiendo que todo fuera todavía más confuso.

Rhae arrastró la silla sin dejar de besarlo, hasta que estuvieron tan pegados como el mueble les permitía. Sus rodillas rozaron el interior de sus muslos y, en vez de buscar espacio, Rhae cerró las piernas, acercándose más. El contacto le arrancó otra respiración torpe que él atrapó con la boca.

Tiró de su pelo de nuevo, recordándole las normas, pero, en vez de frenarse, Rhae lo agarró del cuello y le hizo girar la cabeza, arrastrándolo a una sucesión de mordiscos y besos que lo dejó sin aliento.

No había suavidad en aquello, pero tampoco la estaba pidiendo.

Le gustó demasiado la forma en que Rhae había dejado de contenerse.

—Basta —le ordenó, tirando de su pelo.

Rhae se detuvo de inmediato. Lo miró a los ojos y sonrió; una sonrisa lenta, premeditada y tan sexy que agradeció estar sentado.

Soltó su agarre con suavidad y retrocedió despacio, echando la silla hacia atrás.

Necesitaba respirar, refrescarse, encontrar algo que decir y cortar las ganas que tenía de desnudarse para ver adónde los llevaba aquello.

No lo ayudó a tranquilizarse descubrir la erección de Rhae marcada contra el pantalón fino de tela. Apartó la vista enseguida, aunque ya era demasiado tarde para fingir que no la había visto. Su propio cuerpo tampoco estaba en condiciones de darle lecciones a nadie.

—No se nos da muy bien pensar —comentó, intentando quitarle importancia al hecho de que acababa de vivir el mejor beso de su vida. En su cabeza había sonado mejor; quizá habría resultado más convincente si su voz no hubiera salido tan gastada.

Rhae le dedicó una mirada muy poco sutil, deteniéndose primero en su regazo y después en su boca.

—No. ¿Y qué hacemos ahora? —planteó.

Se levantó de la silla y fue hacia la ventana sin atreverse a mirarlo. Tenía las piernas algo inseguras y esperaba que Rhae no se diera cuenta. Alzó la hoja y se sentó en el alféizar antes de responder.

—Dormir. Aquí no pasó nada raro. Todo es muy normal. Repítelo hasta que lo creas.