Kai (Romance militar de héroes alfa nº 13) Capítulo treinta y siete
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Capítulo treinta y siete

Kai

La cámara luchaba por enfocar. Captamos una imagen a larga distancia del momento en que el misil impactó contra la Cessna.

La explosión lanzó fragmentos del avión en todas direcciones.

Parte del agua en la superficie del océano se vaporizó, difuminando la imagen.

El estruendo de la explosión llegó un segundo después y sacudió a Serenity en sus amarres.

La onda expansiva también me sacudió. Se me taponaron los oídos.

A juzgar por la conmoción reflejada en el rostro de Cece, ella también sintió los efectos de la explosión.

Cuando el humo y la bruma se disiparon, lo único que pude distinguir en las imágenes ampliadas de las cámaras fueron unas cuantas piezas de metal, brillando a lo lejos en el agua.

—No nos mató —murmuró Cece—. Fue a por Levine.

Le planté un beso en la coronilla a Cece y, tras dejarme caer en la silla, escudriñé el radar para confirmar que el helicóptero asesino se había marchado y ya no suponía una amenaza.

—No puedo decir que me sorprenda —estudié los monitores—. El asesinato de alta tecnología es el modus operandi de Li.

—¿Estás seguro de que el helicóptero del diablo se ha ido? —preguntó Cece.

—Afirmativo —reexaminé mis indicadores—. No activó el modo furtivo al salir, así que Bellator lo rastreó hasta que salió del alcance del radar. Ya verás cuando los chicos se enteren de esa bestia voladora. Me alegro de que tengamos imágenes, por borrosas que sean.

Solo cuando noté el silencio de Cece levanté la vista de mi estación.

Tenía el ceño fruncido. Las pequeñas líneas verticales se marcaban profundamente entre sus cejas.

La adrenalina seguía bombeando en mis venas y aún estaba en modo guerrero, pero me puse de pie, la estreché entre mis brazos y la besé con tanta fuerza que me preocupó haberle magullado los labios.

Estaba a punto de besarla de nuevo cuando ella apoyó las manos en mi pecho y dio un paso atrás, dejándome desconcertado.

—¿Kai? —murmuró, con los ojos fijos en los monitores.

—Lo sé —intenté abrazarla de nuevo—. Ha sido demasiado.

—Para —ordenó—. ¿Viste lo que acaba de pasar?

—Lo vi, Hechicera, pero en cuanto me di cuenta de que no éramos el objetivo...

—No me refiero a eso —señaló las pantallas—. ¿No viste lo que pasó con Levine?

—¿Levine? —observé la mueca que torcía sus labios hacia abajo—. ¿Te refieres a que lo hicieron pedazos?

—Saltó.

Fruncí el ceño.

—¿Qué dijiste?

—Levine saltó del avión.

Una quietud sobrenatural tensó mi cuerpo. El corazón me latía con fuerza en el pecho y la sangre me zumbaba en los oídos. Había estado tan concentrado en rastrear el misil y el helicóptero que no había podido vigilar todas las pantallas.

—Vi el avión en esta pantalla —puso una mano sobre ella—. En el último momento, voló bajo y se niveló en paralelo al agua, a solo unos metros de la superficie. Perdió velocidad. Y entonces, la sombra de una persona cayó de la Cessna.

—Cece, cariño, nadie podría haber sobrevivido a ese impacto...

—Levine no estaba en el avión cuando el misil impactó —me interrumpió—. Eso es lo que intento decirte. Saltó, Kai. Antes de que el avión explotara. ¿Sabes lo que esto significa?

—Cece... —gruñí, sin que me gustara nada el rumbo que tomaba aquello.

—Oye, Bellator —ladró—. Reproduce las imágenes de la cámara siete.

—Identifíquese, por favor.

—¡Maldita sea, Bellator! —dio un pisotón en el suelo—. ¡Hazlo de una vez!

—Identifíquese, por favor.

Me fulminó con la mirada.

—¿Kai?

—Tranquila —me dirigí al bot—. Bellator, rebobina las imágenes de la cámara siete y reprodúcelas a cámara lenta.

—Rebobinando.

—Es muy poco probable que...

—No me hables de probabilidades —espetó—. Estamos vivos cuando deberíamos estar muertos.

No le faltaba razón.

—Reproduciendo imágenes —anunció la IA.

—Solo mira —me instó—. Mira con atención.

Varios minutos avanzada la grabación, el avión se niveló. La puerta se abrió en pleno vuelo y, tal como había dicho Cece, una figura borrosa con un chaleco salvavidas naranja brillante cayó al océano.

—Buen ojo —silbé—. Parece que saltó del avión. Aun así, estaba cerca de la explosión. Difícil que alguien sobreviviera a eso.

—Pero es posible, ¿verdad?

—Posible, aunque no probable.

—Estamos hablando de Levine —me recordó—. Sobrevivió a nosotros, a caer en un bufadero y a quién sabe qué más. Si alguien pudo haber sobrevivido a esto, es él.

Punto para la Hechicera.

—¿Y si estaba sumergido cuando el misil impactó contra el avión? —preguntó, aguda como siempre—. ¿No reduciría el agua el impacto de la explosión?

—El radio de la explosión habría afectado todo, incluido el océano, pero en teoría, cabe la posibilidad de que el agua le ofreciera algo de protección —admití—. Aunque así fuera, a estas alturas probablemente ha muerto por las heridas, se ha quemado con el combustible derramado o se ha ahogado.

—Pero...

—Sé lo que estás pensando, pero las probabilidades no justifican poner en riesgo tu seguridad y delatarnos para recuperar un cadáver.

—¿Y si no está muerto? —me desafió Cece, enarcando las cejas—. ¿Y si podemos echarle el guante, interrogarlo y resolver este misterio de una vez por todas?

—¿Y si está muerto, pero su jefe sigue buscándonos? —repliqué—. ¿Y si esto es una trampa para hacernos salir de nuestro escondite o para localizar el Serenity? ¿Y si lo de esta tarde fue todo un montaje y Li está esperando a que nos expongamos para atraparte o enviar ese helicóptero a matarte?

—Entiendo que podría ser una trampa —admitió con un suspiro—. Pero si yo no estuviera aquí, si estuvieras solo en el Serenity, o si tu equipo estuviera a bordo y tuvierais la misma información que tenemos ahora, ¿irías a investigar?

Por supuesto que sí, pero me negué a contestar.

—La respuesta a mi pregunta es sí —dijo—. No tienes las prioridades claras.

—Mi misión es protegerte a ti —le espeté.

Esbozó una sonrisa amarga.

—Si yo no estuviera aquí, ya estarías de camino al lugar del accidente.

Se acercó a mí, me puso las manos en los hombros y me miró a los ojos. Sus ojos azul plateado me suplicaban.

—Este podría ser el avance que necesitamos, lo que Dash intenta conseguir, y nuestra única oportunidad de detener a la NWO y quizá incluso acabar con ella.

Joder. Cuando me miraba así, me derretía. Por no hablar de que su análisis tenía todo el sentido del mundo. Pero no podía poner en riesgo su seguridad. Ella era mi misión, y ahora también era mucho más. Tenía que protegerla costara lo que costara.

Negué con la cabeza.

—No voy a arriesgar tu vida por meras especulaciones.

—Cabe la posibilidad de que Levine esté vivo —se irguió cuan alta era—.

Quizá no sea muy probable, pero existe. Tal vez sepa dónde está Affie, o cómo se metió mi padre con la NWO, o por qué quieren matarnos y qué piensan hacer después.

Y si hay la más mínima posibilidad de que Levine siga vivo, solo queda una cosa por hacer.

—No lo digas —me froté la cara, temiendo lo que intuía que iba a proponer—. Por favor, no lo digas.

Me atravesó con sus ojos azules.

—Tenemos que ir a buscarlo.