Capítulo veintitrés #2
El contraste entre mi ira y su paciencia lo había cambiado todo.
Había soportado mi temperamento con gracia y perseverancia.
Y quizá lo más importante: había admitido tener sus propios problemas.
Vale, no habíamos hablado de ello, pero esas sombras que había visto acechando detrás de un hombre que parecía perfecto —demasiado perfecto a veces— habían sido reales.
No era perfecto. Eso solo lo hacía más real a mis ojos. Ambos teníamos fantasmas del pasado. La lujuria entre nosotros era intensa. Nos habíamos saciado el uno del otro hasta que cada uno alcanzó el placer. La conexión entre nosotros se había solidificado.
Pensar que una vez creí que era frígida...
Kai había echado por tierra esa idea varias veces ya.
Quería desmentirla por completo. Incluso ahora, mi necesidad de él me sofocaba.
Me mantenía a mí y a mi coño en un estado perpetuamente hirviente.
El calor emanaba de mis poros, tan potente como las notas frescas de jabón y champú que perfumaban mi cuerpo.
Las sábanas atrapaban el aroma, lo vaporizaban, lo multiplicaban. Lo respiraba, anhelando alivio.
Kai también había echado por tierra mi teoría de que los hombres no sabían nada sobre el cuerpo de una mujer y que nadie podía dar placer a una criatura tan resistente a la masculinidad como yo.
Él sabía cómo darme placer. Lo había demostrado.
Su lengua, sus labios y sus dedos trabajaban en equipo para hacerme ajena a todo excepto a mi placer y a él.
Y sin embargo, mi problema seguía ahí. ¿Lo que más quería? ¿Lo que necesitaba?
Aún no había sucedido...
El mero pensamiento de él embistiendo dentro de mí me hacía apretar los muslos. Necesitaba un vibrador ahora mismo. Era una pena que mis hermanas se hubieran olvidado de meter uno en la maleta. O tal vez lo habían omitido a propósito para ayudarme con mi conexión con la lujuria.
—Thena, Missy, vamos a tener una larga charla cuando vuelva —murmuré en la oscuridad—. Bueno, todavía tengo mi mano, zorras.
Me tocaba hacerlo a mano.
Cerré los ojos y me acaricié el clítoris, que seguía a flor de piel. Lo intenté durante un rato, pero mis caricias me parecían vacías comparadas con las suyas. Mierda. Me había echado a perder para cualquier dedo, incluidos los míos.
Abandoné mi patético intento. No servía de nada. Si me había dado tanto placer solo con las manos y la boca, imagínate lo que podría hacer con la polla. Pero no. Oh, no. El maldito escudo se había caído justo para que lo sintiera rozando la entrada de mi coño sin llegar a entrar.
Tenía que solucionar mi problema.
Había acogido con gusto las atenciones del hombre y demostrado cuánto apreciaba sus cualidades: su cuerpo fenomenal; su polla grande e increíble; su pasión, amabilidad, inteligencia y fuerza. Había estado tan cerca de algo nuevo, algo... esperanzador.
El día siguiente traería nuevas oportunidades.
Al menos eso esperaba. Si la NWO no nos encontraba y si sobrevivíamos a la noche.
Sabía que Kai arreglaría el problema de energía del escudo, y como yo había estado de guardia, también sabía que, por aterrador que hubiera sido el fallo del escudo, Kai había reaccionado con la rapidez suficiente para no llamar la atención de nuestros enemigos.
Estaba decidida a acabar con mi lujuria. Tal vez si me tiraba a Kai, me quitaría esta terrible necesidad de encima. Quizás si lo cabalgaba hasta quedar bizca de placer e incapaz de caminar, podría superar esto. Fuera lo que fuera «esto».
Con la vista clavada en el techo y la cabeza apoyada en las manos, sopesé mis opciones.
No era ciega. Él me deseaba tanto como yo a él.
Le había pedido que viniera a mi cama para asegurarme de que descansara.
Se merecía descansar, pero ahora tenía un motivo oculto.
Quería estar lista cuando se despertara por la mañana.
Iba a confirmar o descartar esta conexión de lujuria agotando su deseo y el mío.
Cuando me comprometía con algo, iba a por todas.
Me levanté de la cama de un salto, fui hacia el armario y rebusqué entre las pocas prendas cuidadosamente apiladas en los estantes.
La ropa que mis hermanas habían metido era sobre todo práctica, pero había visto algo pequeño que podría servir para lo que Affie llamaba «una sorpresa sexy».
Solo tenía que ser lo bastante atrevido para cumplir su función.
Luego descansaría bien y dejaría que él me encontrara vestida para la ocasión cuando se despertara por la mañana.
Acababa de añadir la seducción a los planes del día siguiente.
***
Kai
Tardé unas horas más en terminar la instalación, reinicializar los sistemas del escudo y probar las baterías.
Solo cuando estuve seguro de que el sistema funcionaba al cien por cien salí de la sala de máquinas.
Era bien pasada la medianoche. Me enjuagué el sudor, la mugre y la grasa en la ducha exterior.
Al fin y al cabo, le había prometido a Cece que dormiría en su cama.
Horas antes, había oído correr la ducha en el camarote de Cece.
Después, silencio. Si todo iba bien, me hacía ilusión despertarme junto a ella.
Acababa de ponerme mis viejos pantalones de chándal y una camiseta cuando la alarma de mi Tak ronroneó sobre la mesa.
Eché un vistazo a la pequeña pantalla y vi una nueva amenaza acercándose a Serenity a buen ritmo.
¿Qué demonios?
Toqué un icono en mi pantalla para asegurarme de que todas las luces estuvieran apagadas y me puse manos a la obra.
Necesitaba otro desastre como necesitaba un tiro en el hígado.
El escudo aguantaba, y mis radares mostraban que los barcos de la NWO estaban fondeados para pasar la noche, pero siempre cabía la posibilidad de que a los chicos se les hubiera escapado algún barco.
Recorrí con la mirada la cala y más allá del arrecife, pero no vi más que agua tranquila y el cielo nocturno despejado.
Y aun así sabía que se avecinaban problemas.
Me volví a atar el Tak en el antebrazo, agarré mi arma y salté por la borda.
Me parapeté detrás de la tabla de surf sujeta a la parte trasera de la cubierta de juguetes mientras vigilaba la amenaza en mi pantalla.
Apoyé la Spear, me encajé la carabina en el hombro y la pegué a la mejilla.
Seguro quitado, dedo suspendido sobre el gatillo, esperé en posición de combate.
Cualquiera que intentara llegar hasta Cece tendría que pasar por encima de mí.